En agosto se realizó la primera estimación de superficie de cultivos estivales 2026/27. La soja sería el único cultivo con aumento interanual, pero requiere atención en la calidad de la semilla disponible. Maíz y girasol continuarían con siembras por encima de sus promedios históricos. La incertidumbre asociada a la chicharrita de maíz entre otros factores, recortaría interanualmente un 4% la siembra acercándose a las 3,4 millones de ha en 2026/27.
En agosto, el Departamento de Información Agronómica de la BCCBA realizó la primera estimación de superficie para los cultivos estivales de la campaña 2026/27. En términos generales, la intención de siembra muestra un incremento del área destinada a soja, mientras que para maíz, maní, girasol y sorgo se esperan reducciones respecto al ciclo anterior. Sin embargo, al comparar con los promedios históricos, maíz y girasol continuarían ubicándose por encima de los valores habituales, mientras que soja y maní permanecerían por debajo.
El precio y la rentabilidad esperada se destacaron como el principal factor en la decisión de siembra de todos los cultivos relevados, con una mayor incidencia en maní y girasol. La rotación tuvo mayor peso en soja y sorgo, mientras que el pronóstico climático adquirió mayor relevancia en maíz y girasol.
Entre los factores incluidos en la categoría “otros”, los comentarios de la red de colaboradores señalaron de forma recurrente la incertidumbre asociada a la presencia de Dalbulus maidis y al complejo del achaparramiento del maíz. Su incidencia sobre la decisión de siembra mostró un marcado gradiente espacial: las menciones se concentraron principalmente en departamentos del centro-norte y este provincial, donde fue señalado entre los factores determinantes para la planificación del cereal, mientras que hacia el sur y sudeste fueron prácticamente nulas. Esta situación estaría condicionando especialmente las siembras tardías y llevando, en algunas zonas, a evaluar el traslado de superficie hacia soja, sorgo o girasol. También se mencionaron, aunque con menor frecuencia, el costo de los fertilizantes, los arrendamientos y otras cuestiones vinculadas al manejo de los lotes.
Maíz guacho y chicharrita
En este contexto, también se relevó la presencia de maíz guacho en la provincia, debido a su importancia como alimento de Dalbulus maidis durante el período entre campañas. En términos generales, predominaron las categorías nula y baja, que concentraron cerca del 85% de las respuestas. Sin embargo, se observaron diferencias entre departamentos, con una mayor proporción de presencia media en sectores del centro-norte provincial, como Juárez Celman, Ischilín y Totoral, mientras que hacia el centro-sur predominaron ampliamente los niveles nulos y bajos.
La permanencia de plantas voluntarias adquiere especial importancia de cara a la próxima campaña, ya que puede favorecer la continuidad del denominado “puente verde” para la chicharrita. De acuerdo con el informe n°49 del 1 de septiembre de 2026 de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis, hacia fines de agosto se observó una disminución en la abundancia del vector en las regiones Centro-Norte y Centro-Sur. Aun así, su seguimiento continúa siendo relevante durante la transición hacia la primavera y el inicio de las primeras siembras de maíz.
Calidad de semilla de soja
En cuanto a la calidad de la semilla de soja disponible para la campaña 2026/27, los análisis realizados por el Laboratorio de Semillas de la BCCBA evidenciaron un deterioro respecto al ciclo anterior. El 72% de las muestras alcanzó o superó un Poder Germinativo (PG) del 80%, frente al 87% registrado en la campaña previa. Esta disminución estuvo asociada principalmente a los excesos de precipitaciones ocurridos durante abril, que demoraron la cosecha y prolongaron la exposición de las semillas maduras a condiciones de elevada humedad, favoreciendo su deterioro.
Contexto climático
El invierno de 2026 se desarrolla bajo condiciones más húmedas, con precipitaciones que durante julio y agosto se ubicaron por encima del promedio histórico en toda la provincia. Esta mayor disponibilidad de agua contribuyó a la recarga de los perfiles de cara a las próximas siembras y también favoreció la emergencia y persistencia de maíces guachos en algunos sectores, un aspecto relevante dentro del contexto sanitario planteado para la próxima campaña.
Fuente: Red de estaciones meteorológicas BCCBA.
Para el trimestre septiembre-octubre-noviembre, el Servicio Meteorológico Nacional prevé para gran parte de Córdoba una mayor probabilidad de precipitaciones superiores a lo normal, mientras que las temperaturas medias tenderían a ubicarse por debajo de los valores habituales. Este escenario se presenta en un contexto de condiciones El Niño actualmente establecidas y podría favorecer una buena disponibilidad hídrica durante el inicio de la campaña 2026/27, aunque su impacto final dependerá de la distribución temporal y espacial efectiva de las precipitaciones.
Fuente: Servicio Meteorológico Nacional (SMN). Pronóstico climático trimestral septiembre-octubre-noviembre 2026.
Permitida la reproducción total o parcial del presente informe citando la fuente.
La primera estimación de superficie para la campaña 2026/27 arrojó aumentos en soja, girasol y sorgo. El maíz reduciría su área reflejando la amenaza concreta de la chicharrita del maíz. En paralelo el ciclo 2025/26 se encamina a su cierre con una producción de maíz, que pese a las adversidades alcanzaría 4,7 millones de toneladas triplicando el volumen obtenido en el ciclo anterior.
En agosto se realizó la primera estimación de superficie estival para la próxima campaña. El sorgo presentaría el mayor incremento interanual, seguido por soja y girasol, mientras que el maní mantendría una superficie similar y el maíz registraría una disminución.
Entre los principales motivos de siembra, en soja se destacaron la rotación, el precio y la rentabilidad; en girasol, la humedad inicial del perfil, el pronóstico climático y la rentabilidad; y en maní, principalmente el precio y la rentabilidad. En el caso del maíz, la rotación fue el principal factor señalado, seguido por la preocupación por el complejo de achaparramiento, la elevada presencia de chicharrita y los bajos rindes observados en algunas zonas. Esta situación favorecería el traslado de superficie desde maíz hacia soja, girasol y, especialmente, sorgo.
En cuanto al girasol, la siembra alcanzaba un avance del 22 %, evidenciando un retraso para la época debido a la falta de piso para ingresar a los lotes. De la superficie ya sembrada, gran parte se encontraba emergida.
A partir de la actualización de la superficie sembrada, estimada mediante imágenes satelitales, se ajustaron las proyecciones de producción de los principales cultivos. Para la soja, la producción proyectada mostró una disminución respecto de la estimación de julio. En el caso del maíz, la nueva estimación elevó la producción en más de un millón de toneladas, aun cuando el rendimiento promedio se redujo cerca de 3 qq/ha respecto de la estimación anterior. El rendimiento superaría al de la campaña anterior, aunque se ubicaría levemente por debajo del promedio histórico. Los resultados mostraron una marcada heterogeneidad, con valores que en Colonia Alpina variaron entre 45 y 75 qq/ha. Los mayores rendimientos, de hasta 90 qq/ha, se registraron en Bandera, mientras que los menores, cercanos a 42 qq/ha, se informaron en Weisburd, Tomás Young y Quimilí. Según los colaboradores, los rendimientos fueron inferiores a lo esperado, posiblemente debido a estrés hídrico y térmico y, según la zona, al complejo del achaparramiento del maíz.
En sorgo, el rendimiento también superaría al de la campaña anterior, pero permanecería por debajo del promedio histórico. Los valores oscilaron entre 50 qq/ha en Los Juríes y entre 13 y 22 qq/ha en Colonia Alpina y Pueblo Pablo Torelo. La producción, en tanto, se ubicaría por debajo de la registrada en la campaña anterior y del promedio histórico.
La falta de piso continuó demorando la cosecha. En sorgo, las labores estaban prácticamente finalizadas, mientras que el maíz presentaba retrasos respecto de la campaña anterior y del promedio histórico.
A partir del relevamiento propio de presencia de maíz voluntario, se identificó una mayor concentración de lotes con maíz guacho en el sudeste provincial. Su seguimiento resulta relevante en el marco del monitoreo de la chicharrita (Dalbulus maidis), ya que el maíz es su principal hospedante y fuente de alimento, por lo que puede contribuir a sostener poblaciones del vector entre campañas.
Algunos técnicos señalaron que el maíz voluntario aún no se había desarrollado debido al retraso en la cosecha, otros anticiparon que podría convertirse en un problema en las próximas semanas, dadas las condiciones de temperatura y humedad. En este contexto, será importante reforzar su monitoreo y control, particularmente en las zonas donde se concentra su presencia.
De cara a la próxima campaña, el Informe N.° 48 de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis destacó una retracción poblacional de D. maidis durante la primera quincena de agosto. A pesar de esta tendencia general, las regiones del NOA y NEA (áreas endémicas de vector) y Centro-Norte (área de transición), continúan presentando mayores abundancias del vector, en comparación a igual periodo del 2025.
Contexto climático
Según datos del satélite GPM, las precipitaciones acumuladas durante julio presentaron una distribución heterogénea entre los departamentos de Santiago del Estero. Los mayores registros se observaron en Aguirre y Belgrano, donde los acumulados superaron el promedio histórico mensual. En otros sectores de la provincia también se registraron valores por encima de lo habitual, mientras que en varios departamentos las precipitaciones se mantuvieron por debajo de la media. En las zonas con mayores acumulados, los excesos hídricos habrían contribuido a demorar las labores de cosecha y siembra.
De acuerdo con el Servicio Meteorológico Nacional (SMN), para el trimestre agosto-septiembre-octubre de 2026 se mantienen probabilidades muy elevadas de desarrollo de una fase El Niño. Asimismo, hacia la primavera austral aumenta la probabilidad de que el evento alcance una intensidad fuerte o muy fuerte. Para el trimestre agosto-septiembre-octubre, el pronóstico del SMN indica una mayor probabilidad de precipitaciones dentro de los valores normales y de temperaturas superiores a lo normal en toda la provincia.
Permitida la reproducción total o parcial del presente informe citando la fuente.
Se comparó el desempeño de híbridos de maíz en distintos ambientes para orientar su elección y manejo. Reúnen información del sudeste y sur de Córdoba, y de Santa Fe. Mirá cuales fueron los más destacados de cada región.
Los ensayos en siembras tempranas —realizados por el INTA Marcos Juárez, CREA Sur de Santa Fe y el INTA Oliveros— reúnen información del sudeste y sur de Córdoba y de Santa Fe para comparar el comportamiento agronómico de los materiales en distintos ambientes. Durante una jornada de actualización técnica organizada por la Estación Experimental Agropecuaria Marcos Juárez del INTA —Córdoba— y la región CREA Sur de Santa Fe, se presentaron los resultados.
Federico Pagnan, jefe de la AER INTA Justiniano Posse, quien estuvo a cargo de la presentación de la red de Marcos Juárez, señaló que desde hace siete campañas se evalúa el potencial de rendimiento, la estabilidad y el comportamiento sanitario de los híbridos en diferentes ambientes productivos.
Durante la campaña 2025/26 participaron 30 híbridos de 18 empresas, evaluados en nueve localidades: Bell Ville, Marcos Juárez, Inriville, Justiniano Posse, Camilo Aldao, Arias, Canals, Mattaldi y Río Cuarto, bajo condiciones reales de producción.
“Fue una campaña excelente para el maíz temprano. Partimos con buena recarga y buenas lluvias en primavera. Después las precipitaciones se cortaron, pero los ambientes con mayor capacidad de almacenaje atravesaron ese período sin mayores problemas y obtuvimos muy buenos resultados”, explicó Pagnan.
El rendimiento promedio de la red fue de 12.683 kilogramos por hectárea, con variabilidad entre ambientes. Marcos Juárez registró el mayor promedio, con 15.866 kg/ha, seguido por Bell Ville (14.147 kg/ha), Inriville (13.528 kg/ha) y Justiniano Posse (13.163 kg/ha). En el otro extremo se ubicaron Río Cuarto (10.830 kg/ha) y Mattaldi (8.878 kg/ha).
Entre los 30 híbridos evaluados, NS 7765 VIP3, de Nidera, obtuvo el mayor rendimiento promedio de la red, con 13.428 kg/ha. Lo siguieron BASF 5575 VT3P, con 13.377 kg/ha; NK 825 VIP3 CL, de Syngenta, con 13.337 kg/ha; DK73-73TRE, de Bayer, con 13.273 kg/ha; y ACA 471 VIP3, con 13.060 kg/ha.
Pagnan señaló que “la red permitió identificar diferencias en el comportamiento agronómico de los materiales”. Y añadió: “En varios híbridos de Bayer observamos una elevada tolerancia a altas densidades. Incluso en ciclos con poca oferta de agua, cuando la densidad fue mayor a la óptima, esos materiales prácticamente no perdieron rendimiento”.
El NS 7765 tiene una muy buena producción por planta y una espiga muy flexible, por lo que logra altos rendimientos con densidades normales. “El NK 825, en tanto, presenta un buen desempeño con densidades moderadas a altas, pero además tiene una gran capacidad para generar macollos fértiles cuando disminuye la población de plantas”, sostuvo.
Ensayos de CREA Sur de Santa Fe Durante la jornada también se presentaron los resultados de la red de ensayos de CREA Sur de Santa Fe, integrada por 18 híbridos de 13 empresas, evaluados en la campaña 2025/26 en 12 sitios bajo condiciones reales de producción. Al igual que en la red del INTA Marcos Juárez, la campaña registró rindes récord.
El rendimiento promedio de la red fue de 13.882 kg/ha, con diferencias entre las tres subregiones evaluadas. La Subregión 3 —integrada por General Arenales, Eduardo, Teodelina y Villa Mugueta— registró el mayor promedio, con 14.365 kg/ha. Le siguió la Subregión 2, conformada por Camilo Aldao, Monte Buey, La Cesira y Escalante, con 14.320 kg/ha, mientras que la Subregión 1, integrada por Los Cardos, Colonia Medici, Clucellas y Chilibroste, promedió 12.571 kg/ha.
Los resultados mostraron un ordenamiento similar al observado en la red del INTA Marcos Juárez. ACA 471 VIP3 encabezó el ranking con un rendimiento promedio de 14.562 kg/ha, seguido por BASF 5575 VT3P (14.470 kg/ha), DK73-73TRE, de Bayer (14.403 kg/ha), AFA 32-06 VT3P (14.354 kg/ha) y LT3-02 TRE, de La Tijereta (14.125 kg/ha).
Entre los materiales resaltaron por su desempeño se encontraron NS 7765 VIP3, DK69-62 TRE, BASF 7349 VT3P y BRV 8181 PWU. Sobre BASF 7349, Pagnan indicó que “es un híbrido que viene mostrando un buen comportamiento tanto en siembras tempranas como tardías”.
Además, destacó ST 9939 VIPTERA3, desarrollado por el programa de mejoramiento de Stine en la zona de Venado Tuerto. “Fue uno de los materiales con mayor plasticidad reproductiva. Tiene el mayor índice de prolificidad de los híbridos que evaluamos y, aun con diferencias importantes de densidad, mantuvo el mismo rendimiento. En ambientes de alrededor de 13.000 kg/ha obtuvimos resultados similares con 80.000 y con 60.000 plantas logradas, lo que muestra una capacidad de compensación realmente alta”, sostuvo.
Ensayos en el INTA Oliveros La presentación se completó con los resultados de la red de ensayos de INTA Oliveros, integrada por 22 híbridos evaluados durante la campaña 2025/26 en 11 sitios bajo condiciones reales de producción y con dos repeticiones.
La red incluyó evaluaciones en Runciman, Venado Tuerto, Rufino, Totoras, Las Rosas, Oliveros, Casilda, Gálvez, Cañada de Gómez, Pago de los Arroyos y Arroyo Seco. La campaña volvió a registrar muy buenos niveles de productividad, aunque la falta de precipitaciones durante diciembre y enero redujo los rendimientos en Cañada de Gómez, Pago de los Arroyos y Arroyo Seco.
El rendimiento promedio de la red fue de 12.525 kg/ha. Los mayores promedios se registraron en Runciman (15.788 kg/ha), Venado Tuerto (15.467 kg/ha), Rufino (14.930kg/ha) y Totoras (12.737 kg/ha). En el otro extremo se ubicaron Arroyo Seco (6.471kg/ha), Pago de los Arroyos (7.571 kg/ha) y Cañada de Gómez (9.505 kg/ha), los ambientes más afectados por el déficit hídrico.
Entre los 22 híbridos evaluados, BASF 5575 VT3 Pro obtuvo el mayor rendimiento promedio de la red, con 12.526 kg/ha. Lo siguieron NS 7765 VIP3, de Nidera (12.246 kg/ha); LT 3-02 Trecepta, de La Tijereta (12.229 kg/ha); DK73-73 Trecepta, de Dekalb (12.192 kg/ha); y DK69-62 Trecepta, también de Dekalb (12.014 kg/ha).
Pagnan señaló que, aunque hubo algunos cambios en el ordenamiento de los materiales, los resultados mantuvieron una alta coincidencia con los obtenidos en las redes de INTA Marcos Juárez y CREA Sur de Santa Fe. “Se repiten los materiales y eso genera buena información”, afirmó.
Rendimiento y adaptación por ambiente Además de presentar los resultados de las tres redes de evaluación, Pagnan mostró un análisis que integra información de ensayos del INTA, CREA, Aapresid, las universidades y otros sitios experimentales independientes. El objetivo es caracterizar la respuesta de los híbridos frente a distintos niveles de productividad y definir en qué ambientes expresan mejor su potencial.
Para ello, los investigadores relacionan el rendimiento de cada híbrido con el rendimiento promedio del ambiente donde fue evaluado. Los materiales con una pendiente cercana a uno acompañan las variaciones del ambiente y se consideran estables. En cambio, aquellos con pendientes superiores a uno incrementan su rendimiento más que proporcionalmente cuando mejora el potencial productivo, mientras que los de pendiente inferior a uno mantienen un mejor comportamiento en ambientes de media a baja productividad.
No hay un híbrido que sea el mejor para todos los ambientes. Este análisis permite posicionar cada material según el ambiente donde mejor se adapta y aporta herramientas para definir su manejo, explicó.
A modo de ejemplo, analizó el comportamiento de algunos de los materiales con mayor cantidad de información disponible. Entre ellos destacó BASF 5575, que produjo un 7,2 % más que la media de los ensayos en los que participó y presentó una pendiente prácticamente igual a uno, lo que refleja un comportamiento estable entre ambientes. En el mismo grupo ubicó a ACA 471, con un rendimiento relativo 3,7 % superior a la media, y a DK73-73, con un 4,5 % por encima del promedio, ambos con una respuesta muy consistente frente a los cambios de productividad.
En cambio, NS 7765 mostró un comportamiento diferente. Aunque se ubicó por encima de la media en rendimiento relativo, presentó una pendiente superior a uno, característica que lo posiciona principalmente para ambientes de media a alta productividad. Por su parte, DK69-62 combinó un rendimiento relativo cercano al 4 % sobre la media con una pendiente de 0,86, lo que evidencia una mejor adaptación a ambientes de menor potencial.
Cuando comparamos híbrido contra híbrido aparecen diferencias que no se observan mirando solo el promedio. El DK69-62 supera al DK7220 y al DK7272 en ambientes demedia a baja productividad. Además, tiene buena caña y un secado rápido, mientras que en ambientes de más de 14.000 kg/ha resigna parte de su potencial, afirmó.
Durante la presentación, Pagnan analizó el comportamiento de otros materiales con distinta adaptación a los ambientes evaluados y remarcó el valor de integrar información de distintas redes para mejorar el posicionamiento de los híbridos. “Estos datos provienen de redes de INTA, CREA y Aapresid, realizadas en campos de productores y sin influencia de ninguna empresa semillera. Por eso creemos que generan información de mucho valor para la toma de decisiones”, sostuvo.
El técnico agregó que “la base de datos reúne información de un número mayor de híbridos que los presentados durante la jornada y puso ese material a disposición de productores y asesores interesados en consultar el comportamiento de materiales específicos”.
No es agua, ni fertilizante, ni genética. Es la radiación que el cultivo logra captar durante su período reproductivo. Y según los ensayos analizados por INTA, su disponibilidad ayuda a explicar por qué la elección de la fecha de siembra y del grupo de madurez resulta decisiva.
Durante años, las decisiones sobre la fecha de siembra y la elección del grupo de madurez de la soja estuvieron asociadas principalmente a la disponibilidad de agua, el ambiente y el riesgo de estrés. Sin embargo, detrás de esas decisiones existe otro recurso determinante y muchas veces menos visible: la radiación que logra interceptar el cultivo.
Ese concepto fue uno de los ejes de una reciente Jornada de Actualización Técnica de Cultivos de Gruesa, organizada por la EEA INTA Marcos Juárez y la región CREA Sur de Santa Fe. Allí, Marcos Murgio, investigador de INTA Manfredi y participante de la coordinación de la Red Nacional de Evaluación de Cultivares de Soja (RECSO), presentó resultados de ensayos destinados a ajustar el manejo de cara a la próxima campaña.
La importancia de la radiación aparece con claridad cuando se analiza qué sucede durante el período reproductivo. La biomasa que produce la soja entre R3 —inicio de formación de vainas— y R6 —avanzado llenado de semillas— depende de la oferta de recursos y está directamente relacionada con la cantidad de granos que finalmente puede generar.
Y allí aparece una cuestión clave: no toda la radiación disponible durante la campaña llega en el momento en que la soja puede aprovecharla mejor.
El calendario también administra la radiación Los mayores niveles de radiación se registran hacia fines de diciembre y comienzos de enero, mientras que las temperaturas máximas se concentran hacia mediados de enero. Cuando se retrasa la fecha de siembra, el período reproductivo se desplaza hacia una ventana con menor radiación y días más cortos, lo que además reduce la duración de esa etapa. Es lo que Murgio definió como un “doble castigo”: menos radiación y menos tiempo para aprovecharla.
Los datos de más de 25 campañas de la RECSO en Marcos Juárez refuerzan esa relación. El análisis muestra que, a medida que aumenta la radiación incidente acumulada entre R1 y R7, también aumenta el rendimiento.
La conclusión adquiere todavía más relevancia ante un escenario de buena disponibilidad hídrica. Si el agua deja de ser el principal factor limitante, la radiación disponible puede pasar a ocupar ese lugar.
La soja no sólo necesita luz: tiene que capturarla Pero que haya radiación no significa necesariamente que la planta pueda aprovecharla. Ahí entra en juego el grupo de madurez. Los materiales más largos prolongan principalmente la etapa vegetativa, favoreciendo un mayor desarrollo de la planta antes de la floración. Ese crecimiento puede traducirse en más hojas y, por lo tanto, en una mayor capacidad de interceptar la radiación disponible.
Los grupos cortos, en cambio, pueden disponer de una ventana favorable de radiación durante el período reproductivo, pero necesitan alcanzar una estructura suficiente para capturarla.
Los ensayos muestran que, en determinadas fechas, esa capacidad puede convertirse en una limitante. Como referencia, Murgio señaló una altura mínima de 70-80 centímetros: por debajo de ese rango, reducir la distancia entre hileras puede ayudar a la soja a cerrar antes el entresurco y aprovechar una mayor proporción de la radiación.
De hecho, en siembras posteriores al 10 de diciembre, reducir la distancia entre hileras de 52 a 26 centímetros mejoró la intercepción de radiación y generó una ventaja de rendimiento en grupos cortos.
El agua sigue mandando La radiación puede ser el recurso invisible, pero el agua continúa siendo el punto de partida para decidir qué estrategia adoptar. Los datos de ocho campañas de la RECSO en el sur de Santa Fe y sudeste de Córdoba muestran que, en buenos ambientes, adelantar la siembra puede incrementar el rendimiento promedio de un grupo IV largo, aunque con variabilidad entre años y sitios. En ambientes más restrictivos, en cambio, retrasar la siembra puede ayudar a elevar los pisos productivos.
En la región central de Córdoba, donde tienen mayor presencia los suelos arenosos y existe menor recarga de agua, adelantar la siembra no mostró beneficios promedio. Por eso, la decisión debe partir de una pregunta concreta: ¿cuánta agua hay almacenada en el perfil?.
Una simulación de 35 campañas mostró que con el perfil a capacidad de campo disminuye la variabilidad entre años y los rendimientos se acercan al potencial. Con un perfil prácticamente seco, en cambio, el resultado queda mucho más expuesto a la cantidad y distribución de las lluvias.
Diciembre: cuando la radiación empieza a poner límites El análisis también deja una advertencia para las siembras tardías. Retrasar la implantación puede contribuir a reducir el riesgo hídrico, pero tiene un límite impuesto por la radiación.
La pérdida de rendimiento potencial inicialmente es suave, pero se acelera hacia fines de noviembre y comienzos de diciembre, cuando R5 comienza a desplazarse hacia una ventana con menor disponibilidad de radiación. A partir de los primeros días de diciembre, según Murgio, el rendimiento “se desploma”, por lo que cualquier estrategia de siembra debería acelerarse a partir de ese momento.
La elección del grupo de madurez también debe acompañar esa estrategia. En ambientes restrictivos, los grupos largos pueden ofrecer mayor capacidad de compensación, mientras que en ambientes con buena oferta de recursos los grupos cortos pueden permitir explorar un mayor potencial, siempre que logren interceptar adecuadamente la radiación.
Así, la radiación deja de ser una variable secundaria para convertirse en una pieza central de la planificación. No alcanza con preguntarse cuándo sembrar o qué grupo de madurez elegir: también hay que preguntarse en qué momento del año queremos que la soja produzca y cuánto de la radiación disponible será capaz de capturar.
Las proyecciones sobre el maíz nuevo caen más del 7% a nivel nacional y la soja tomaría el área de siembra. La chicharrita vuelve a pisar fuerte y se potencia con el aumento en los combustibles y su traslado al costo de fletes.
Para el maíz 2026/27 se proyecta una caída interanual de la siembra de un 7,3%, el equivalente a 600.000 ha, según un reciente reporte de la Bolsa de Comercio de Rosario. Sin embargo, con un área total de siembra que rondaría los 10,4 millones de hectáreas, sería la 2da mayor siembra de maíz de Argentina, tras las siembra récord de 11 M/ha que registró la última campaña (con 70 Mt).
La gran ventaja está en que el cultivo arranca con perfiles cargados de agua y con los pronósticos a favor de grandes lluvias a partir de octubre por el pronóstico de un «Niño» fuerte a muy fuerte. Del lado de los problemas, la chicharrita vuelve a pisar fuerte y se potencia con el aumento en los combustibles.
Este costo, más allá de su impacto en las labores, es un golpe que hace trastabillar al cultivo por la suba en el costo de los fletes. En zonas dónde la distancia a puertos supera los 400 km, y no hay opciones de consumirlo en las cercanías, es un costo que se vuelve muy significativo. El problema que tiene el norte del país es que se le suma el gasto del control de chicharrita.
Casos testigos como en Chaco, señalan que para 5 aplicaciones hay que gastar alrededor de 55 U$S/ha. «El maíz tiene la rentabilidad más baja de los últimos 10 años», agregan. Hace dos años, la chicharrita planteaba un desafío técnico de producción. Hoy los técnicos saben como tratarla, pero con el aumento de los fletes, el cultivo está quedando fuera de las posibilidades económicas.
En La Pampa se sembraron 750.000 ha en el 2025 y los técnicos comentan que se habría tocado el techo y que hay una tendencia a la baja para la próxima campaña. En Córdoba se repetiría la intención de siembra del año pasado, pero en el norte podría haber recortes por chicharrita. En Santa Fe, en el norte pasa algo similar, mientras que en el centro y sur hay expectativas de repetir el nivel de siembra y hasta de sumar más hectáreas. Pero en algunos sectores de la franja este de la región pampeana, sobre todo en Buenos Aires, el temor por los excesos hídricos está planteando una baja de área al excluir lotes con problemas por napas altas, sectores bajos, o lotes con problemas por falta de escurrimiento.
“De esta manera, se espera una caída del área de siembra de 600.000 ha, pero aun así sería una siembra muy importante de maíz con 10,4 M ha. Argentina podría producir unas 66 Mt. Este cálculo contempla un escenario normal de clima y tiene en cuenta que 8,7 M ha serían cultivadas para grano”, precisaron desde la BCR.
¿Qué está pasando con el maíz tardío que falta por cosechar? Un mes de julio inusualmente húmedo y cálido canceló las posibilidades de avanzar con la cosecha del maíz tardío del ciclo 2025/26. La cosecha quedó paralizada en el 75% cuando el año pasado ya superaba el 88% de avance a estas fechas. Pero el viernes pasado hubo un cambio en el patrón climático con el ingreso de un frente frío que bajo las temperaturas y la humedad. Hubo grandes ráfagas de viento que impactaron hasta en Chaco, dónde hubo zonas con un 40% de maíces tumbados.
«Hay lotes que se están tratando de levantar con cabezales de soja. El problema es que se usan materiales que removilizan tantos fotoasimilados que dejan a la caña débil y a eso se suma que son materiales susceptibles a problemas de plagas de la caña», explican. En algunas zonas de Córdoba también ha pasado lo mismo. Pero en los últimos 4 a 5 días hay una desesperación por cosechar el maíz tardío en pendiente. En La Pampa explican que «el cultivo ha tenido un gran crecimiento en área pero que no fue acompañado con un aumento de la infraestructura, como por ejemplo la falta de secadoras que hay en la provincia».
La intención de siembra de soja 2026/27 muestra un aumento del 3,7% Desde la BCR indican que con una pronunciada suba de 600.000 ha, se estima que la intención de siembra de soja sea de 16,7 M ha. Los problemas que vuelve a traer la chicharrita y los costos de los fletes en maíz reactivan el interés en la oleaginosa. La nueva campaña de soja cambia radicalmente la tendencia que se venía manifestando, la de un área de siembra en retroceso.
De concretarse la proyección de siembra de 16,6 M ha, sobre la base de un área no cosechable promedio y un rendimiento también promedio (29,1 qq/ha), la producción podría dejar 48 Mt.
La falta de registros de frío continuo y los lotes demorados preparan un escenario complejo para el ciclo maicero 2026/2027. Los especialistas advierten que la clave no pasa por cuántos insectos hay, sino por un factor crítico que se debe medir antes de poner la primera semilla.
Frente a un escenario climático que anticipa condiciones favorables para la próxima campaña maicera 2026/2027, los especialistas del INTA advierten que el éxito del manejo sanitario dependerá de un seguimiento riguroso y monitoreo de Dalbulus maidis.
Más allá de la presencia o abundancia de la chicharrita, el eje central para anticiparse a los daños estará dado por el seguimiento de la proporción de individuos portadores de patógenos durante el período previo a la implantación del maíz. Este porcentaje de insectos infectados brindará un panorama mucho más preciso sobre las probabilidades de daño y el alcance real de la enfermedad en las distintas regiones productivas.
El invierno 2026 se caracterizó por temperaturas superiores a los valores históricos y una menor frecuencia de heladas intensas en amplias zonas agrícolas, lo que favoreció la supervivencia de adultos del vector. A esto se suma el retraso en la cosecha de la campaña anterior, especialmente en el NEA, donde el avance ronda el 73,7 % frente al 90 % del año previo.
La clave está en los portadores Históricamente, los esfuerzos se han centrado en medir la cantidad de chicharritas en el campo. Sin embargo, los registros demuestran que la abundancia del insecto no siempre correlaciona de forma directa con la presión de la enfermedad.
Los datos obtenidos en poblaciones de D. maidis reflejan una marcada variabilidad en la portación de patógenos entre diferentes localidades y momentos del año. «Los registros relevados en 2025 sobre poblaciones de D. maidis del Chaco muestran la importancia de incorporar esta variable. Durante el otoño se detectó un 25 % de individuos portadores de Spiroplasma en Las Breñas. En primavera, los valores presentaron una marcada variabilidad entre localidades: 9 % en Las Breñas, 5 % en un segundo sitio de esa localidad, 43 % en Charata, 43 % en General Pinedo y 50 % en Pampa del Infierno», señalan desde INTA.
Estos resultados muestran que la portación puede variar en el tiempo y entre localidades. La dinámica puede estar relacionada con la presencia previa de plantas infectadas, la movilidad del vector, la distribución de los cultivos y las prácticas de manejo.
Por esta razón, la estrategia para la campaña 2026/2027 exige fortalecer la red de monitoreo mediante trampas cromáticas, redes de arrastre y observación directa, enfocándose específicamente en determinar la tasa de portación en el período pre-siembra. Conocer este dato permitirá a los productores dimensionar el riesgo real antes de poner la semilla en el suelo.
Medidas integradas de manejo Con las primeras siembras a la vuelta de la esquina -un momento crítico de sincronización entre el vector y la emergencia de las plántulas-, la integración de prácticas de manejo se vuelve indispensable.
Eliminación temprana de maíces voluntarios: Fundamental para cortar el ciclo del patógeno, ya que este no sobrevive en el suelo ni en rastrojos secos.
Monitoreo de portadores: Caracterizar el porcentaje de insectos infectados antes de la implantación para calibrar el nivel de alerta regional.
Elección de híbridos tolerantes: Utilizar genéticas que reduzcan el impacto de los spiroplasmas.
Tratamiento de semillas y control químico: Aplicar productos aprobados por SENASA en las ventanas de mayor susceptibilidad del cultivo (desde VE hasta V8-V10).
Consultas de mapas y reportes: Utilizar la información oficial del INTA para orientar las decisiones agronómicas en cada zona.