Agua, fósforo y nitrógeno: las claves para planificar el trigo 2026/27

Agua, fósforo y nitrógeno: las claves para planificar el trigo 2026/27

La buena disponibilidad hídrica mejora las perspectivas para el cultivo en gran parte de Córdoba, pero el aumento en los costos obliga a afinar el diagnóstico y ajustar la fertilización según el ambiente y el rendimiento esperable.

La campaña de granos finos 2026/27 arranca con dos variables contrapuestas: una buena recarga hídrica en gran parte de Córdoba y un fuerte aumento en los costos de producción, especialmente por la suba de fertilizantes y combustibles, que complejiza la planificación del trigo.

Las lluvias registradas durante marzo y abril dejaron perfiles con buenos niveles de agua útil en muchos ambientes, sobre todo en lotes con mayor capacidad de almacenaje, lo que mejora las perspectivas productivas. A esto se suma un contexto comercial favorable, con precios futuros atractivos que vuelven a impulsar planteos de trigo y dobles cultivos como trigo/soja y, en algunos casos, trigo/maíz de segunda.

En este contexto, Federico Pagnan, jefe de la AER INTA Justiniano Posse, remarcó que la clave es medir el agua útil a la siembra para definir el potencial de cada lote. “En buenos suelos trabajamos hasta los dos metros de profundidad y, con esa información, definimos si el trigo entra o no en la rotación. Con acumulados de entre 150 y 200 milímetros ya entramos en rangos de rendimiento de entre 3000 y 4000 kilos por hectárea”, explicó.

Según indicó, el agua disponible a la siembra es una de las variables que más condiciona el rendimiento del cultivo. En el centro y sudeste de Córdoba explica más del 50% de la productividad del trigo, mientras que en regiones más restrictivas, como el centro-oeste y el centro-norte provincial, esa incidencia puede llegar al 70%.

En un relevamiento realizado por agencias del INTA del sudeste cordobés —Bell Ville, Justiniano Posse, San Marcos Sud, Morrison y Cintra— se observaron napas en rangos cercanos al óptimo para el cultivo en gran parte de los 22 sitios evaluados. Pagnan también destacó la red de monitoreo de napas del INTA Laboulaye, con registros actuales y su evolución en el área de influencia de la EEA INTA Marcos Juárez. “No reemplaza el monitoreo en lote, pero aporta una referencia muy valiosa”, señaló.

“En base a esa oferta hídrica podemos estimar un rango de rendimiento alcanzable y, a partir de ahí, ajustar la estrategia de fertilización”, indicó. También recordó que el aporte de lluvias durante el ciclo sigue siendo una variable clave: en la región de Justiniano Posse, el promedio histórico ronda los 200 milímetros, aunque con fuerte variabilidad. De acuerdo con un registro de 120 años, en el 20% de las campañas más húmedas las precipitaciones superan los 260 milímetros, mientras que en el 20% de los años más secos caen por debajo de 129 milímetros.

Fósforo

Otro aspecto clave en la planificación de la campaña es el diagnóstico nutricional, en un contexto marcado por altos costos de fertilizantes, que pueden representar entre el 35% y el 50% del costo total del cultivo, según el ambiente y el nivel de precios. Esta situación obliga a ajustar la estrategia según la oferta inicial del lote y el rendimiento esperable. “Hoy más que nunca necesitamos saber dónde estamos parados para definir qué conviene en cada caso”, señaló.

En el caso del fósforo, explicó que se trata de un nutriente especialmente sensible para el trigo. En lotes con niveles muy bajos —entre 7 y 10 partes por millón, una situación frecuente en la región— su disponibilidad puede explicar diferencias de entre 10 y 20 quintales por hectárea de rendimiento.

“El umbral crítico para trigo está por encima de las 19 partes por millón. Por debajo de ese nivel tenemos alta probabilidad de respuesta y debemos pensar estrategias para corregirlo”, indicó.

Para ajustar la fertilización fosforada, en campos propios suele trabajarse con reposición, mientras que en campos alquilados predomina el criterio de suficiencia, orientado al retorno económico de corto plazo. Según Pagnan, esta estrategia puede ser eficiente financieramente, pero suele generar balances negativos de fósforo. “Lo ideal sería trabajar con reposición y construcción, sobre todo en lotes muy deficientes, para reponer lo extraído y empezar a recuperar niveles”, señaló.

Ese proceso quedó reflejado en un análisis de 15 años realizado con productores de la región sobre más de 30.000 hectáreas. En general, los balances de fósforo resultaron negativos en maíz y soja de primera, mientras que en trigo/soja de segunda se acercaron a la neutralidad, aunque con campañas deficitarias. “En 2025/26 incluso el trigo terminó con balance negativo, por la alta extracción asociada a los buenos rendimientos”, explicó.

En términos acumulados, el relevamiento mostró una pérdida cercana a 90 kilos de fósforo por hectárea en los últimos 15 años, aun en productores que mantienen rotaciones y trabajan con diagnósticos nutricionales. En otros lotes de la zona se detectaron pérdidas superiores a los 200 kilos por hectárea en el mismo período.

Para Pagnan, este proceso ayuda a explicar parte de la brecha de rendimiento de los sistemas productivos. “Muchas veces la fertilización se ajusta para maximizar la renta del cultivo, pero cuando tenemos buena oferta de agua la nutrición pasa a ser el factor que limita el potencial productivo”, afirmó.

Frente a una campaña con costos ajustados, planteó que una alternativa es avanzar en diagnósticos por ambientes dentro de cada lote. En sectores de mayor productividad, donde históricamente se extrae más fósforo, suelen encontrarse niveles más bajos del nutriente, mientras que en ambientes de menor rendimiento ocurre lo contrario. “Esa variabilidad nos permite ajustar dosis por ambiente y reducir costos donde la respuesta esperada es menor, sin resignar eficiencia en las zonas de mayor potencial”, afirmó.

Nitrógeno

El nitrógeno es otro nutriente clave en trigo, en un contexto en el que los fertilizantes nitrogenados subieron cerca de 40%. Su ajuste se define según el nitrógeno disponible en el suelo a la siembra —medido hasta los 60 centímetros— y el rendimiento objetivo. “Con esos datos y modelos ajustados para la zona, podemos estimar las dosis óptimas económicas a aplicar”, señaló.

Según el técnico, en lotes con rendimientos esperados de entre 2000 y 2500 kg/ha la respuesta a la fertilización nitrogenada suele ser baja, mientras que a partir de ese umbral comienzan a observarse respuestas significativas. “A medida que aumenta el potencial de rendimiento, también aumenta la disponibilidad óptima de nitrógeno que necesita el cultivo. Por eso es fundamental diagnosticar cuánto aporta el suelo y ajustar la dosis de fertilizante en función de cada ambiente”, señaló.

En modelos desarrollados para el sudeste cordobés, los ambientes de productividad intermedia —entre 2500 y 4000 kg/ha— alcanzan máximos agronómicos con disponibilidades cercanas a 150 kilos de N/ha, considerando el aporte del suelo y el fertilizante. En ambientes con rindes de entre 4500 y 6000 kg/ha, esos requerimientos se acercan a los 200 kilos, mientras que en lotes de alta productividad asociados a napa —con potenciales de 6500 a 8000 kg/ha— pueden superar los 240 kg/ha.

Sin embargo, Pagnan aclaró que en la práctica los productores no trabajan con dosis orientadas a maximizar el rendimiento físico, sino con estrategias que buscan el mejor retorno económico. “La dosis óptima agronómica no siempre coincide con la dosis óptima económica. Con fertilizantes más caros, el punto de mayor retorno se corre hacia abajo”, explicó.

Ese cambio se volvió especialmente evidente en la campaña actual. Con valores de trigo similares a los del año pasado, pero con una urea que pasó de unos 550 a cerca de 1000 dólares por tonelada, las dosis económicamente recomendables se redujeron en todos los ambientes. “Hoy estamos viendo caídas de alrededor de 30 kilos de nitrógeno en las dosis óptimas económicas respecto de la campaña pasada. El retorno positivo empieza a caer por el alto costo del fertilizante”, indicó.

Según explicó, esta situación obliga a afinar aún más el diagnóstico inicial del lote y ajustar las estrategias de fertilización para no sobredosificar en ambientes donde la respuesta económica ya no justifica la inversión.

Producción y exportaciones récord, ley de biocombustibles en el Parlamento: el escenario perfecto para el ¨Maizar 2026¨

Producción y exportaciones récord, ley de biocombustibles en el Parlamento: el escenario perfecto para el ¨Maizar 2026¨

El maíz es el producto agropecuario argentino con más presencia en el exterior: en 2025 se exportó a 123 países, y en marzo de este año se embarcó el nivel más alto para un mes en toda la historia, 6,8 millones de toneladas. De a poco, el segundo cultivo económicamente más importante del país va acelerando su crecimiento. Pero todavía es mucho más lo que puede crecer industrializándolo donde se produce, agregándole valor al grano mediante su transformación en origen, para generar un desarrollo sostenible con empleo arraigado en distintas zonas del país.

Aunque en menor escala y distintos destinos, otro tanto ocurre con el sorgo, un cultivo que exportan muy pocos países, con enormes posibilidades no solo para producir forraje, sino también para alimentación humana de alto valor.

Sobre las múltiples aristas para desarrollar estas cadenas va a tratar el próximo Congreso Maizar, el más importante encuentro anual del sector, que está cumpliendo su 20º aniversario. Será el próximo 27 de mayo, bajo el lema “Del potencial a los resultados”.

En casi 50 paneles distribuidos en cinco salas, vamos a discutir todos los aspectos estratégicos, productivos, económicos, financieros, geopolíticos, organizativos, regulatorios, sanitarios, de sustentabilidad y demás que hacen al desarrollo del sector, junto con altos funcionarios, diplomáticos, diputados y senadores de distintos espacios políticos, investigadores, técnicos, empresarios, productores y líderes de empresas semilleras, de fertilizantes, bancos y compañías financieras, entre otros.

Cómo insertarse internacionalmente en un contexto geopolítico incierto y volátil, cómo mitigar riesgos en el comercio exterior, las relaciones con China y el acuerdo UE-Mercosur, el futuro de los biocombustibles, la competitividad asociada a la logística, cómo hablarle a la política local, la agenda tributaria, la nutrición de alto rendimiento, los aprendizajes que dejó el monitoreo nacional de la chicharrita, el agregado de valor con desarrollo territorial, el management de la innovación, la industria semillera en la Argentina y un ejemplo de su impacto regional en Catamarca, las fronteras tecnológicas del maíz, la expansión territorial del maíz bajo riego en Patagonia, el negocio del sorgo y su impacto en la transformación de sistemas productivos, serán parte de los temas que se debatirán, además de todas las novedades tecnológicas que hacen a estos cultivos.

Los esperamos el próximo miércoles 27 de mayo en el Goldencenter de la Ciudad de Buenos Aires, con inscripción previa: congresomaizar.org.ar

Geo reportes agrícolas: un concepto innovador para la información territorial

Geo reportes agrícolas: un concepto innovador para la información territorial

El Ministerio de Bioagroindustra junto a IDECOR presentan Geo Reportes, un nuevo concepto para consultar información territorial y extraer datos de un sector o una parcela, integrados en la infraestructura provincial.

Los geo reportes son un desarrollo de la IDE cordobesa que marca un hito en el acceso a datos territoriales abiertos de diversas capas del geoportal Mapas Córdoba, ahora integrados en un sólo informe.

A través de esta herramienta innovadora, cualquier usuario puede seleccionar una parcela y extraer un informe con mapas, gráficos, estadísticas e información de organismos oficiales.

La primera edición de geo reportes, producida en conjunto con el Ministerio de Bioargoindustria y el INTA Regional Córdoba integra diversas capas de información clave para el agro a nivel de parcela.

“La puesta en marcha de los geo reportes agropecuarios representa un paso muy importante en la decisión del Gobierno de Córdoba de facilitar el acceso a la información territorial y poner la tecnología al servicio de la producción. El objetivo es que productores, técnicos, investigadores y ciudadanos puedan contar, en un solo informe, con datos estratégicos para planificar, producir y cuidar mejor nuestros recursos”, señala Sergio Busso, ministro de Bioagroindustria.

El ministro destaca además las ventajas para quienes producen en el agro cordobés, de poder obtener información clave sobre su lote. “Para el productor esto significa más eficiencia, ahorro de tiempo y mayor precisión al momento de planificar cultivos, monitorear el estado del suelo o evaluar inversiones. Además implica avanzar hacia una producción cada vez más sostenible, basada en información objetiva, de calidad y de acceso abierto”; comenta.

En el mismo sentido, Juan Cruz Molina, director del INTA Centro Regional Córdoba sostiene: “La capacidad de visualizar múltiples capas de información en un solo lugar ahorra el tiempo de dispersión en diferentes fuentes. Al cruzar datos de suelo con índices de productividad y cumplimiento de BPAs, el productor deja de ver ‘datos aislados’ para ver el potencial real y las limitaciones de su lote”.

Para Molina, la precisión de la información que presentan los reportes facilita la precisión en la planificación y la gestión del riesgo.

“Conocer con precisión nuestros suelos —el pH, el fósforo y el carbono orgánico— permite pasar de una gestión por promedios a una gestión por ambientes. Esto no solo optimiza la rentabilidad (aplicando lo necesario donde se necesita), sino que asegura la sostenibilidad del recurso suelo, alineándose directamente con los objetivos de las Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs)”, explica el Director de INTA en la provincia.

Información agropecuaria integrada a un clic

Hasta hace poco tiempo, consultar información básica para la gestión agropecuaria requería indagar en mapas y múltiples fuentes en papel o recorrer diversas oficinas.

Hoy, con más de 70 mapas sobre información clave para el agro cordobés, el geoportal provincial Mapas Córdoba permite consultar de manera abierta, datos como las Cartas, Propiedades y Coberturas de suelo, Rendimientos agrícolas, Propiedades de los suelos, e información sobre la cobertura geográfica de programas provinciales como Buenas Prácticas Agropecuarias, Recetas Fitosanitarias y el Plan Agroforestal Provincial.

Sin embargo, la creación de los geo reportes para el agro, representa un nuevo avance en el alcance de la información geográfica: integrar todas esas capas de datos espaciales de una parcela en un solo informe agropecuario.

“Los geo reportes buscan transformar datos dispersos en información útil para decidir mejor, integrando y simplificando el acceso a la información territorial. En el caso de los reportes agropecuarios, a través de un informe único se reúnen datos relevantes de una parcela, permitiendo que cualquier usuario —productores, técnicos, académicos, entre otros— acceda a la información de manera más integrada, rápida, precisa y sostenible, sin necesidad de recorrer los múltiples mapas disponibles en el geoportal provincial o consultar fuentes aisladas”, apunta Hernán Morales, coordinador de IDECOR.

Gracias a estos informes, un productor o propietario de un campo cuenta con una radiografía que permite administrarlo no solo como un sitio de producción, sino como un activo económico y ambiental que debe ser preservado y optimizado.

¿Qué información contiene un informe?

El Informe agropecuario permite buscar en un mapa y seleccionar una parcela por su nomenclatura catastral, número de cuenta de Rentas o geolocalizarla mediante un GPS,

Al hacer clic sobre la misma, se puede extraer un informe de la parcela que contiene los datos del inmueble como su número de cuenta, nomenclatura, superficie, pedanía y departamento, así como información sobre las siguientes capas de datos:

  • Capacidad de uso del suelo e Índice de productividad. Clasifica el terreno según su aptitud agrícola en ocho clases (de la I a la VIII), e eidentifica limitaciones naturales como erosión o fertilidad. Además, incluye un índice cuantitativo que mide el potencial relativo del suelo para producir cultivos en condiciones de secano.
  • Estimaciones agrícolas. Provee datos sobre rendimientos y superficie sembrada de soja y maíz mediante el uso de imágenes satelitales y modelos predictivos. También incorpora el Valor Unitario de Arrendamiento (VUA) en quintales de soja.
  • Coberturas de suelo. Categoriza los diferentes usos del terreno (como cultivos anuales, pasturas o bosques) basándose en mapas de alta resolución.
  • Propiedades del suelo: Presenta indicadores clave del estado edáfico en el horizonte superficial (0-20 cm), tales como materia orgánica, fósforo, pH y carbono orgánico. Estos valores se obtienen a través de modelos desarrollados por CONICET e IDECOR que integran muestreos de campo y datos satelitales.
  • Plan Agroforestal Provincial. Este apartado está destinado a informar sobre el cumplimiento de la normativa agroforestal en las coordenadas indicadas.
  • Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs). Detalla el historial de participación en este programa provincial que promueve la producción responsable y sostenible.
  • Recetas Fitosanitarias. Registra el uso de productos químicos o biológicos en los cultivos conforme a la Ley Provincial N° 9164.
Córdoba. Buenos números para soja y maíz y fortalecimiento del perfil hídrico del suelo

Córdoba. Buenos números para soja y maíz y fortalecimiento del perfil hídrico del suelo

Con la cosecha de girasol en su etapa final, cerrando con más de medio millón de toneladas de producción estimada, la campaña proyecta rindes superiores a la media histórica para los principales granos. Si bien el panorama es heterogéneo para el maní y el sorgo, las abundantes lluvias de marzo han logrado recomponer las reservas de humedad en el perfil, mejorando el estado general de los cultivos y sentando bases favorables para la próxima campaña invernal.

Tras la actualización de los registros a la segunda semana de abril, las perspectivas para la soja y el maíz son altamente positivas, previéndose que tanto sus rendimientos como su producción final superen los promedios históricos. En el caso del girasol, si bien el rinde se mantiene en línea con la media histórica, la producción —en sintonía con relevamientos previos— se ubicaría muy por encima del promedio provincial.

Por el contrario, el panorama es más ajustado para el maní y el sorgo: aunque sus rendimientos no se alejan demasiado de lo habitual, las producciones esperadas para ambos cultivos se perfilan como las más bajas desde la campaña 2022/23, ciclo que estuvo marcado por una severa sequía.

Respecto al avance de las tareas de cosecha, la recolección del girasol se encontraba prácticamente finalizada. En cuanto al maíz, progresaba a un ritmo superior al esperado para la época, posicionándose como el cultivo más adelantado de la campaña. Por otro lado, la soja y el sorgo presentaban un progreso incipiente, mientras que para el maní apenas se había comenzado con las tareas de arrancado, sin iniciar todavía la cosecha propiamente dicha. Este dinamismo en la trilla refleja una campaña que, a pesar de sus disparidades, avanza a paso firme levemente condicionado por las lluvias.

La fenología de todos los cultivos estaba cercana a la madurez, habiendo superado los períodos críticos, a excepción de una pequeña proporción de la superficie de soja, con los rindes potenciales ya definidos.

Con las lluvias de las últimas semanas, el estado general de los cultivos continuó mejorando. Se mencionaron algunos problemas por exceso de humedad en lotes próximos a cosecharse, principalmente en soja, llegando a comprometer el avance de la labor, además de la calidad y el rinde por vainas abiertas, granos verdes o manchados y proliferación de enfermedades.

Respecto al panorama sanitario, en la soja predominaban las enfermedades de fin de ciclo y la presencia del complejo de chinches con incidencia variable, sin que se registraran otras plagas de importancia dado su avanzado estado fenológico. El maíz, por su parte, se vio afectado por la presencia de mancha blanca (Phaeosphaeria maydis y Pantoea ananatis) que oscilaba entre niveles medios y altos, sumado a la mención de elevada presencia de chicharrita (Dalbulus maidis) en los lotes. En cuanto al maní, el reporte indicó una incidencia media de viruela tardía (Nothopassalora personata) y esclerotinia o tizón (Sclerotinia minor y S. sclerotiorum). Finalmente, el sorgo ha estado marcado a lo largo de su ciclo por la presión del pulgón amarillo (Melanaphis sacchari), sin plagas de importancia actuales.

En definitiva, la campaña actual transitaba su etapa final en un escenario con algunos contrastes. Mientras que el volumen de producción de soja y maíz prometen superar los registros históricos, los cultivos regionales como el maní y el sorgo tendrían su producción más baja de los últimos tres ciclos. El éxito del cierre de esta campaña dependerá de la estabilidad climática en las próximas semanas, necesaria para capitalizar los rendimientos definidos y avanzar con la cosecha.

Contexto climático

Según los datos de nuestra red de estaciones meteorológicas, las precipitaciones de marzo superaron los promedios históricos, consolidando una tendencia que ya se había manifestado el mes anterior. Este patrón ha permitido un incremento significativo en las reservas hídricas del suelo, configurando un escenario óptimo para el inicio de la campaña invernal 2026/27. Sin embargo, en el corto plazo, este excedente hídrico pudo haber condicionado la logística de campo, dificultando tanto las labores de cosecha como el proceso de secado del maní que ya se encontraba arrancado.

Crucíferas: una alternativa invernal

Crucíferas: una alternativa invernal

En un contexto global orientado a la descarbonización, las oleaginosas invernales como colza, carinata y camelina adquieren relevancia como insumos para los biocombustibles de segunda generación. En Argentina, su desarrollo aún es incipiente, pero en expansión, impulsado por una creciente demanda internacional. Su incorporación se posicionaría como una alternativa para diversificar la producción, mejorar el uso del suelo y generar nuevas oportunidades económicas.

Introducción

Las reglas de juego a nivel internacional se redireccionan hacia un escenario más comprometido con la sustentabilidad y la reducción del impacto ambiental que es generado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), a través del uso de los combustibles fósiles. En este escenario, las oleaginosas de invierno aparecerían como una oportunidad para afrontar este desafío, a través de los denominados ‘‘biofuels’’ que son los biocombustibles aptos que se pueden elaborar a partir de aceites vegetales. Entre las materias primas que se pueden utilizar se encuentran las crucíferas, pertenecientes a la familia de brasicáceas; camelina, carinata y colza. Las mismas, son cultivos mayormente invernales que se adaptan bien a ambientes templados y de bajas temperaturas, aportando buena cobertura del suelo caracterizados por su rápido desarrollo y su versatilidad productiva. Por lo tanto, pueden constituir a una opción útil en la producción de aceites vegetales para la elaboración de biocombustibles de segunda generación. Estos, se diferencian de los convencionales (biocombustibles de primera generación a base de biodiesel y bioetanol), por utilizar materias primas no destinadas a la alimentación, como residuos agrícolas, aceite de cocina usado (UCO) o cultivos específicos como carinata y camelina, lo que permite reducir la competencia por el uso del suelo y disminuir la huella ambiental, posicionándolos como una alternativa más sustentable frente a los biocombustibles de primera generación. Mientras que, la colza se clasifica tradicionalmente como materia prima de biocombustibles de primera generación, dado que también tiene usos alimentarios. No obstante, bajo esquemas certificados y orientados a la sostenibilidad, puede integrarse en cadenas de valor energéticas con menor impacto ambiental.

Según los datos brindados por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) la generación de energía produce alrededor del 75% de las emisiones anuales de GEI. Por lo tanto, las bioenergías son una oportunidad para sustituir combustibles fósiles, principalmente a través de los biocombustibles líquidos que tienen un rol clave en la descarbonización del sector del transporte. Si bien el transporte terrestre concentra la mayor parte de las emisiones del sector, la aviación constituye un objetivo prioritario para la reducción de GEI debido a la alta emisión per cápita y a que no puede electrificarse fácilmente, además de la limitación que implica la asignación de esas intensidades a los distintos países. En este contexto, los combustibles sostenibles de aviación (SAF) se presentan como la principal herramienta disponible en el corto y mediano plazo para reducir la huella de carbono, apostando al 65% del ahorro de emisiones al 2050. Por lo tanto, las crucíferas se presentan como una variable óptima para la producción de SAF.

Panorama nacional

Entre las alternativas productivas del invierno se ubican los cultivos comerciales, de servicios (cobertura), forrajeros y barbechos. En Argentina, entre las opciones mayormente elegidas por los productores se encuentran los cereales como el trigo y la cebada, que juegan un rol principal ya que, combinan un mercado consolidado a nivel local como externo, con un rol estratégico en la rotación. Mientras que, el barbecho continúa siendo una herramienta útil para conservar recursos hídricos y reducir la exposición a escenarios adversos. Sin embargo, las brasicáceas entran en juego como una nueva oportunidad estratégica para mantener ocupados los suelos durante el invierno a cambio de una retribución económica que implique una externalidad positiva en el ambiente.

En la actualidad, a nivel nacional solo se encuentran disponibles datos productivos oficiales de la colza a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP). Mientras que, las otras crucíferas, se encuentran en desarrollo por lo que se presenta información brindadas por fuentes privadas.

Tabla N°1: Tabla comparativa entre colza, camelina y carinata.

Fuente: DE-BCCBA en base a SAGyP, LDC y fuentes privadas

En el marco de dichos cultivos, el Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), una iniciativa de las Bolsas de Comercio y Cereales del país, en conjunto con empresas del sector, lanzaron la herramienta de cálculo y gestión de huella de carbono para las crucíferas. Su objetivo es calcular y gestionar el balance de carbono por producto y fortalecer el posicionamiento internacional de la cadena.

Por otro lado, la compañía Louis Dreyfus Company (LDC) inauguró en su complejo agroindustrial de Timbúes una nueva línea de molienda de semillas con alto contenido de aceite, destinada a fortalecer el mercado mundial de combustibles renovables para la aviación (SAF). Cuenta con una capacidad de procesar hasta 3 mil toneladas de las oleaginosas mencionadas, con foco en la producción de aceite de camelina.

A su vez, en el país se encuentran vigentes 3 potenciales proyectos de producción de SAF: ‘‘Santa Fe Bio’’ con una capacidad de 180 mil toneladas, ‘‘Grupo Bahía Energía’’ y ‘‘GreenSinnergy’’, que podría alcanzar las 100 mil toneladas.

Camelina

Se trata de un cultivo oleaginoso de ciclo corto, de entre 120 a 140 días, que puede cultivarse en rotación con soja, maíz y otros cultivos extensivos. Dado que la camelina es la que menos agua requiere de su categoría, y, que puede sembrarse en invierno, permite a los agricultores cultivarla en reemplazo de barbechos, aumentando su rentabilidad al tener el lote ocupado. Entre sus virtudes se puede encontrar el hecho que no es destinado a la industria alimentaria, ni desplaza a ningún cultivo dedicado a la misma, es resistente a las condiciones climáticas adversas, cuenta con beneficios agronómicos (contribuye a la cobertura del suelo, mejora su estructura y favorece la recirculación de nutrientes, además de aportar beneficios para los polinizadores y, para el manejo de malezas y enfermedades de ciclo corto), baja utilización de agua y una rentabilidad económica, con impacto positivo sobre la sustentabilidad.

La camelina es un cultivo emergente en la agricultura del país, que comenzó a sembrarse en 2019 con unas 600 ha. La empresa Louis Dreyfus Company (LDC) se ha propuesto como objetivo la expansión de este cultivo en el territorio nacional, otorgándole a los productores la semilla sin costo, monitorear el desarrollo del cultivo y comprando la cosechado con un contrato fijado respecto a la cotización de la soja, más un premio en dólares por tonelada, que se ubicaría en torno a los USD 450/Tn. Además, según datos de la firma, en 2025 se alcanzaron 32 mil hectáreas sembradas en todo el territorio nacional, con el objetivo de alcanzar las 60 mil para el 2026.

De acuerdo con los datos brindados por LDC, en Córdoba la fecha de siembra va desde mayo hasta junio, con un costo de implantación que ronda los 311 USD/ha considerando labores agrícolas, insumos para el control de malezas y fertilización. Para la última campaña, Córdoba representó el 23% en la superficie sembrada a nivel nacional, alcanzando una superficie de 7.240 hectáreas. A su vez, las labores de cosecha se expanden desde octubre hacia noviembre, logrando la liberación de los lotes para dar lugar a la siembra estival, dando como resultado rendimientos promedios que van desde 8 qq/ha hasta 15 qq/ha.

Carinata

En cuanto a este grano oleaginoso, su ciclo va desde abril hasta mediados de noviembre. Dentro de sus ventajas en cuanto al suelo, favorece la mejora de la estructura, la porosidad y la infiltración, reduciendo la erosión y promoviendo una exploración radicular profunda. Su incorporación en la rotación permite intensificar los sistemas productivos, incrementando la biomasa y favoreciendo la descomposición e incorporación de nutrientes. A nivel del sistema productivo, ofrece ventajas como el control de malezas, y un consumo de agua comparable o inferior a los cereales.

La carinata, al igual que ocurre con la camelina, no cuenta con estadísticas oficiales, así mismo, los primeros lotes sembrados del país comenzaron en 2019 con aproximadamente 1.500 hectáreas según fuentes privadas. A partir de ese momento, comienza a expandirse alcanzando las 9 mil hectáreas el último año, lo que permitió al país posicionarse como el principal país productor del mundo seguido por Uruguay. Actualmente, se desarrolla a través de contratos entre empresas y productores, que proveen la semilla, monitorea el proceso y luego compra el total de la producción destinándolo al mercado internacional. Dicha producción se desarrolla bajo estándares de trazabilidad y control de calidad, incluyendo las etapas de siembra, manejo, cosecha y acopio, además se obtiene como subproductos la harina alta en proteína para la alimentación animal.

En cuanto a su rendimiento, se ubicaría entre los 12 qq/ha y 20 qq/ha con experiencias de hasta 40 qq/ha bajo la utilización de híbridos. Mientras que, su precio promedio, se ubicaría alrededor de USD 450 por tonelada. Por último, el territorio productivo se concentra principalmente en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, norte de Buenos Aires, y en las regiones del NEA y el NOA.

Colza

La colza es la tercer oleaginosa más producida a nivel mundial, por detrás de la soja y de la palma destinada a la producción de aceites y, la que tiene una mayor trayectoria en el país de las crucíferas consideradas.

En este sentido, las primeras estimaciones oficiales por parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP) se pueden visualizar a partir de la campaña 1978/79. En las últimas campañas, puede visualizarse un incremento en la producción pasando de 17.000 toneladas en 2020/2021 a 58.000 toneladas en el ciclo 2024/2025. A pesar de ello, se encuentra lejos de las 120.000 toneladas producidas en la campaña 2012/2013. En cuanto a los rendimientos, siguieron la misma línea ubicándose en 16,77 qq/ha en promedio para el último ciclo mencionado, en cuanto al precio, la tonelada se comercializó alrededor de los USD 350/450 por tonelada.

Además, para la campaña 2024/25, la producción de la oleaginosa se concentró principalmente en Entre Ríos con el 41% y en Buenos Aires con el 39%, con una menor participación se ubicaron las provincias de Santa Fe y Córdoba con el 11% y 5%, respectivamente.

Comentarios finales

Las brasicáceas se caracterizan por desarrollar sistemas radiculares pivotantes que permiten explorar en profundidad el perfil del suelo, favoreciendo la descompactación biológica, la infiltración de agua y el reciclaje de nutrientes. Este efecto es más marcado en cultivos como colza y carinata, mientras que, en camelina, su desarrollo es más limitado.

En la Argentina, en los últimos años se ha dado lugar a la aparición relevante de las brasicáceas mencionadas, con un gran potencial para el productor y para el país en materia de productividad y sustentabilidad. Durante el invierno, quedarían alrededor de 20 millones de hectáreas libres que podrían destinarse a la generación de estos aceites oleaginosos para ubicarse como un jugador importante en los mercados de biocombustibles aportando mayores oportunidades al país en materia de ingresos de divisas y diversidad en lo destinos de las exportaciones argentinas. Considerando el liderazgo mundial con el que cuenta Argentina en la producción de aceites, haciendo uso de esta ventaja, el país podría ser un jugador importante en este mercado en auge con una demanda mundial que se encuentra en crecimiento.

La información técnica y el acompañamiento a los productores junto a un mercado más desarrollado es fundamental para consolidar estos cultivos como una opción viable y rentable dentro del sistema productivo. Estas opciones expanden la frontera de los cultivos invernales con la mejora de los suelos y una tasa de retorno económico como alternativa a los cereales invernales.

Primera estimación de siembra invernal con tendencia a la baja

Primera estimación de siembra invernal con tendencia a la baja

En la primera estimación de superficie invernal 2026/27, el promedio provincial refleja una baja en trigo, aunque con comportamientos heterogéneos según la región. En garbanzo, la combinación de alto stock y menor previsibilidad comercial profundiza la reducción del área que se sostiene desde la campaña pasada.

Se realizó la primera estimación de superficie de cultivos invernales 2026/27 para la provincia de Córdoba. Tras una campaña que cerró con muy buenos resultados productivos, se espera para este nuevo ciclo una reducción en la superficie de trigo y garbanzo. Aunque la definición de la siembra invernal dependerá del comportamiento de las lluvias en las próximas semanas.

Para trigo, la superficie registraría una disminución interanual de 38 mil hectáreas. No obstante, el área sembrada se mantendría por encima del promedio histórico, en línea con lo observado desde la campaña 2024/25.

Aun cuando el promedio provincial muestra un ajuste a la baja, existe una variabilidad de tendencias en los reportes de los referentes zonales. Entre los colaboradores que proyectaron un aumento o mantenimiento del área, el principal fundamento es la adecuada disponibilidad de humedad en el perfil, variable que históricamente constituye el factor decisivo en la planificación del cultivo.

En contraste, quienes anticiparon una reducción en la superficie señalaron a la rentabilidad esperada como principal limitante. Si bien los cálculos del Departamento de Economía de la Bolsa de Cereales de Córdoba indican que la última campaña habría presentado una rentabilidad positiva, el menor atractivo estaría asociado, principalmente, al incremento en los costos directos de producción, con especial incidencia del precio de los fertilizantes.

El garbanzo profundizaría la caída de superficie iniciada la campaña pasada, en un contexto de elevados niveles de stock que reducen la rentabilidad esperada del cultivo. Este factor fue señalado como el principal motivo que desalienta la siembra del cultivo. Dentro del componente rentabilidad, se incluye además la incertidumbre asociada al actual contexto geopolítico, que dificulta las rutas de comercialización y añade volatilidad al escenario de negocios para la especialidad.

En segundo lugar, se mencionó el contenido hídrico en el perfil. La disponibilidad de agua en el suelo actual es buena pero su evolución mantiene cautela en la toma de decisiones.

Entre otros motivos decisores, tanto para trigo como para garbanzo, se mencionan la rotación de cultivos y las necesidades financieras.

CONTEXTO CLIMÁTICO

Durante los dos primeros meses del año, las precipitaciones se distribuyeron de manera heterogénea en la provincia. En la mayoría de los departamentos los acumulados se ubicaron por debajo de los promedios históricos, mientras que en otros los superaron ampliamente. Esta disparidad explica en parte la variabilidad observada en las tendencias de estimación de superficie entre las distintas zonas.

En relación con la disponibilidad hídrica, los mapas elaborados por SMN–INTA–FAUBA indicaban, al momento del relevamiento, una condición muy buena en el norte y sur provincial, con una disminución hacia el centro. En ese contexto, la mayor parte de los cultivos estivales aún se encontraba en etapas de consumo activo de agua, lo que implicaba una demanda sostenida sobre los perfiles; el girasol y el maíz de primera constituían la excepción, dado que ya habían alcanzado la madurez y presentaban avances en la cosecha.

Respecto al pronóstico trimestral, para el otoño se prevén precipitaciones por debajo de lo normal en la mayor parte del territorio provincial y temperaturas superiores a los valores medios. Estos meses son clave para la recarga de los perfiles, ya que los lotes comienzan a liberarse y, a partir de mayo, se inicia la siembra de los cultivos invernales.