El complejo manisero argentino: exportaciones, innovación y sostenibilidad

El complejo manisero argentino: exportaciones, innovación y sostenibilidad

Con Córdoba como epicentro productivo, Argentina se consolida entre los principales actores del mercado mundial del maní y ocupa el segundo lugar entre los exportadores. Con un aporte de USD 1.100 millones por campaña, la cadena se distingue por aplicar un modelo de economía circular que aprovecha el cultivo de manera integral y convierte sus residuos en energía, materiales e insumos de mayor valor agregado.

Datos del mercado mundial

  • Producción

Según datos del Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA), la producción mundial de maní promedia los 50,7 millones de toneladas por campaña. El principal productor es China con el 37% del mercado, que se traducen en 18,8 millones de toneladas, seguido por India con el 14% (6,9 millones de Tn) y Nigeria con el 10% (5 millones de Tn). Por su parte, Argentina se encuentra en el sexto puesto con el 3% de participación que se traducen en unas 1,4 millones de toneladas.

  • Consumo

El consumo humano mundial de maní en grano supera las 24 millones de toneladas por campaña (el 48% de la producción mundial) en donde China también se posiciona en el primer puesto con 7,9 millones de toneladas consumidas, lo que implica el 33% del consumo mundial. En segundo puesto se posiciona Nigeria, con el 12% del mercado, que se traducen en casi 3 millones de toneladas, mientras que el tercer puesto lo ocupa India con el 6,5% del consumo total, que representan 1,5 millones de toneladas. Respecto a Argentina, el país tiene la posición 34° dentro del consumo mundial, con un consumo de maní grano de 91 mil toneladas anuales.

Tabla N°1: Principales países consumidores de maní en grano

Fuente: Elaboración de la BCCBA a partir de PS&D- USDA (2026)

En cuanto al consumo per cápita -la cantidad de kilos promedio de maní consumidos por habitante en un año- Nigeria se posiciona en el primer puesto con 11,9 kg por persona al año, ya que, si bien el consumo es un tercio del de China, la población es 5,8 veces menor que la del país asiático. En el segundo puesto se posiciona China, con un promedio de 5,6 kg por persona al año, mientras que el tercer puesto se encuentra Canadá con 4,3 kg de maní por persona. El cuarto puesto lo comparte Indonesia y Estados Unidos con 4,2 kg/persona/año. Por su parte, Argentina se encuentra en la sexta posición, con una ingesta de 2 kg de maní al año por persona.

  • Molienda

El 38% de la producción mundial se destina a la molienda, porcentaje que se traduce en 19,1 millones de toneladas en promedio por campaña. Más de la mitad de esta molienda se desarrolla en China, con un promedio de 9,8 millones de toneladas por ciclo. En segundo lugar, con el 19,8% del total, se posiciona India que transforma 3,8 millones de toneladas, mientras que el tercer lugar lo ocupa Myanmar con 819 mil toneladas molidas por campaña, explicando el 4,3% del total. Por su parte, Argentina muele 193 mil toneladas en promedio por campaña, explicando el 1% de la molienda mundial.

El 14% restante de la producción se destina a consumo doméstico de residuos alimenticios, que se traducen en 6,9 millones de toneladas por ciclo.

  • Comercio externo

En cuanto al comercio internacional de esta oleaginosa, por el lado de la exportación se comercian 4,8 millones de toneladas por campaña en promedio, en donde el 83,5% del mercado se encuentra concentrado entre los primeros seis países exportadores. En primer lugar, se posiciona India con el 22% del total del mercado, que coloca 1,1 millones de toneladas en el mercado. En segundo lugar, se posiciona Argentina, con el 21,3% de la oferta total, que representan 1,02 millones de toneladas, seguido por China con el 12,9% (610 mil toneladas), Estados Unidos 12,6% (600 mil Tn), Brasil con el 9,2% (440 mil Tn) y en la sexta posición Sudán con el 5,4% (260 mil toneladas) sobre el total.

Tabla N°2: Principales países exportadores de maní

Fuente: Elaboración de la BCCBA a partir de PS&D- USDA (2026)

El mercado importador se encuentra más diversificado ya que los primeros seis países representan el 68,3% del mercado. Con un total de 4 millones de toneladas en promedio por campaña, la Unión Europea se posiciona en el primer puesto con el 22,8% de las importaciones totales, que representan 917 mil toneladas. En segundo lugar, con el 17,5% del total, China se posiciona con una demanda de más de 700 mil toneladas, seguido por Indonesia con el 11,3% (453 mil Tn), mientras que el cuarto y quinto puesto se ubican Vietnam y México con una demanda de 259 y 210 mil toneladas respectivamente, que implica el 6,4% y el 5,2% del mercado. Finalmente Rusia se ubica en el sexto puesto con 204 mil toneladas demandadas (5,1% del mercado importador).

Tabla N°3: principales países importadores de maní

Fuente: Elaboración de la BCCBA a partir de PS&D- USDA (2026)

La industria manisera en Argentina

  • Producción

Aunque el maní es una planta que se desarrolla en zonas subtropicales, la misma se ha adaptado de forma favorable en Argentina, promediando una producción de 1,4 millones de toneladas por campaña. Internamente, la provincia de Córdoba representa el 75,4% de la producción nacional, seguido por Buenos Aires con el 12,9% y La Pampa con el 5,1%. Otras provincias que participan en la producción de esta oleaginosa son: San Luis con el 3,5%, Santa Fe 2,4%, y el restante 0,6% se divide en Tucumán, Salta, Catamarca, Jujuy y Santiago del Estero.

La fecha de siembra ideal en Córdoba son las primeras semanas de noviembre, momento en el cual se lleva adelante el 50% de la siembra, culminando entre finales de diciembre a principios de enero.

Según estimaciones del Departamento de Información Agronómica de la Bolsa de Cereales de Córdoba (DIA-BCCBA) en la provincia se producen en promedio casi un millón de toneladas de maní en caja, que se traducen en 686 miles de toneladas de maní en grano. Las variaciones productivas pueden deberse tanto a condiciones climáticas como de mercado, dado que por la posición de Argentina en el comercio mundial es influyente en la formación de precios.

  • Industrialización

En Argentina se industrializan 187 mil toneladas por campaña, siendo Córdoba la provincia que concentra el 90% de la actividad, debido a que cuenta con la capacidad industrial concentrada en el sur provincial. Del proceso de molienda se obtienen tres subproductos, a saber, aceite, pellet y expeller, con una participación del 39%, 55% y 6% respectivamente.

El ciclo 2024/25 se configuró como récord con una molienda de 280 mil toneladas. En particular, el aceite experimentó un incremento del 119% respecto a la campaña pasada, generándose 116 mil toneladas, los pellets un crecimiento del 117% posicionándose en 147 mil toneladas y 17 mil toneladas de expeller, que representó un aumento del 43%. Lo anterior fue producto del Decreto 38/2025, publicado en enero del 2025, mediante el cual se redujo a 0% los derechos de exportación del maní blancheado y residuos sólidos de la molienda de maní, como tortas, expellers, pellets y harina de tortas, lo que generó un incentivo a la industrialización y la exportación de productos con mayor valor agregado.

  • Comercio externo

Las exportaciones argentinas de maní promedian las 798 mil toneladas por campaña, configurándose la campaña 2024/25 como récord con más de 933 mil toneladas. Dentro de los productos comercializados hacia el exterior se encuentran: el maní blancheado y confitería (con un promedio de 377 mil toneladas), maní tostado/manteca (219 mil toneladas), aceite de maní (69 mil toneladas) y pellet de maní (19 mil toneladas).

En cuanto al ingreso de divisas, promediando las últimas cinco campañas, el complejo manisero genera USD 1.110 millones, siendo el maní blancheado el principal producto del complejo con ingresos por USD 488 millones. Seguido por el maní tostado (USD 312 millones), el aceite (USD 94 millones) y finalmente el pellet de maní (USD 5 millones).

Se destaca que, si bien la campaña 2024/25 fue récord en términos de volumen exportado, eso no se tradujo en una mayor recaudación de divisas debido a menores precios experimentados.

El principal destino de exportación del maní argentino es la Unión Europea, siendo Países Bajos el principal receptor con un promedio de 245 mil toneladas, lo que se traduce en el 35% del mercado, seguido por Polonia con el 6% de participación. Otro de los destinos del maní es el Reino Unido, con el 8% de participación, seguido por Rusia con el 4% y China con el 3%.

Economía 360°: destino de los residuos del complejo manisero

A la industria manisera se la reconoce como una economía 360° en el sentido que todos los componentes del cultivo son aprovechados y valorados en el mercado, sin desperdiciar ninguna parte. En particular, la cáscara de maní puede ser utilizada para generar energía renovable, alimento veterinario, relleno de suelo, fabricación de materiales de construcción, entre otros.

  1. Generación de energía

A través del Mercado a Término de Energías Renovables (MATER) de la Compañía Administradora del Mercado Mayorista Eléctrico S.A. (CAMMESA), se contabiliza la energía que se incorpora al sistema eléctrico proveniente de la biomasa, en particular, en la provincia de Córdoba se produce con la cascara de maní, mediante tres empresas: Prodeman, Lorenzati, Ruestch y Cía y Embio.

La primera, localizada en General Cabrera (departamento de Juárez Celman), desarrolla su actividad a través de su unidad de negocio OC BIO. Con una capacidad productiva de 10 megavatios por hora puede abastecer hasta 18 mil hogares al año, demandando 240 toneladas de cáscara y operando 330 días al año las 24hs. De los gigavatios por hora (GWh) generados por año, el 70% pertenecen a la producción de Prodeman, promediando los 54 GWh por año.

En cuanto a Lorenzati, Ruestch y Cía, se localiza en Ticino departamento de General San Martín, a través de su unidad productiva GTB (Generación Ticino Biomasa) comenzó su actividad en 2018 con una capacidad productiva de 4,63 MW. Si bien su insumo principal es la cascara de maní, eventualmente ante faltante de la misma, puede utilizar chip de madera. Esta empresa implica el 30% restante de generación, que se traducen en 23 GWh.

Finalmente, Embio, ubicada en Las Junturas en el departamento de Río Segundo, administra Generación Las Junturas (Central Térmica de Biomasa- CTBM) que cuenta con una potencia instalada autorizada de 0,55 MW. Sin embargo, en los últimos años no ha inyectado energía al sistema.

Para los primeros ocho meses del año se han generado 50,9 GWh de energía, un 19% más comparando el mismo periodo del año pasado, aumentando al 78% la participación Prodeman mientras que Lorenzati inyecta el 22% restante.

2. Material para construcción

A partir de diferentes estudios se ha determinado que la cáscara de maní puede ser utilizada en el proceso de fabricación de materiales para la construcción. Mediante su incorporación en matrices cementicias o poliméricas (resinas), es posible fabricar ladrillos, bloques, placas para cielorrasos y tableros aglomerados similares a los de madera. Dentro de sus ventajas, se considera una alternativa liviana y con buenas propiedades de aislamiento térmico, además de representar una opción económica competitiva frente a materiales convencionales como el yeso o la madera. Desde el lado ambiental, se presenta como una alternativa viable ya que no genera impacto negativo para el ambiente al necesitar escasa energía y no producir nuevos residuos sólidos.

La empresa Prodeman a través de su unidad de negocio OC Bio además de generar energía, con las cenizas provenientes de la quema de la cáscara de maní producen ladrillos macizos a través de instalaciones propias operadas por 2 personas.

3. Producción de biocarbón

El Instituto de Investigaciones en Biociencias Agrícolas y Ambientales (INBA-Facultad de Agronomía de la UBA/CONICET) sometió al proceso de pirólisis a la cascara de maní obteniendo como resultado biocarbón, que puede ser utilizado como enmienda para los suelos.

De acuerdo con la actualización del balance de biomasa con fines energéticos en la Argentina de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) y parámetros técnicos, se calcula el potencial productivo de biocarbón a partir de los residuos del maní. Según la FAO, las procesadoras de maní en Córdoba generan 325.805 toneladas por año, por lo que dependiendo el rendimiento del proceso se podrían generar entre 65 y 163 mil toneladas de biocarbón por año.

Para más información sobre el biocarbón y su potencial en Argentina puede consultarse el Informe Económico N°475

3.1 Iniciativas internacionales

Una iniciativa interesante se ha desarrollado en Australia, donde un grupo de científicos de la Universidad de New South Wales desarrolló biocarbón con la cáscara de maní través de procesos térmicos controlados, con una duración de diez minutos, y cuyo costo ronda los USD 1,3 por kilogramo en energía. Dentro de los potenciales usos de este material se encuentran las baterías de ion-litio para dispositivos electrónicos o como fuente de energía para automóviles eléctricos.

4. Producción de otros insumos

A partir de la cáscara de maní puede obtenerse una amplia variedad de productos. El Instituto Nacional de Tecnología Industrial (INTI) desarrolló un método para producir colorante natural, mientras que la Universidad Nacional de Villa María (UNVM) busca generar plásticos biodegradables —en particular, papel tipo film— mediante un proceso químico. Además, este residuo puede utilizarse como alimento para ganado o animales de corral.

Conclusión

La cadena manisera argentina ocupa una posición estratégica tanto en el mercado internacional como en la economía regional. Aunque el país no se ubica en los primeros puestos como productor mundial, su marcada orientación exportadora lo ubica entre los principales proveedores globales, con Córdoba como núcleo de la producción, la industrialización y la generación de valor. El récord de molienda y exportaciones de la campaña 2024/25 refleja la capacidad del sector, aunque la evolución de los precios internacionales continúa siendo determinante para el ingreso de divisas.

A su vez, el aprovechamiento integral de la cáscara y de otros subproductos consolida un modelo de economía 360°, capaz de transformar residuos en energía renovable, materiales para la construcción, biocarbón y nuevos insumos. Esta diversificación no solo reduce el impacto ambiental, sino que también amplía las posibilidades de innovación, inversión y desarrollo territorial. Para que el sector continúe creciendo, es necesario fortalecer la competitividad, en conjunto con reglas transparentes en la macroeconomía.

La Pampa. La cosecha más lenta de maíz cerró con una producción récord de 4,9 Mtn

La Pampa. La cosecha más lenta de maíz cerró con una producción récord de 4,9 Mtn

Después de la cosecha más lenta de la serie, el maíz cerró con 4,9 Mtn, la mayor producción registrada, y llevó la campaña estival 2025/26 a casi 7 millones. Los rindes superaron lo esperado, y un septiembre más seco permitió terminar la trilla en los lotes que habían quedado rezagados.

Con el relevamiento de fines de septiembre, la cosecha de maíz llegó prácticamente a su fin, luego de una campaña en la que la labor avanzó al ritmo más bajo de la serie. Según los técnicos zonales, la humedad del grano demoró el inicio de la trilla, pero una vez que pudo cosecharse los resultados superaron lo esperado. La nueva estimación de producción se ubicó por encima de la de agosto, con un aumento del rinde promedio provincial de cerca de un quintal, y la campaña cerró como la de mayor volumen de la serie, ubicándose un millón y medio de toneladas por encima del promedio histórico.


Tablero interactivo – Estimaciones por departamento


Referentes locales destacaron el desempeño de los maíces tardíos de primera, con valores de hasta 95 y 100 qq/ha en Intendente Alvear, Vértiz, Mauricio Mayer y General Pico, aunque en otras zonas de Quemú Quemú rindieron por debajo de lo proyectado. Los maíces de segunda rindieron menos: en Conhelo, Winifreda y Pichi Huinca, el perfil seco que dejaron los cultivos invernales y las escasas lluvias estivales limitaron su desarrollo, y en otras zonas también influyeron las heladas y la seca de diciembre. En el noreste, en Vértiz, Intendente Alvear, Realicó, Speluzzi y General Pico, los bajos anegados por las lluvias entre junio y agosto impidieron cosechar parte de los lotes.

Elaboración del DIA-BCCBA a partir de la Red de Colaboradores

Respecto del maíz guacho, la presencia fue nula a baja en toda la zona relevada, ya que las heladas impidieron la emergencia o eliminaron las plántulas nacidas, con algunos primeros brotes en sectores puntuales. En ese escenario, el Informe N°50 de la Red Nacional de Monitoreo de Dalbulus maidis no registró capturas de chicharrita en ninguna de las trampas de la provincia durante la primera quincena de septiembre. De cara a la nueva campaña, la baja presencia de maíces voluntarios y la ausencia del vector son señales favorables, aunque la Red mantiene como prioridad el control de los guachos y el monitoreo desde la emergencia de los primeros maíces

Contexto climático

Las precipitaciones acumuladas durante septiembre se ubicaron por debajo del promedio histórico en gran parte de la provincia, excepto en Guatraché y Hucal. Este régimen más seco favoreció el cierre de la trilla en los lotes que habían quedado rezagados por las lluvias de los meses anteriores.

Elaboración del DIA a partir de la Red de Estaciones Meteorológicas de la BCCBA

El Niño se lleva bien con los drones: cómo aprovecharlos en un contexto de mayores lluvias

El Niño se lleva bien con los drones: cómo aprovecharlos en un contexto de mayores lluvias

Una campaña que supone mayor nivel de precipitaciones puede acelerar la adopción de drones para realizar aplicaciones, cuando las máquinas terrestres no pueden ingresar. Cuáles son las claves ineludibles para incorporar esta tecnología.

Frente a un potencial panorama de excesos hídricos que puede provocar un año bajo el fenómeno El Niño, los drones agrícolas asoman como aliados para resolver la problemática que se genera cuando entrar al lote se vuelve inaccesible. 

Con el primer Congreso Internacional de Drones celebrado en Tucumán hace poco menos de un mes, instituciones como el Instituto Nacional de Tecnología Agropecuaria (INTA), el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (Senasa) y la Administración Nacional de Aviación Civil (ANAC), mostraron que el debate por su uso y regulación está encendido. 

Sin embargo, especialistas en aplicaciones aero agrícolas y miembros del CONICET han encendido pequeñas alertas respecto a la discusión que viene aparejada con esta tecnología agrícola y que sobrepasa la mera adquisición. Y es que, no basta con comprar un equipo, cargarlo con producto y hacerlo despegar.

EL BOOM DE LOS DRONES

En ese sentido, el ingeniero agrónomo Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro, opinó desde el punto de vista de la compañía que “volar es relativamente sencillo” cuando se habla de un robot autónomo.

“Uno le indica cuál es el lote, genera el plan de vuelo, arranca y vuelve solo. Sin embargo, es muy importante capacitarse en la configuración de los parámetros de aplicación”, indicó.

Así, ante un escenario potencialmente más húmedo, el desafío no será solamente poder entrar al lote, sino hacerlo en el momento agronómico indicado. Porque muchas veces el principal costo de esperar a que seque el piso está en lo que sucede mientras tanto dentro del cultivo.

Y ahí es cuando incide una de las consideraciones a tener en cuenta: el llegar a tiempo, porque una maleza no deja de crecer porque la pulverizadora no pueda entrar. En un barbecho, esperar puede significar encontrarse con plantas de mayor tamaño y más difíciles de controlar. 

Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro

“Si no puedo entrar y no aplico, las malezas siguen creciendo. Una maleza adulta es mucho más resistente y tolerante que una joven. Por eso, entrar y aplicar en el momento justo, representa también un ahorro, ya que impacta directamente en la eficacia del control y en la eficiencia de la aplicación”, sostuvo Fernández Koller.

El mismo concepto se extiende a los preemergentes, donde una demora puede terminar retrasando la siembra, y a los postemergentes. Con fungicidas e insecticidas, la oportunidad puede ser todavía más crítica.

“Al tener una ventana de aplicación acotada, si una enfermedad o una plaga avanza mientras no podemos entrar, el control pierde eficacia y el daño puede llegar a comprometer la formación y el llenado de los granos, y por ende, el rendimiento final del cultivo”, agregó.

El valor del dron reside así en la posibilidad de aplicar cuando el cultivo lo necesita, independientemente de las condiciones de transitabilidad y de suelo.

Asimismo, el no circular sobre el lote evita el pisoteo, que puede generar pérdidas de rendimiento de entre 2% y 4% en aplicaciones terrestres, dependiendo de las condiciones de trabajo. Y en un año húmedo también evita ingresar con maquinaria pesada sobre suelos con exceso de agua, con el consecuente riesgo de huellas y compactación.

LOS DRONES Y LOS ERRORES QUE HAY QUE EVITAR

Ahora bien, poder entrar al lote no garantiza por sí solo una buena aplicación. Y allí aparecen dos cuestiones agronómicas que, según Fernández Koller, son fundamentales para quienes se inician en el uso de drones: la preparación de la mezcla y la calidad de aplicación.

“Con el dron trabajamos con muchos menos litros por hectárea y una solución mucho más concentrada. Por eso, lo primero y más importante es que la mezcla sea correcta y prestar mucha atención a la dilución de los principios activos”, explicó.

La segunda diferencia está en el recorrido que realiza la gota. Mientras una pulverizadora terrestre trabaja a poca distancia del objetivo, el dron puede hacerlo a tres o cuatro metros de altura.

“Ahí la física del viento y las condiciones ambientales tienen un impacto enorme sobre la gota. La calidad de aplicación con un dron es más desafiante y por eso hay que trabajar correctamente la calibración y los coadyuvantes que ayudan a darle estabilidad”, señaló.

A esto se suma otro riesgo: trasladar automáticamente al dron la misma receta utilizada en una pulverizadora.

Al trabajar con gotas más concentradas, Fernández Koller advierte que una sobredosificación puede aumentar los casos de fitotoxicidad sobre el propio cultivo. Por eso, más que aplicar recetas generales, el especialista pone el foco en ajustar cada tratamiento y capacitar al operador.

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Desde Bidcom Agro instan a pensar el dron como parte de un sistema de aplicación.

Por último, si hay un punto que es común a la discusión, es que el dron debe pensarse como parte de un sistema de aplicación: la eficiencia viene de la mano con la previsión de abastecimiento de agua, la preparación y agitación del caldo, la carga de baterías y la logística. 

DRONES: LA CAPACITACIÓN ES CLAVE

Para lograr un buen comienzo con esta nueva tecnología, Bidcom Agro ofrece DJI Academy, un programa de capacitación con contenidos teóricos y prácticos que abarca desde las especificaciones del equipo y la configuración del plan de vuelo hasta la manipulación de productos, la seguridad operacional, la calidad de aplicación y las destrezas de vuelo a campo. 

Los cursos son dictados por distribuidores de la red certificados por Bidcom Agro y DJI, y se brindan a cada cliente que recibe su primera entrega técnica. Además, la compañía organiza jornadas de capacitación DJI Academy en distintos puntos del país para interesados que no poseen drones. 

Antes de adquirir un equipo, otra alternativa es recurrir a los contratistas especializados que comenzaron a expandirse junto con esta tecnología.

“Se puede averiguar qué contratistas están trabajando en la zona, conocer cómo vienen operando y probar la tecnología”, sugirió.

Según la compañía, actualmente sus ventas se reparten en proporciones similares entre productores y prestadores de servicios.

Después de la decisión estratégica del negocio respecto a la compra del equipo, el primer interrogante es quién lo operará; puede ser el productor o alguien del establecimiento. Empresas como Bidcom Agro instigan a considerar la capacitación al recurso humano como parte de la inversión. 

En este caso particular, la empresa realiza una entrega técnica que incluye mantenimiento, recomendaciones agronómicas y las primeras prácticas de vuelo a campo, con el acceso a DJI Academy. Además, aconseja revisar las exigencias regulatorias de cada provincia antes de operar. 

Cabe recordar que Bidcom Agro comercializa distintos modelos de DJI Agras según escala y tipo de usuario:

  • El T55, orientado a quienes comienzan
  • El T70, de mayor capacidad de trabajo, para productores de mayor escala y contratistas
  • El T100, que se diferencia por su robustez y sistemas de seguridad.

La compañía ofrece financiación propia, acuerdos bancarios y operaciones mediante canje de granos.

El furor por estas herramientas viene creciendo en los últimos años, y el INTA —a través de la Red de Drones y del Programa Nacional AgTech— ha impulsado iniciativas como encuestas nacionales para recabar información sobre el uso y la adopción de drones en la producción agropecuaria de Argentina.

Según Bidcom Agro, el parque de drones agrícolas habría pasado de unos 100 equipos en 2023 a alrededor de 3.000 en 2026.

El paso fundamental “es entender cómo utilizarlo correctamente, para aprovechar la tecnología, para llegar al cultivo en el momento indicado, sin resignar calidad de aplicación”, concluyó Fernández Koller.

Riego solar y subterráneo: el modelo del INTA para elevar rindes y superficie en campos sin energía eléctrica

Riego solar y subterráneo: el modelo del INTA para elevar rindes y superficie en campos sin energía eléctrica

Estudios del INTA Manfredi muestran que, con la incorporación de paneles solares, se logra aumentar las láminas de riego aplicadas, lo que puede redundar en mayores rindes y la siembra de más hectáreas con la misma cantidad de agua

Un equipo de especialistas del INTA Manfredi desarrolló una línea de investigación sobre riego enterrado por goteo, para cultivos extensivos alimentado con paneles solares y sin conexión a la red eléctrica (sistema off grid).

El trabajo apunta a generar una alternativa para establecimientos que no disponen de ese servicio o para lugares donde extender el tendido resulta demasiado costoso.

El estudio permitió avanzar en la definición de parámetros para implementar estos sistemas, desde el caudal necesario por hectárea hasta la potencia de la bomba y del parque fotovoltaico, como las horas de riego disponibles a lo largo del año.

El tema forma parte de la 9.ª Reunión Internacional de Riego y 3.ª Exporiego, que se realiza este miércoles y jueves en el INTA Manfredi (Córdoba). El encuentro incluirá actualizaciones técnicas e intercambio de experiencias en innovaciones de sistemas de riego, energía, automatización y agricultura de precisión.

Ignacio Severina, investigador del INTA Manfredi, explicó que el esquema off grid está pensado para campos sin acceso a la red.

“Muchas veces llevar la electricidad hasta el establecimiento tiene un costo muy alto”, señaló. En los sistemas on grid (conectados a la red), en cambio, los paneles complementan el suministro convencional y permiten reducir entre un 20 y un 30 % el costo de la energía.

RIEGO PARA FORTALECER DEL SISTEMA

El equipo del INTA Manfredi investiga el riego por goteo enterrado desde 2012. En una primera etapa utilizó equipos eléctricos. En 2022, mediante un convenio de vinculación tecnológica con Tonka Solar y Rivulis-Conci, reemplazó una de las dos bombas de la perforación por una bomba solar Lorentz, de origen alemán, e instalaron los paneles necesarios para abastecerla.

El equipo instalado tiene una bomba que eroga un caudal de 24 metros cúbicos por hora (m³/hs) y una potencia de 10 kilovatios (kW) para regar 6 hectáreas, mientras que el parque fotovoltaico alcanza una potencia máxima de 18 kW.

“Esa diferencia permite prolongar el período de uso ante una caída de la radiación; sobredimensionamos el parque solar para tener más horas de riego y poder trabajar también en días nublados”, indicó Severina.

La fuente de energía también cambió la lógica de manejo. Con electricidad, el riego se activaba de acuerdo con el balance hídrico y la demanda del cultivo.

“La bomba solar, en cambio, comienza a trabajar a partir de un nivel suficiente de radiación y se detiene al oscurecer, regando todos los días del año para aprovechar la luz solar y, de no ser necesario, aplicar al cultivo. En este caso se realizan riegos de recargas del perfil en momentos de baja demanda de los cultivos”, explicó el investigador.

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Las seis hectáreas iniciales se dividieron entre dos planteos: tres con rotación trigo y soja de segunda, y otras tres con maíz.

Durante los primeros dos años, el objetivo fue determinar la cantidad de lámina posible de aplicar a los cultivos con este sistema, tratando de regar todos los días, y obtener parámetros de diseño como horas de riego mensuales y diarias.

En trigo, la lámina aplicada durante los 10 años previos con el sistema eléctrico fue de unos 300 mililitros, frente a 520 mililitros con el sistema solar. En ese período, el rendimiento pasó de 55 a cerca de 70 quintales por hectárea (qq/ha).

“Estamos comparando 10 años contra dos, por lo que hay que tomar el dato con cautela. El agua aumentó mucho más que el rendimiento”, advirtió Severina.

En soja de segunda, la lámina pasó de 100 mililitros con el sistema eléctrico a 300 mililitros con el solar, mientras que en maíz aumentó de 250 a 500 mililitros.

Sin embargo, los rendimientos tuvieron poca variación: la soja se mantuvo en torno de 35 qq/ha y el maíz pasó de 15 a 16 toneladas por hectárea. Se aplicaba mucha más agua, pero la respuesta productiva era muy baja.

“La gran conclusión fue que estábamos aplicando casi el doble de agua y los rendimientos aumentaban poco. Con el sistema eléctrico ya habíamos logrado regar con el agua justa y alcanzar rendimientos altos. Eso indica que nuestra metodología de balance hídrico está bien calibrada y validada para la región”, señaló el investigador.

SUPERFICIE DUPLICADA

A partir de esa evidencia, durante los dos años siguientes se cambió la estrategia. “Duplicamos la superficie: pasamos de 6 a 12 hectáreas, es decir que ahora tenemos dos metros cúbicos para regar una hectárea con la misma bomba, y obtuvimos niveles de riego más parecidos a los que usábamos con el sistema eléctrico”, detalló Severina.

En trigo aplicaron alrededor de 350 mililitros y obtuvieron 65 qq/ha, unos cinco quintales más que la referencia del sistema eléctrico. En maíz utilizaron cerca de 250 mililitros y alcanzaron 15 toneladas por hectárea. En soja de segunda, la lámina se ubicó en unos 200 mililitros y el rendimiento permaneció alrededor de 35 qq/ha.

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El segundo período mostró que la misma infraestructura podía abastecer el doble de superficie sin una caída relevante de los rendimientos. El aprendizaje fue ajustar el agua a los requerimientos de los cultivos y aprovechar la capacidad disponible para ampliar el área bajo riego, en lugar de aplicar toda el agua que permitían las horas de energía solar.

PARÁMETROS DE DISEÑO

A partir de los cuatro años de ensayos, el equipo pudo generar información para pasar de la experiencia experimental al diseño de instalaciones a campo. Uno de los principales resultados fue establecer como referencia un caudal de 2 metros cúbicos por hectárea a regar.

“Es un gran dato, porque lo primero que necesita saber un productor que quiere instalar este sistema es qué caudal requiere para la superficie que va a regar”, destacó Severina.

Así, para un planteo de 50 hectáreas habría que considerar un caudal cercano a 100 metros cúbicos y, a partir de ese valor, seleccionar la bomba. En el ejemplo planteado por el especialista, un equipo para ese requerimiento podría demandar unos 100 kW y un parque fotovoltaico cercano a 200 kW.

Además, los ensayos mostraron que los paneles deben tener una potencia superior a la demanda de la bomba para ampliar la ventana diaria de trabajo. Como referencia, el parque fotovoltaico se proyecta con cerca del doble de la potencia requerida por el equipo de bombeo. Esa diferencia permite sostener el riego ante niveles de radiación inferiores al máximo.

Otro dato generado por el trabajo es la disponibilidad energética a lo largo del año. En la zona de influencia del INTA Manfredi, el sistema acumula unas 1.950 horas anuales de riego, con un promedio cercano a siete horas diarias durante el período de uso. La cantidad de horas es menor en invierno y aumenta en verano. Es como disponer de unos 80 días de riego eléctrico.

Con ese esquema, las láminas que surgieron como referencia son de alrededor de 300 mililitros para trigo, 250 mililitros para maíz y 200 mililitros para soja. El caudal por hectárea, la potencia necesaria, las horas de uso y los requerimientos de cada cultivo conforman así una base técnica para definir cuánta superficie puede abastecer un sistema off grid antes de realizar la inversión.

El año Niño obliga a practicar una nutrición inteligente

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Dos expertos, uno en clima y otro en nutrición, brindaron recomendaciones para para nutrir cultivos en este ciclo, que tendrá un impacto diferencial entre zonas productivas.


Los productores enfrentan una campaña particular, marcada por la incertidumbre que plantea el año Niño y el impacto potencial sobre la productividad de los cultivos.

Frente a esto, en una capacitación virtual titulada “Claves de nutrición para transitar un año Niño”, la empresa Yara abordó conceptos claros y concretos sobre la fertilización de los cultivos extensivos e intensivos junto a dos especialistas: uno en Agroclimatología, Eduardo Sierra, y el Dr. en Ciencias Agropecuarias, Gabriel Espósito.

En la descripción general del panorama del año Niño, Sierra sostuvo que ya están las condiciones dadas las condiciones en la “zona control” del Pacífico Ecuatorial para que el desencadenamiento de un ciclo con lluvias abundantes y por encima del promedio para la Región Pampeana.

“Los registros térmicos actuales en el océano Ecuatorial demuestran que no será un Niño típico, sino que tendrá un mayor impacto, comparable con lo sucedido con los ‘super Niños’ de las campañas 1982/83, 1991/92, 1997/98 y 2015/16”, advirtió el experto y, agregó, que la expresión máxima de esta temporada en Argentina se sentirá recién en febrero de 2027. 

Por ahora, sostuvo Sierra, en la región Pampeana se mantienen los efectos del año Niña que se está terminando, con lo cual se mantendrá el clima templado hasta noviembre, con la entrada excepcional de ciertos pulsos polares, y un aumento de las lluvias que comenzará a finales de septiembre. De este modo, la temporada de “El Niño” quedará definida, aproximadamente, entre octubre de 2026 y abril de 2027. 

A lo largo de dicho semestre, será decisivo que los cultivos tengan una correcta implantación, la disponibilidad de nutrientes en el momento indicado y los mecanismos de defensa preparados, ante la probable condición futura del clima. Afrontar estos retos productivos se logra a partir de una nutrición basada en el diagnostico mediante el análisis de suelo.

“Es crucial que las etapas vegetativas sean vigorosas, donde la fertilización cumple un rol crítico en el desarrollo radical, atendiendo a los nutrientes necesarios que los suelos acusan cada vez mayores deficiencias, como es el caso del fósforo y del zinc, fundamentales para atravesar diversas situaciones de estrés, garantizando un buen crecimiento radical el primero y actuando como antioxidante y regulador del crecimiento, el segundo.”, destacó Espósito.

Para el caso puntual del maíz, el experto se refirió también al nitrógeno y al impacto del magnesio como un “antiestresante térmico”, que acusa año a año mayores deficiencias en la zona productiva.

“Una de las claves de este ciclo será la provisión apilada de los nutrientes ya que el maíz deja de producir un 25%, si solo se lo fertiliza con nitrógeno versus la práctica de cubrir nutrientes necesarios como nitrógeno, fósforo, azufre, boro, zinc, calcio y magnesio”, mostró el experto.

Además, enfatizó que es fundamental que las aplicaciones de nitrógeno sean divididas, y contemplar la elevada demanda del nutriente en estadios posteriores a la floración. En este sentido, el uso de fuentes a base de nitratos permiten no solo una adecuada sincronía con la demanda a lo largo del cultivo sino también, la mayor eficiencia en el uso de N.

También sugirió revisar la dosis de azufre, ya que los suelos están cada vez más empobrecidos en este nutriente, a la vez que diagnosticar los niveles de boro, que es un nutriente interviniente durante la floración.

Espósito también citó a los nutrientes fundamentales para la caña de azúcar, dirigiéndose a la región del Noroeste argentino. En este sentido, adecuados niveles de nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, zinc, boro y hierro son fundamentales para la producción azucarera.

Respecto a la soja, el especialista destacó, “Recordar que el cultivo tiene significativa respuesta a la fertilización de arranque con fósforo, azufre y zinc. Además, es fundamental la incorporación del boro, tanto en soja como en girasol, en sus planes nutricionales con el objetivo de fijar un mayor número de flores. De la misma manera que en el maíz, si apilamos fósforo, azufre y boro, los rendimientos aumentan hasta un 16% en la soja”. 

Por último, se destacó la estrategia defensiva que ofrece la bioestimulación frente a periodos de alto estrés térmico, especialmente probables en el mes de enero.

Drones pulverizadores: gota a gota, el agro vuela hacia una protección de cultivos más inteligente

Drones pulverizadores: gota a gota, el agro vuela hacia una protección de cultivos más inteligente

Los drones crecen como una herramienta estratégica para resolver aplicaciones en lotes complejos. Desde Rizobacter analizan el desafío de generar caldos de ultra alta concentración para ganar calidad en la aplicación.

En el mapa de la agricultura moderna, la digitalización y la automatización dejaron de ser promesas de futuro para convertirse en herramientas que ya transforman el trabajo agronómico a campo.

Dentro de ese proceso, los drones para pulverización comenzaron a ocupar un lugar cada vez más relevante.

Aunque todavía representan menos del 4% del mercado total de aplicaciones, su capacidad para resolver situaciones puntuales y de alta complejidad los posiciona como una de las tecnologías con mayor potencial de crecimiento.

Su adopción responde, sobre todo, a necesidades concretas frente a limitaciones geográficas, climáticas y operativas que la maquinaria terrestre tradicional no siempre puede resolver.

PRECISIÓN TÁCTICA Y SEGURIDAD EN EL LOTE

El diferencial del dron está en su versatilidad. En zonas de relieve accidentado, pendientes pronunciadas o cultivos perennes y frutales de altura, el ingreso de equipos autopropulsados o de arrastre puede implicar un elevado consumo de combustible, mayor desgaste mecánico y, en determinados casos, riesgos para el operario. La posibilidad de realizar la aplicación a distancia modifica esa ecuación.

“Si bien hoy no llega a representar el 4% del mercado, el universo de los drones vino a resolver necesidades muy concretas del usuario final, especialmente en zonas tácticamente difíciles, con pendientes, terrenos complejos o cultivos perennes donde ingresar con una máquina terrestre genera mucho desgaste y exige condiciones operativas más complejas”, explica Juan Pablo Timpone, gerente global de Adyuvantes de Rizobacter.

A esa capacidad de acceso se suma una mejora en las condiciones de trabajo. “La posibilidad de operar el equipo estando fuera del lote aporta una forma de trabajo más segura, cómoda y versátil, porque permite reducir la exposición del operario y llegar a lugares donde una máquina convencional tiene mayores dificultades”

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Esta flexibilidad también encontró un espacio dentro de la región núcleo y en las zonas de cultivos extensivos.

Allí, el dron no necesariamente compite con los equipos terrestres de gran escala, sino que puede complementarlos en aplicaciones focalizadas o cuando el tiempo se convierte en una variable crítica.

“Valoramos la decisión de los productores que utilizan el dron en pequeños lotes o para adelantar tratamientos mientras llega la maquinaria terrestre. De esa manera, se pueden escalonar las aplicaciones y actuar a tiempo sobre las curvas de desarrollo de enfermedades o adversidades“, destaca Timpone.

EL DESAFÍO DEL CALDO: CUANDO CADA GOTA CUENTA

El uso de drones introduce una limitación física determinante: la capacidad de carga y la autonomía energética. Para alcanzar un rendimiento operativo razonable, el volumen de agua aplicado por hectárea debe reducirse considerablemente, lo que obliga a trabajar con caldos de muy alta concentración.

En ese escenario, la calidad de la mezcla adquiere un papel central. Una formulación que no se comporte correctamente bajo esas condiciones puede comprometer la distribución de la gota, la cobertura y, en definitiva, la eficiencia de todo el tratamiento.

“La operatividad de los drones demanda caldos de ultra alta concentración para alcanzar una capacidad de trabajo adecuada. La limitación energética hace que, si se aplican volúmenes elevados, el rendimiento del equipo caiga fuertemente. Por eso, cada gota cuenta y concentra una inversión muy importante”, advierte el especialista de Rizobacter.

dron agro

Frente a este escenario, la estrategia de la compañía apunta a evitar que la reducción del volumen de agua implique resignar calidad de aplicación.

“Lo primero que estamos haciendo es validar todos nuestros productos para que tengan recomendación de uso en drones en sus respectivas etiquetas”, adelantó el protagonista.

“Entendemos que, aun trabajando con concentraciones elevadas, la necesidad de utilizar un antievaporante, un penetrante o un producto que aporte alto esparcimiento y estabilización sigue siendo la misma, porque la superficie que debemos tratar no cambia”, remarcó convencido Timpone.

En esa línea, la empresa apuesta por productos de alta eficiencia y bajas dosis, entre ellos Rizospray Wet, Rizospray Extremo y Rizospray Integrum, además de su corrector de agua y el limpiador de tanques.

El objetivo es que las formulaciones ocupen el menor espacio posible dentro del tanque y permitan reservar capacidad para el agua y los activos fitosanitarios necesarios.

Con dosis concentradas que pueden representar apenas el 20% de las utilizadas con adyuvantes tradicionales, el planteo busca mejorar la eficiencia logística del dron y, al mismo tiempo, sostener la calidad de la aplicación.

LA SEMILLA FUNDACIONAL DEL CAMPO QUE VIENE

El desafío, sin embargo, no termina en adaptar el portafolio existente. La compañía también trabaja en herramientas específicamente diseñadas para las condiciones físicas de los caldos de ultra bajo volumen, donde variables como la conductividad, la viscosidad y la estabilidad de las mezclas adquieren una importancia todavía mayor.

“Entendemos que el caldo preparado para un dron presenta desafíos particulares en términos de conductividad, estabilidad y viscosidad. Por eso, estamos desarrollando una solución específica para atender esos puntos de dolor y que el productor tenga la garantía de que cada producto de nuestro portafolio funciona como una pieza adaptada a las condiciones particulares del tratamiento con drones“, adelanta Timpone.

Para el responsable global de Adyuvantes de Rizobacter, la incorporación de esta tecnología excede a la herramienta en sí misma y puede convertirse en el punto de partida de una transformación más amplia dentro de la agricultura de precisión.

“Esta tecnología puede ser la llave de entrada a un cambio estructural en la gestión de los procesos de control de adversidades y fertilización. Con el tiempo quizás cambien los formatos y también el rol del operario agrícola. En ese sentido, el dron puede ser la semilla fundacional de un paradigma mucho más amplio“, concluyó.