Crucíferas: una alternativa invernal

Crucíferas: una alternativa invernal

En un contexto global orientado a la descarbonización, las oleaginosas invernales como colza, carinata y camelina adquieren relevancia como insumos para los biocombustibles de segunda generación. En Argentina, su desarrollo aún es incipiente, pero en expansión, impulsado por una creciente demanda internacional. Su incorporación se posicionaría como una alternativa para diversificar la producción, mejorar el uso del suelo y generar nuevas oportunidades económicas.

Introducción

Las reglas de juego a nivel internacional se redireccionan hacia un escenario más comprometido con la sustentabilidad y la reducción del impacto ambiental que es generado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), a través del uso de los combustibles fósiles. En este escenario, las oleaginosas de invierno aparecerían como una oportunidad para afrontar este desafío, a través de los denominados ‘‘biofuels’’ que son los biocombustibles aptos que se pueden elaborar a partir de aceites vegetales. Entre las materias primas que se pueden utilizar se encuentran las crucíferas, pertenecientes a la familia de brasicáceas; camelina, carinata y colza. Las mismas, son cultivos mayormente invernales que se adaptan bien a ambientes templados y de bajas temperaturas, aportando buena cobertura del suelo caracterizados por su rápido desarrollo y su versatilidad productiva. Por lo tanto, pueden constituir a una opción útil en la producción de aceites vegetales para la elaboración de biocombustibles de segunda generación. Estos, se diferencian de los convencionales (biocombustibles de primera generación a base de biodiesel y bioetanol), por utilizar materias primas no destinadas a la alimentación, como residuos agrícolas, aceite de cocina usado (UCO) o cultivos específicos como carinata y camelina, lo que permite reducir la competencia por el uso del suelo y disminuir la huella ambiental, posicionándolos como una alternativa más sustentable frente a los biocombustibles de primera generación. Mientras que, la colza se clasifica tradicionalmente como materia prima de biocombustibles de primera generación, dado que también tiene usos alimentarios. No obstante, bajo esquemas certificados y orientados a la sostenibilidad, puede integrarse en cadenas de valor energéticas con menor impacto ambiental.

Según los datos brindados por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) la generación de energía produce alrededor del 75% de las emisiones anuales de GEI. Por lo tanto, las bioenergías son una oportunidad para sustituir combustibles fósiles, principalmente a través de los biocombustibles líquidos que tienen un rol clave en la descarbonización del sector del transporte. Si bien el transporte terrestre concentra la mayor parte de las emisiones del sector, la aviación constituye un objetivo prioritario para la reducción de GEI debido a la alta emisión per cápita y a que no puede electrificarse fácilmente, además de la limitación que implica la asignación de esas intensidades a los distintos países. En este contexto, los combustibles sostenibles de aviación (SAF) se presentan como la principal herramienta disponible en el corto y mediano plazo para reducir la huella de carbono, apostando al 65% del ahorro de emisiones al 2050. Por lo tanto, las crucíferas se presentan como una variable óptima para la producción de SAF.

Panorama nacional

Entre las alternativas productivas del invierno se ubican los cultivos comerciales, de servicios (cobertura), forrajeros y barbechos. En Argentina, entre las opciones mayormente elegidas por los productores se encuentran los cereales como el trigo y la cebada, que juegan un rol principal ya que, combinan un mercado consolidado a nivel local como externo, con un rol estratégico en la rotación. Mientras que, el barbecho continúa siendo una herramienta útil para conservar recursos hídricos y reducir la exposición a escenarios adversos. Sin embargo, las brasicáceas entran en juego como una nueva oportunidad estratégica para mantener ocupados los suelos durante el invierno a cambio de una retribución económica que implique una externalidad positiva en el ambiente.

En la actualidad, a nivel nacional solo se encuentran disponibles datos productivos oficiales de la colza a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP). Mientras que, las otras crucíferas, se encuentran en desarrollo por lo que se presenta información brindadas por fuentes privadas.

Tabla N°1: Tabla comparativa entre colza, camelina y carinata.

Fuente: DE-BCCBA en base a SAGyP, LDC y fuentes privadas

En el marco de dichos cultivos, el Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), una iniciativa de las Bolsas de Comercio y Cereales del país, en conjunto con empresas del sector, lanzaron la herramienta de cálculo y gestión de huella de carbono para las crucíferas. Su objetivo es calcular y gestionar el balance de carbono por producto y fortalecer el posicionamiento internacional de la cadena.

Por otro lado, la compañía Louis Dreyfus Company (LDC) inauguró en su complejo agroindustrial de Timbúes una nueva línea de molienda de semillas con alto contenido de aceite, destinada a fortalecer el mercado mundial de combustibles renovables para la aviación (SAF). Cuenta con una capacidad de procesar hasta 3 mil toneladas de las oleaginosas mencionadas, con foco en la producción de aceite de camelina.

A su vez, en el país se encuentran vigentes 3 potenciales proyectos de producción de SAF: ‘‘Santa Fe Bio’’ con una capacidad de 180 mil toneladas, ‘‘Grupo Bahía Energía’’ y ‘‘GreenSinnergy’’, que podría alcanzar las 100 mil toneladas.

Camelina

Se trata de un cultivo oleaginoso de ciclo corto, de entre 120 a 140 días, que puede cultivarse en rotación con soja, maíz y otros cultivos extensivos. Dado que la camelina es la que menos agua requiere de su categoría, y, que puede sembrarse en invierno, permite a los agricultores cultivarla en reemplazo de barbechos, aumentando su rentabilidad al tener el lote ocupado. Entre sus virtudes se puede encontrar el hecho que no es destinado a la industria alimentaria, ni desplaza a ningún cultivo dedicado a la misma, es resistente a las condiciones climáticas adversas, cuenta con beneficios agronómicos (contribuye a la cobertura del suelo, mejora su estructura y favorece la recirculación de nutrientes, además de aportar beneficios para los polinizadores y, para el manejo de malezas y enfermedades de ciclo corto), baja utilización de agua y una rentabilidad económica, con impacto positivo sobre la sustentabilidad.

La camelina es un cultivo emergente en la agricultura del país, que comenzó a sembrarse en 2019 con unas 600 ha. La empresa Louis Dreyfus Company (LDC) se ha propuesto como objetivo la expansión de este cultivo en el territorio nacional, otorgándole a los productores la semilla sin costo, monitorear el desarrollo del cultivo y comprando la cosechado con un contrato fijado respecto a la cotización de la soja, más un premio en dólares por tonelada, que se ubicaría en torno a los USD 450/Tn. Además, según datos de la firma, en 2025 se alcanzaron 32 mil hectáreas sembradas en todo el territorio nacional, con el objetivo de alcanzar las 60 mil para el 2026.

De acuerdo con los datos brindados por LDC, en Córdoba la fecha de siembra va desde mayo hasta junio, con un costo de implantación que ronda los 311 USD/ha considerando labores agrícolas, insumos para el control de malezas y fertilización. Para la última campaña, Córdoba representó el 23% en la superficie sembrada a nivel nacional, alcanzando una superficie de 7.240 hectáreas. A su vez, las labores de cosecha se expanden desde octubre hacia noviembre, logrando la liberación de los lotes para dar lugar a la siembra estival, dando como resultado rendimientos promedios que van desde 8 qq/ha hasta 15 qq/ha.

Carinata

En cuanto a este grano oleaginoso, su ciclo va desde abril hasta mediados de noviembre. Dentro de sus ventajas en cuanto al suelo, favorece la mejora de la estructura, la porosidad y la infiltración, reduciendo la erosión y promoviendo una exploración radicular profunda. Su incorporación en la rotación permite intensificar los sistemas productivos, incrementando la biomasa y favoreciendo la descomposición e incorporación de nutrientes. A nivel del sistema productivo, ofrece ventajas como el control de malezas, y un consumo de agua comparable o inferior a los cereales.

La carinata, al igual que ocurre con la camelina, no cuenta con estadísticas oficiales, así mismo, los primeros lotes sembrados del país comenzaron en 2019 con aproximadamente 1.500 hectáreas según fuentes privadas. A partir de ese momento, comienza a expandirse alcanzando las 9 mil hectáreas el último año, lo que permitió al país posicionarse como el principal país productor del mundo seguido por Uruguay. Actualmente, se desarrolla a través de contratos entre empresas y productores, que proveen la semilla, monitorea el proceso y luego compra el total de la producción destinándolo al mercado internacional. Dicha producción se desarrolla bajo estándares de trazabilidad y control de calidad, incluyendo las etapas de siembra, manejo, cosecha y acopio, además se obtiene como subproductos la harina alta en proteína para la alimentación animal.

En cuanto a su rendimiento, se ubicaría entre los 12 qq/ha y 20 qq/ha con experiencias de hasta 40 qq/ha bajo la utilización de híbridos. Mientras que, su precio promedio, se ubicaría alrededor de USD 450 por tonelada. Por último, el territorio productivo se concentra principalmente en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, norte de Buenos Aires, y en las regiones del NEA y el NOA.

Colza

La colza es la tercer oleaginosa más producida a nivel mundial, por detrás de la soja y de la palma destinada a la producción de aceites y, la que tiene una mayor trayectoria en el país de las crucíferas consideradas.

En este sentido, las primeras estimaciones oficiales por parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP) se pueden visualizar a partir de la campaña 1978/79. En las últimas campañas, puede visualizarse un incremento en la producción pasando de 17.000 toneladas en 2020/2021 a 58.000 toneladas en el ciclo 2024/2025. A pesar de ello, se encuentra lejos de las 120.000 toneladas producidas en la campaña 2012/2013. En cuanto a los rendimientos, siguieron la misma línea ubicándose en 16,77 qq/ha en promedio para el último ciclo mencionado, en cuanto al precio, la tonelada se comercializó alrededor de los USD 350/450 por tonelada.

Además, para la campaña 2024/25, la producción de la oleaginosa se concentró principalmente en Entre Ríos con el 41% y en Buenos Aires con el 39%, con una menor participación se ubicaron las provincias de Santa Fe y Córdoba con el 11% y 5%, respectivamente.

Comentarios finales

Las brasicáceas se caracterizan por desarrollar sistemas radiculares pivotantes que permiten explorar en profundidad el perfil del suelo, favoreciendo la descompactación biológica, la infiltración de agua y el reciclaje de nutrientes. Este efecto es más marcado en cultivos como colza y carinata, mientras que, en camelina, su desarrollo es más limitado.

En la Argentina, en los últimos años se ha dado lugar a la aparición relevante de las brasicáceas mencionadas, con un gran potencial para el productor y para el país en materia de productividad y sustentabilidad. Durante el invierno, quedarían alrededor de 20 millones de hectáreas libres que podrían destinarse a la generación de estos aceites oleaginosos para ubicarse como un jugador importante en los mercados de biocombustibles aportando mayores oportunidades al país en materia de ingresos de divisas y diversidad en lo destinos de las exportaciones argentinas. Considerando el liderazgo mundial con el que cuenta Argentina en la producción de aceites, haciendo uso de esta ventaja, el país podría ser un jugador importante en este mercado en auge con una demanda mundial que se encuentra en crecimiento.

La información técnica y el acompañamiento a los productores junto a un mercado más desarrollado es fundamental para consolidar estos cultivos como una opción viable y rentable dentro del sistema productivo. Estas opciones expanden la frontera de los cultivos invernales con la mejora de los suelos y una tasa de retorno económico como alternativa a los cereales invernales.

Primera estimación de siembra invernal con tendencia a la baja

Primera estimación de siembra invernal con tendencia a la baja

En la primera estimación de superficie invernal 2026/27, el promedio provincial refleja una baja en trigo, aunque con comportamientos heterogéneos según la región. En garbanzo, la combinación de alto stock y menor previsibilidad comercial profundiza la reducción del área que se sostiene desde la campaña pasada.

Se realizó la primera estimación de superficie de cultivos invernales 2026/27 para la provincia de Córdoba. Tras una campaña que cerró con muy buenos resultados productivos, se espera para este nuevo ciclo una reducción en la superficie de trigo y garbanzo. Aunque la definición de la siembra invernal dependerá del comportamiento de las lluvias en las próximas semanas.

Para trigo, la superficie registraría una disminución interanual de 38 mil hectáreas. No obstante, el área sembrada se mantendría por encima del promedio histórico, en línea con lo observado desde la campaña 2024/25.

Aun cuando el promedio provincial muestra un ajuste a la baja, existe una variabilidad de tendencias en los reportes de los referentes zonales. Entre los colaboradores que proyectaron un aumento o mantenimiento del área, el principal fundamento es la adecuada disponibilidad de humedad en el perfil, variable que históricamente constituye el factor decisivo en la planificación del cultivo.

En contraste, quienes anticiparon una reducción en la superficie señalaron a la rentabilidad esperada como principal limitante. Si bien los cálculos del Departamento de Economía de la Bolsa de Cereales de Córdoba indican que la última campaña habría presentado una rentabilidad positiva, el menor atractivo estaría asociado, principalmente, al incremento en los costos directos de producción, con especial incidencia del precio de los fertilizantes.

El garbanzo profundizaría la caída de superficie iniciada la campaña pasada, en un contexto de elevados niveles de stock que reducen la rentabilidad esperada del cultivo. Este factor fue señalado como el principal motivo que desalienta la siembra del cultivo. Dentro del componente rentabilidad, se incluye además la incertidumbre asociada al actual contexto geopolítico, que dificulta las rutas de comercialización y añade volatilidad al escenario de negocios para la especialidad.

En segundo lugar, se mencionó el contenido hídrico en el perfil. La disponibilidad de agua en el suelo actual es buena pero su evolución mantiene cautela en la toma de decisiones.

Entre otros motivos decisores, tanto para trigo como para garbanzo, se mencionan la rotación de cultivos y las necesidades financieras.

CONTEXTO CLIMÁTICO

Durante los dos primeros meses del año, las precipitaciones se distribuyeron de manera heterogénea en la provincia. En la mayoría de los departamentos los acumulados se ubicaron por debajo de los promedios históricos, mientras que en otros los superaron ampliamente. Esta disparidad explica en parte la variabilidad observada en las tendencias de estimación de superficie entre las distintas zonas.

En relación con la disponibilidad hídrica, los mapas elaborados por SMN–INTA–FAUBA indicaban, al momento del relevamiento, una condición muy buena en el norte y sur provincial, con una disminución hacia el centro. En ese contexto, la mayor parte de los cultivos estivales aún se encontraba en etapas de consumo activo de agua, lo que implicaba una demanda sostenida sobre los perfiles; el girasol y el maíz de primera constituían la excepción, dado que ya habían alcanzado la madurez y presentaban avances en la cosecha.

Respecto al pronóstico trimestral, para el otoño se prevén precipitaciones por debajo de lo normal en la mayor parte del territorio provincial y temperaturas superiores a los valores medios. Estos meses son clave para la recarga de los perfiles, ya que los lotes comienzan a liberarse y, a partir de mayo, se inicia la siembra de los cultivos invernales.

Con una cosecha récord, la comercialización de trigo avanza a buen ritmo

Con una cosecha récord, la comercialización de trigo avanza a buen ritmo

La comercialización del trigo argentino 2025/2026 avanza a buen ritmo, traccionada por las compras del sector exportador y por una demanda sostenida de la industria molinera. De concretarse las proyecciones actuales, los embarques podrían alcanzar un volumen histórico, aunque las menores cotizaciones internacionales limitarían el valor total exportado.

La cosecha argentina de trigo 2025/2026 alcanzó un récord con 27,9 millones de toneladas, lo cual resultaría en un incremento, tanto en la molienda local como en las exportaciones. En este contexto, la comercialización del cereal avanza a buen ritmo impulsada por la demanda exportadora y una demanda sostenida de la industria molinera.

De acuerdo con los últimos datos brindados por la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación (SAGyP), en lo que va del ciclo comercial 2025/26 del trigo, las compras del sector exportador han alcanzado 13,6 millones de toneladas correspondientes a la campaña 2025/26, casi 5 millones de toneladas por encima del ciclo anterior. Con exportaciones proyectadas en 18,5 millones de toneladas, el sector exportador debería adquirir casi 5 millones de toneladas adicionales. Mientras que, el sector molinero lleva adquiridas 2,1 millones de toneladas, en línea con igual período del año previo, restándole adquirir 4,9 millones de toneladas para el resto del ciclo comercial, que totalizaría con una molienda de 7 millones de toneladas proyectadas.

En este contexto, el volumen comercializado alcanza el 57% de la producción estimada, apenas 2 puntos porcentuales por debajo del mismo periodo del ciclo previo y a 7 puntos porcentuales por debajo del promedio de las últimas cinco campañas.

En línea con las mayores compras del sector exportador, hasta febrero se registraron Declaraciones Juradas de Venta al Exterior (DJVE) por 8,5 millones de toneladas de trigo pan, lo que representa el 31% de la producción estimada para dicha campaña. Este volumen evidencia un crecimiento del 106% con respecto a las DJVE registradas y aprobadas durante el mismo periodo del ciclo previo, ubicándose en los valores más elevados de los últimos años.

En términos fiscales, en lo transcurrido del ciclo comercial se llevaría recaudado en concepto de derechos de exportación aproximadamente USD 132 millones, lo que representa un aumento del 23% interanual para el mismo periodo, a pesar de haber regido una alícuota mayor de derechos de exportación (12%) respecto a la actual (7,5%), dicho crecimiento fiscal se le atribuye al dinamismo alcanzado por un mayor volumen registrado del cereal.

Las exportaciones para la campaña actual se proyectan en 18,5 millones de toneladas, lo que representaría el mayor volumen exportado de la historia. Este nivel de ventas al exterior se traduciría en un ingreso de divisas por alrededor de USD 3.900 millones. Sin embargo, a pesar del récord en volumen exportado, los ingresos no se ubicarían en el mismo sentido debido a las menores cotizaciones del cereal en los mercados internacionales.

Respecto a los destinos de exportación, durante la campaña 2024/2025 el trigo argentino se dirigió principalmente a Brasil con el 37% de las compras totales. En segundo lugar, se ubicó Indonesia con el 11%, seguido por Bangladesh con el 8% y Angola con el 5%. Con una participación menor se posicionaron Vietnam y Chile con el 4% de la participación cada uno y Kenya con el 3%. Mientras que, el 28% restante se distribuyó entre diversos países con participaciones individuales menores al 1%.

En lo que va de la campaña 2025/2026, se observa una mayor participación de mercados asiáticos: Bangladesh, Vietnam e Indonesia concentraron el 21%, 20% y 16% de las exportaciones argentinas de trigo, respectivamente. Brasil, por su parte, representa el 9% de las ventas de trigo argentino, ocupando el cuarto lugar. Sin embargo, esta situación se irá modificando a medida que avance el ciclo comercial que se extiende hasta el mes de noviembre.

En el plano de las cotizaciones, la amplia disponibilidad de trigo tanto en el mercado local como internacional se refleja en una tendencia bajista en los precios. En este contexto, Argentina mantiene uno de los valores FOB más bajos entre los principales exportadores, lo que le permite sostener su competitividad frente a otros competidores en el mercado internacional dado las distancias y sus consiguientes costos de fletes. En lo que va de marzo, la cotización FOB del trigo argentino publicado por SAGyP se ubicaría en torno a los USD 210 por tonelada.

En el mercado local, el precio del cereal en Rosario para marzo se posicionaría en USD 181 por tonelada, lo que representa una caída del 15% respecto al mismo periodo del año previo. Por su parte, la cotización en Chicago se encuentra en un terreno más sostenido, alcanzando los USD 216 por toneladas, USD 14 por encima del valor registrado el año anterior.

Se proyectan US$ 34.530 millones del agro en 2026

Se proyectan US$ 34.530 millones del agro en 2026

El monto total de divisas ingresadas por el sector al MLC se proyecta prácticamente estable en 2026. En materia de DEX, con las alícuotas vigentes, la recaudación se estima en US$ 4.650 millones.

Tras varios ciclos atravesados por restricciones climáticas y vaivenes productivos, la campaña 2025/26 aparece como una revancha para el agro argentino. Las estimaciones ubican la producción total de granos en 160 Mt, consolidando un escenario de fuerte recuperación. La cosecha fina dejó números récord tanto en trigo (29,5 Mt) como en cebada (5,6 Mt), y las estimaciones de la cosecha gruesa dejan también un máximo para el maíz (62 Mt), en tanto el girasol tocaría su cosecha más alta del siglo (6,6 Mt). La soja queda por debajo de registros anteriores en términos de toneladas totales (48 Mt) pero mayormente explicado por una menor superficie, ya que los rindes se estiman superiores a los de la campaña pasada.

Este salto en la oferta tendría su correlato en el frente externo: las exportaciones de granos y derivados podrían trepar a 113 Mt, un volumen sin precedentes que superaría en casi 10 Mt el récord previo de la campaña 2018/19, impulsado por un máximo histórico en los despachos de granos. En este contexto, y considerando los precios de exportación vigentes para cada producto, se proyecta que el ingreso de divisas del sector en el Mercado Libre de Cambios alcance US$ 34.530 millones en 2026.

Este número sería prácticamente idéntico al del año 2025: el sector Cereales y Oleaginosas aportó US$ 34.600 millones en el MLC según datos del BCRA. No obstante, contemplando que en los primeros tres meses y medio del año pasado estuvo vigente el llamado “dólar blend” que permitía liquidar el 20% de las exportaciones en el dólar CCL, se estima el total de divisas ingresadas contemplando ambos mercados alcanzó US$ 36.160 millones.

Con relación a los precios, y en base a los valores vigentes a la fecha para el nuevo ciclo, la relativa mejora en el precio promedio de exportación para las oleaginosas y sus derivados industriales se compensa mayormente con las menores cotizaciones que se registran para la exportación de los cereales. Sin embargo, el “adelantamiento” de liquidaciones el último septiembre cuando estuvo vigente la eliminación temporaria de derechos de Exportación (DEX) explican la leve corrección interanual que se estima para el ingreso total de dólares del agro en 2026.

El efecto intertemporal de dicho esquema se observa especialmente en el último trimestre del 2025, cuando el ingreso de divisas del agro tocó mínimos desde 2005 para igual período. La expectativa es que, a partir de marzo, con el ingreso de la cosecha gruesa, la tendencia termine de revertirse y la liquidación mensual de divisas del agro para prácticamente todos los meses que siguen se ubique por encima del promedio del último lustro.

En cuanto a la recaudación por Derechos de Exportación para el año vigente, y tomando en cuenta los seis principales complejos del agro (soja, maíz, trigo, sorgo, cebada y girasol), se proyecta un ingreso para el Estado Nacional de US$ 4.650 millones, prácticamente sin cambios respecto del año pasado. En este sentido, la reciente reducción en las alícuotas para los principales productos del agro compensa el efecto que tuvo en septiembre de 2025 la registración de ventas al exterior libres de retenciones, manteniendo el aporte total del campo en concepto de derechos de exportación relativamente estable. Cabe aclarar que la proyección para el año 2026 se realiza sobre la base de que las alícuotas anunciadas a comienzos de diciembre se mantendrán vigentes durante todo el año próximo.

Producto por producto, el complejo soja aportaría US$ 3.420 millones, apenas por debajo del año 2025 (-6% i.a.). En segundo lugar, se erige el complejo maíz, con US$ 720 millones (+30% i.a.). El trigo se proyecta aporte US$ 300 millones (+21% i.a.). Destaca el aumento en el aporte del complejo girasol producto del mayor volumen proyectado a exportar y mejores precios internacionales, con un estimado de US$ 115 millones (+60% i.a.)

Un mapa inédito muestra dónde se emite el gas más potente del agro

Un mapa inédito muestra dónde se emite el gas más potente del agro

Los fertilizantes nitrogenados son claves para los rindes, pero generan óxido nitroso, un poderoso GEI. Un estudio reveló que Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe lideran el ranking de aplicaciones en maíz y trigo, y que el inventario nacional sobreestima un 33% estas emisiones.


El agro argentino genera un gran volumen de gases de efecto invernadero (GEI). Del total, casi 7% es óxido nitroso (N₂O). Este gas daña la capa de ozono, calienta la atmósfera mucho más que el CO2 y se origina en la fertilización nitrogenada. ¿Dónde y en qué cultivos se aplica más N? Por primera vez, un estudio de la FAUBA y otras instituciones mostró que Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe encabezan estas fertilizaciones, sobre todo en maíz y trigo. Además, al recalcular las emisiones de N₂O se vio que el inventario nacional de gases 2024 las sobreestimó un 33%. Proponen ajustar el reporte nacional de emisiones.

«Es la primera vez que se recopilan estudios nacionales para generar parámetros locales de emisión de nitroso» (S. Vangeli)

El óxido nitroso es un gas de efecto invernadero 310 veces más potente que el CO₂ y muy dañino para la capa de ozono. Su principal fuente son las fertilizaciones nitrogenadas que se hacen en el agro para sostener los rendimientos. Pese a que es una práctica extendida, aún existen interrogantes: ¿varía entre regiones agrícolas? ¿Y entre cultivos? ¿Es relevante para la producción y el ambiente?

“Hasta este estudio solo conocíamos cuánto fertilizante nitrogenado se aplica a nivel país, pero no cuánto se usa específicamente en cada provincia y en cada cultivo”, dijo Sebastián Vangeli, docente de Manejo y Conservación de Suelos en la FAUBA.

“A partir de datos de la Bolsa de Cereales, de la Secretaría de Agroindustria y de Cámara de la Industria Argentina de Fertilizantes y Agroquímicos, vimos que el 37% del nitrógeno total se aplica en la provincia de Buenos Aires; el 26%, en Córdoba; el 12%, en Santa Fe y el 7%, en Entre Ríos. Esto puede verse con más detalle en el mapa que generamos para las distintas jurisdicciones agrícolas”, informó Sebastián.

Con respecto a los cultivos más fertilizados con N a nivel nacional, el investigador de la FAUBA señaló en primer lugar al maíz, con 34% y luego al trigo, con 23%. A estos los siguen la soja de primera (19%), la cebada (8%) y el girasol (4,5%). El porcentaje restante se reparte entre otros cultivos.

Estos resultados, publicados en la revista científica Ciencia del Suelo, son cruciales para conocer de forma más detallada dónde y cuánto nitrógeno se emite en el país como N2O, y para ajustar el reporte de emisiones a nivel nacional y las políticas climáticas.

Cuentas más claras
“Las emisiones de nitroso están incluidas en el Inventario Nacional de Gases de Efecto Invernadero. Sin embargo, desde la FAUBA, el INTA y el ex Ministerio de Agricultura, Ganadería y Pesca detectamos que los valores que se informan son imprecisos porque los datos que se usan para calcularlas no representan la realidad local”, afirmó Vangeli.

Medición de N2O en soja. A pesar de que este cultivo se abastece de N por la simbiosis con la bacteria Rhizobium —que lo fija del aire—, los productores igualmente le aplican fertilizantes nitrogenados. Foto: red-oxido-nitroso.agro.uba.ar

El docente comentó que las cuentas actualmente se realizan sobre la base de dos datos. Por un lado, cuánto fertilizante nitrogenado se aplica en total en el país, lo cual ya fue esclarecido. Por el otro, qué porcentaje del fertilizante aplicado se libera como óxido nitroso. Este valor está tomado de la bibliografía internacional y, por lo tanto, no refleja características locales de nuestros suelos, climas o manejos agronómicos.

El equipo logró aumentar la precisión de este parámetro. “Generamos porcentajes diferentes para distintas jurisdicciones a partir de datos de 26 estudios nacionales entre 2012 y 2018, que informaban emisiones de nitroso a campo. Estos ‘nuevos’ parámetros estuvieron hasta un 25% por debajo del usado en el inventario. Sin duda, va a servir para mejorar la base de datos y el inventario”, destacó Sebastián.

Cumplir los compromisos
Vangeli reconoció que “aunque en los últimos años, los investigadores de las universidades, el CONICET o el INTA realizamos grandes esfuerzos en el tema, creemos que la tarea aún no terminó. Nuestros parámetros deben ser más robustos. Cuando lo logremos, vamos a poder proponerlos a la Subsecretaría de Ambiente para su uso”.

El investigador de la FAUBA advirtió que como parte del Acuerdo de París, la Argentina está obligada a presentar un Informe Bienal de Transparencia que incluye un inventario de emisiones siguiendo las guías del IPCC y planes de mitigación.

“Si queremos cumplir con los compromisos como corresponde, va a ser fundamental trabajar con más detalle y en conjunto con los productores para disminuir el nivel de emisión de óxido nitroso que tenemos”, enfatizó.

Aliados clave
Sebastián Vangeli explicó que aunque el agro emite el 40% de los GEI nacionales, los productores priorizan los rendimientos por sobre las emisiones. “Quizás productivamente no les importan tanto las pérdidas de nitrógeno por esta vía o el calentamiento global. Pero sí les interesa implementar manejos que mejoren la eficiencia productiva de sus campos”.

Y las alternativas estarían al alcance de la mano. “Estrategias como aplicar los fertilizantes en distintas etapas de crecimiento, o fertilizantes de liberación controlada haría que los cultivos absorban más nitrógeno, y así se reducirían las emisiones de nitroso. Los productores se beneficiarían económicamente y a la vez contribuirían a mitigar el cambio climático”, sostuvo.

A modo de cierre, Vangeli hizo hincapié en que “este es un trabajo en conjunto en el que todos pueden contribuir, desde la producción hasta la investigación. Nuestro grupo de trabajo interinstitucional está comprometido y va a seguir avanzando en esta línea”.

Estancamiento: Argentina perdería un histórico liderazgo global del agro

Estancamiento: Argentina perdería un histórico liderazgo global del agro

Un informe del USDA encendió la alerta: Argentina exportaría 29 millones de toneladas de harina de soja en 2025/26, mientras Brasil proyecta 25,5 millones y, junto a EE.UU., ya supera las 42 millones en conjunto, poniendo en riesgo el liderazgo local

La Argentina podría estar cerca de perder uno de los pocos liderazgos globales que todavía conserva en el complejo sojero: la exportación de harina de soja. Así lo advierte Javier Preciado Patiño, ex subsecretario de Mercados Agropecuarios de la Nación, al analizar los últimos datos del informe WASDE del Departamento de Agricultura de los Estados Unidos (USDA).

Según el reporte, Brasil exportaría en la campaña 2025/26 unas 25,5 millones de toneladas de harina de soja. La cifra fue ajustada al alza mes a mes y ya se ubica apenas 3,5 millones de toneladas por debajo de la proyección para la Argentina, que el organismo estadounidense estima en 29 millones.

Aunque el USDA toma un año comercial distinto al argentino, la tendencia es clara: tanto Brasil como Estados Unidos vienen incrementando sus exportaciones de harina, mientras Argentina permanece estancada.

El contraste con el pasado es elocuente. En la campaña 2015/16, cuando el país alcanzó su pico productivo, la Argentina exportó 31 millones de toneladas de harina de soja, de acuerdo con el USDA. En ese mismo período, Estados Unidos y Brasil en conjunto colocaban 24 millones.

Estadística Argentina exportación de soja

Hoy el escenario se invirtió. Argentina se mantiene en torno a las 29 millones de toneladas, sin haber superado aquel máximo, mientras que Brasil y Estados Unidos ya superan ampliamente los 42 millones en conjunto, acercándose a los 44 millones. 

En el caso de Estados Unidos, el giro responde en parte a su vínculo comercial con China y a la necesidad de sostener el mercado interno de soja para los farmers. La estrategia apunta a desacelerar el perfil de exportador de poroto y potenciar la colocación de harina, especialmente en el sudeste asiático, con acuerdos en negociación con India y Vietnam. A esto se suma la política de biocombustibles.

Brasil, por su parte, enfrenta una fuerte dependencia de China como comprador de poroto. Con un potencial exportador de alrededor de 114 millones de toneladas de soja, el gigante sudamericano comenzó a profundizar su proceso de industrialización y a expandir la molienda. El resultado es un mayor volumen de harina destinado, en gran medida, a los mismos destinos que tradicionalmente abastece la Argentina.

Para Preciado Patiño, el riesgo de perder el liderazgo en harina es “casi inminente” si no se adoptan medidas que fortalezcan la competitividad industrial. En ese marco, vuelve a escena la discusión sobre los derechos de exportación y el diferencial arancelario.

El interrogante es claro: ¿Cuál es la razón para mantener determinados diferenciales entre soja, trigo, maíz y girasol si el objetivo histórico fue promover el agregado de valor local?

Una alternativa, según el análisis, sería acercar o equiparar los derechos de exportación con los de los cereales, si no es posible eliminarlos, para aliviar la carga sobre el complejo sojero industrial. Otra vía complementaria es profundizar el uso del aceite de soja en biocombustibles.