Este problema hace que la planta no aproveche de manera eficiente los recursos del suelo. Desde Aapresid recomiendan no usar labranza convencional para mitigar su efecto y aconsejan mejorar el manejo agronómico.

El comienzo de la campaña de granos 2023/24 está marcado por la falta de humedad en los perfiles. En este contexto, la compactación del lote es un factor que, de acuerdo a estudios de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) puede reducir los rindes de los cultivos hasta un 15%. 

Entre sus efectos negativos, el compactamiento hace que el suelo no pueda capturar las gotas de agua y frena la capacidad de las plantas para extender sus raíces. Esta situación se origina tanto por el tránsito excesivo de la maquinaria agrícola como por el manejo agronómico inadecuado.

En paralelo, el suelo puede ser más susceptible ante variables como el contenido de materia orgánica, textura y contenido de agua.

Ante esta problemática, los productores suelen recurrir a la labranza convencional, pero los efectos pueden ser negativos para el suelo.

“Esta práctica pone en riesgo los beneficios de la siembra directa en lo que respecta a estructura del suelo, captura de carbono, aumento del contenido de materia orgánica, balance de nutrientes y de agua”, advirtieron desde la entidad. 

Además de estos factores negativos, las labranzas verticales pueden acarrear el efecto contrario al buscado: generar capas más compactas que las que inicialmente se pretendían combatir.

Para reforzar esta teoría, Aapresid citó un informe de la Facultad de Agronomía de Buenos Aires, que advierte por la baja perdurabilidad de esta técnica, con beneficios que solo se extienden por espacio de 17 meses. 

 

ESTRATEGIAS EFICIENTES

Ante este escenario, Aapresid citó una serie de manejos agronómicos, para reemplazar el uso de medios mecánicos destinados a mitigar la compactación:

  • Aumentar la producción de biomasa, el aporte de carbono y la actividad biológica.
  • Mantener una vegetación viva la mayor parte del tiempo posible
  • Incluir cultivos de servicios en reemplazo de los barbechos limpios. 
  • Optimizar el arreglo espacial y la densidad de plantación para modificar patrones de enraizamiento y su efecto beneficioso sobre la estructura del suelo.
  • Aplicar una fertilización basada en la reposición con el fin de mejorar el desarrollo aéreo y raíces de los cultivos. 
  • Conservar los rastrojos en superficie a fin de aumentar la capacidad de porte del suelo.
  • Planificar rotaciones que incluyan cultivos de biomasa voluminosa aérea y de raíces profusas y profundas como sorgo, maíz, megatérmicas y gramíneas invernales.
  • Controlar el tránsito de la maquinaria
  • Evitar el sobrepastoreo y el pisoteo excesivo

El informe señala que es clave monitorear el estado de salud del suelo y no tomar decisiones apresuradas, sin disponer de un diagnóstico y proyección de mediano plazo.

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