El año Niño obliga a practicar una nutrición inteligente

El año Niño obliga a practicar una nutrición inteligente

Dos expertos, uno en clima y otro en nutrición, brindaron recomendaciones para para nutrir cultivos en este ciclo, que tendrá un impacto diferencial entre zonas productivas.


Los productores enfrentan una campaña particular, marcada por la incertidumbre que plantea el año Niño y el impacto potencial sobre la productividad de los cultivos.

Frente a esto, en una capacitación virtual titulada “Claves de nutrición para transitar un año Niño”, la empresa Yara abordó conceptos claros y concretos sobre la fertilización de los cultivos extensivos e intensivos junto a dos especialistas: uno en Agroclimatología, Eduardo Sierra, y el Dr. en Ciencias Agropecuarias, Gabriel Espósito.

En la descripción general del panorama del año Niño, Sierra sostuvo que ya están las condiciones dadas las condiciones en la “zona control” del Pacífico Ecuatorial para que el desencadenamiento de un ciclo con lluvias abundantes y por encima del promedio para la Región Pampeana.

“Los registros térmicos actuales en el océano Ecuatorial demuestran que no será un Niño típico, sino que tendrá un mayor impacto, comparable con lo sucedido con los ‘super Niños’ de las campañas 1982/83, 1991/92, 1997/98 y 2015/16”, advirtió el experto y, agregó, que la expresión máxima de esta temporada en Argentina se sentirá recién en febrero de 2027. 

Por ahora, sostuvo Sierra, en la región Pampeana se mantienen los efectos del año Niña que se está terminando, con lo cual se mantendrá el clima templado hasta noviembre, con la entrada excepcional de ciertos pulsos polares, y un aumento de las lluvias que comenzará a finales de septiembre. De este modo, la temporada de “El Niño” quedará definida, aproximadamente, entre octubre de 2026 y abril de 2027. 

A lo largo de dicho semestre, será decisivo que los cultivos tengan una correcta implantación, la disponibilidad de nutrientes en el momento indicado y los mecanismos de defensa preparados, ante la probable condición futura del clima. Afrontar estos retos productivos se logra a partir de una nutrición basada en el diagnostico mediante el análisis de suelo.

“Es crucial que las etapas vegetativas sean vigorosas, donde la fertilización cumple un rol crítico en el desarrollo radical, atendiendo a los nutrientes necesarios que los suelos acusan cada vez mayores deficiencias, como es el caso del fósforo y del zinc, fundamentales para atravesar diversas situaciones de estrés, garantizando un buen crecimiento radical el primero y actuando como antioxidante y regulador del crecimiento, el segundo.”, destacó Espósito.

Para el caso puntual del maíz, el experto se refirió también al nitrógeno y al impacto del magnesio como un “antiestresante térmico”, que acusa año a año mayores deficiencias en la zona productiva.

“Una de las claves de este ciclo será la provisión apilada de los nutrientes ya que el maíz deja de producir un 25%, si solo se lo fertiliza con nitrógeno versus la práctica de cubrir nutrientes necesarios como nitrógeno, fósforo, azufre, boro, zinc, calcio y magnesio”, mostró el experto.

Además, enfatizó que es fundamental que las aplicaciones de nitrógeno sean divididas, y contemplar la elevada demanda del nutriente en estadios posteriores a la floración. En este sentido, el uso de fuentes a base de nitratos permiten no solo una adecuada sincronía con la demanda a lo largo del cultivo sino también, la mayor eficiencia en el uso de N.

También sugirió revisar la dosis de azufre, ya que los suelos están cada vez más empobrecidos en este nutriente, a la vez que diagnosticar los niveles de boro, que es un nutriente interviniente durante la floración.

Espósito también citó a los nutrientes fundamentales para la caña de azúcar, dirigiéndose a la región del Noroeste argentino. En este sentido, adecuados niveles de nitrógeno, fósforo, potasio, magnesio, zinc, boro y hierro son fundamentales para la producción azucarera.

Respecto a la soja, el especialista destacó, “Recordar que el cultivo tiene significativa respuesta a la fertilización de arranque con fósforo, azufre y zinc. Además, es fundamental la incorporación del boro, tanto en soja como en girasol, en sus planes nutricionales con el objetivo de fijar un mayor número de flores. De la misma manera que en el maíz, si apilamos fósforo, azufre y boro, los rendimientos aumentan hasta un 16% en la soja”. 

Por último, se destacó la estrategia defensiva que ofrece la bioestimulación frente a periodos de alto estrés térmico, especialmente probables en el mes de enero.

Cuando llueve de más, improvisar sale caro: anticiparse puede hacer la diferencia

Cuando llueve de más, improvisar sale caro: anticiparse puede hacer la diferencia

El escenario climático que podría instalarse en los próximos meses obliga a mirar más allá del pronóstico. Desde el INTA advierten que el estado de los potreros, la alimentación, la sanidad y hasta la logística de traslado pueden definir cómo atraviesa el rodeo un período de excesos hídricos.


El agua puede ser una aliada para la producción ganadera, pero cuando llega en exceso y durante períodos prolongados también puede convertirse en un factor de riesgo. Frente a la posibilidad de un escenario asociado al fenómeno El Niño, especialistas del INTA Colonia Benítez, Chaco, elaboraron una guía técnica con recomendaciones para que los productores puedan anticiparse a eventuales anegamientos y evitar que las decisiones deban tomarse cuando las alternativas ya sean escasas.

La premisa que atraviesa el informe es sencilla: antes de mover hacienda, suplementar o reducir la carga, hay que saber exactamente qué está pasando en cada lote.

Mirar el campo antes de que llegue el problema
José Roselló, investigador del INTA y uno de los autores del informe, plantea que el primer paso frente a una emergencia es diagnosticar la situación real de cada potrero. Ese análisis debe contemplar el tipo, grado y duración de los excesos hídricos, el estado de las pasturas y pastizales, la superficie afectada, el nivel de pisoteo y compactación, los daños provocados por el agua y, especialmente, el potencial de recuperación de las plantas.

Un aspecto clave es que la recuperación del lote no termina cuando desaparece el agua. El ingreso demasiado temprano de los animales sobre el rebrote puede comprometer seriamente la recuperación de las pasturas.

Marcelo Pamies, especialista en pasturas del INTA, señala que en lotes con el suelo saturado puede limitarse el tiempo de permanencia de la hacienda. Una alternativa es el denominado “pastoreo por horas”, con ingresos de hasta cuatro horas diarias en superficies transitables y con suficiente acumulación de forraje, utilizando alambrado eléctrico para manejar la franja.

No todas las categorías tienen la misma prioridad
Si la oferta forrajera comienza a reducirse, la estrategia de alimentación también requiere establecer prioridades. En el rodeo de cría, el INTA recomienda comenzar por las hembras de reposición y continuar con los vientres, dando especial atención a las vacas preñadas, aquellas con baja condición corporal y las de menor dentición. Luego se ubican los vientres preñados en buena condición, las vacas vacías, los toros y los novillitos.

En ese contexto, el destete aparece como una herramienta de manejo especialmente relevante. Según Roselló, aunque implica afrontar el costo de la alimentación de los terneros, permite concentrarlos en superficies reducidas, mejorar su alimentación y, simultáneamente, disminuir los requerimientos nutricionales de las vacas y favorecer la reanudación de su actividad ovárica.

La planificación alcanza también a los comederos. El informe aconseja priorizar alimentos con mayor concentración de proteína y energía, disponer entre 30 y 50 centímetros de comedero por animal y trabajar con lotes homogéneos de hasta 200 cabezas. La adaptación a una nueva ración debe realizarse gradualmente durante unos cinco días para reducir el riesgo de trastornos digestivos.

La humedad también cambia el mapa sanitario
El exceso de agua y la concentración o traslado de animales pueden modificar las condiciones sanitarias habituales del establecimiento. Victoria Rossner, investigadora del INTA Colonia Benítez, remarca la necesidad de revisar anticipadamente el plan sanitario, con especial atención a la vacunación contra enfermedades clostridiales y leptospirosis, el control de garrapatas y el monitoreo de parasitosis internas. Los terneros recién nacidos o aquellos que permanecen al pie de la madre también requieren una vigilancia especial.

El momento de mover la hacienda puede ser antes de que sea urgente
Uno de los puntos centrales de la recomendación es la logística. Para los establecimientos que eventualmente deban trasladar animales, el INTA propone preparar con anticipación la documentación y el stock, mantener actualizadas las vacunaciones y la identificación del rodeo, localizar potreros altos o zonas seguras y asegurar disponibilidad de alimento y agua.

También resulta necesario estimar las reservas existentes y definir previamente qué categorías deberían movilizarse.

La advertencia cobra particular importancia para la hacienda ubicada en islas y zonas ribereñas bajas. “Conviene hacerlo mientras los caminos lo permiten”, señala el informe.

Fuente: TODOAGRO

Un campo de 100 hectáreas y una lluvia que equivale a 2.000 camiones: Cuando el agua sobra, el campo también necesita estrategia

Un campo de 100 hectáreas y una lluvia que equivale a 2.000 camiones: Cuando el agua sobra, el campo también necesita estrategia

La pérdida de estructura en el campo, tanto agrícola como ganadero, limita la infiltración y favorece el escurrimiento superficial. Especialistas analizaron como adaptar las decisiones productivas en un año en el que los pronósticos anticipan a “El Niño” de forma intensa.


Como una de las temáticas fundamentales de la Mega Exposición del Centro Argentino (MECA26), una de las principales conferencias se enfocó en cómo poder adaptar las decisiones productivas en un año en el que los pronósticos anticipan un “Niño Intenso”.

Las conferencias de la jornada  “Clima + Suelos + Agua” iniciaron con el Ing. Agr. Manuel Vicondo, del INTA, donde se repasaron las recomendaciones para los productores lecheros en cuanto a las limitaciones y manejos en las condiciones que se aguardan. Posteriormente fue el geólogo y especialista en suelos del INTA Rafaela, Rubén Tossolini (foto), el encargado de brindar sugerencias clave.

“El productor tranquera adentro tiene que hacer lo que puede, y uno de los temas fundamentales es sentarse con su asesor técnico para elaborar estrategias de cultivos que consuman agua”, remarcó al estimar precipitaciones que podrían superar los mil milímetros en la región central del país, superando la media tradicional.

La advertencia apunta a que la planificación de rotaciones agrícolas y la elección de cultivos no solo inciden en la productividad, sino también en la capacidad de los suelos de absorber y retener el agua.

El mensaje incluyó recomendaciones concretas sobre infraestructura interna de los establecimientos. Se destacó la necesidad de caminos bien abovedados, tubos de desagües limpios y especial atención a las lagunas de efluentes de los tambos, un punto sensible por el riesgo de contaminación de las napas.

“Hay que empezar a monitorear el nivel freático para saber en qué situación está el campo. Puede ser que tenga un respaldo de absorción de un volumen importante de agua o no. Si no medimos, no sabemos”, subrayó en referencia a la importancia de contar con información precisa para tomar decisiones.

La compactación de suelos fue otro de los ejes centrales
Se advirtió que tanto la agricultura intensiva como la ganadería ejercen presiones significativas sobre la fertilidad física del suelo.

“Un animal de 500 kilos con cuatro patas está ejerciendo una presión muy importante sobre nuestro suelo, y eso lo estamos observando en los dos sistemas de aprovechamiento más importantes”, se explicó, al señalar que la pérdida de estructura limita la infiltración y favorece el escurrimiento superficial.

Insistió en que evaluar el estado físico de los suelos es tan relevante como medir la humedad o la napa.

Para dimensionar la magnitud del desafío, se recordó que un campo de 100 hectáreas que recibe 100 milímetros de lluvia está gestionando un volumen equivalente a más de dos mil camiones cisterna descargando agua en el lugar. “Ese volumen debe infiltrarse y quedar en el suelo. Si no lo logramos, lo estamos tirando a la cuenca, y ahí entran a jugar otros actores como los comités de cuenca y los presidentes comunales”. Es una gran dificultad la de manejar grandes volúmenes de agua en zonas de llanura, donde la ausencia de pendientes y cauces naturales obliga a soluciones artificiales.

La propuesta técnica se completó con la recomendación de avanzar en esquemas de rotación de cultivos que aporten raíces y materia orgánica, favoreciendo la estructura del suelo y el consumo de agua.


“Hablar de fertilidad física requiere paciencia, porque los resultados se ven en varios años. Pero si logramos rotaciones adecuadas, evitamos que el suelo quede desnudo y conseguimos un consumo importante de agua”, se concluyó. Se advirtió además sobre el riesgo de monocultivos como la soja sobre soja, que apenas consumen entre 600 y 700 milímetros de agua, dejando excedentes que pueden provocar anegamientos o sobrecargar las napas.

La previsión para diseñar estrategias de manejo que permitan que el agua se infiltre y se aproveche, y la paciencia para sostener prácticas que requieren tiempo para mostrar resultados serán claves.

La gestión del agua no es solo un desafío inmediato, sino una construcción de largo plazo que involucra tanto decisiones individuales como coordinación institucional.

Proyectan hasta 90% más lluvias en un mes clave para la cosecha y la siembra

Proyectan hasta 90% más lluvias en un mes clave para la cosecha y la siembra

Un algoritmo de la Bolsa de Comercio de Rosario anticipa que el último mes del año podría concentrar el mayor exceso de precipitaciones del “Niño”, justo cuando coincidirán la cosecha de trigo con la siembra de soja de segunda y maíz tardío. Pero hay otro dato que puede ser todavía más importante: la frecuencia de las lluvias.


El “Niño” ya está instalado y todo indica que irá ganando intensidad durante la primavera. Pero si hay un mes que concentra las mayores señales de alerta para la campaña agrícola 2026/27, ese es diciembre.

La razón tiene dos caras. Por un lado, las proyecciones elaboradas por la Bolsa de Comercio de Rosario anticipan que la región núcleo podría recibir hasta un 90% más de precipitaciones que lo habitual durante ese mes. Por otro, ese exceso de agua coincidiría con una de las ventanas de trabajo más exigentes del calendario agrícola: cosecha de trigo, siembra de soja de segunda y maíz tardío. El desafío, entonces, podría no ser conseguir humedad para los cultivos, sino encontrar suficientes días secos para poder trabajar.

La estimación surge de la actualización de un algoritmo desarrollado por la BCR en 2023. Para esta campaña se utilizaron los registros históricos de 36 estaciones de la red GEA/BCR, junto con información actualizada de 10 modelos climáticos considerados entre los más estables.

El sistema analiza el comportamiento de las lluvias de los últimos 50 años y su relación con diferentes niveles de calentamiento del Pacífico. A partir de allí, permite estimar estadísticamente cómo podrían comportarse las precipitaciones entre octubre y diciembre, bajo un escenario de Niño fuerte a muy fuerte. Y los números muestran una escalada.

Octubre abre el escenario y noviembre lo intensifica
El incremento de las lluvias no se concentraría exclusivamente en diciembre. “Según el algoritmo, octubre podría registrar cerca de un 30% más de precipitaciones que lo normal y noviembre alrededor de un 70% más. Pero sería diciembre el mes en el que la señal se vuelve más contundente, con una estimación de hasta 90% por encima de los valores habituales”, explicó Alfredo Elorriaga, consultor de la Bolsa de Comercio de Rosario.

La secuencia resulta particularmente relevante para la producción. En octubre comenzará a tomar ritmo la siembra de soja de primera y avanzarán las primeras implantaciones de maíz. En noviembre se incorporará progresivamente la cosecha de trigo y la siembra de soja de segunda. Y hacia diciembre, esas actividades se superpondrán con la implantación del maíz tardío.

Una mayor frecuencia de lluvias podría generar interrupciones sucesivas y hacer que las tareas se acumulen. “Por la particular dinámica que se prevé para este Niño, la recurrencia de las precipitaciones puede ser muy alta”, advierte Elorriaga y aclara: No necesariamente será el volumen total de agua el que determine las dificultades, sino la cantidad de días en los que las máquinas puedan efectivamente ingresar a los lotes.

El trigo puede quedar atrapado entre dos lluvias
La cosecha del trigo será una de las primeras actividades en sentir la presión de este escenario. Si las precipitaciones se vuelven frecuentes hacia fines de noviembre y durante diciembre, pueden aparecer problemas de piso y ventanas cada vez más cortas para levantar los lotes. A esto se suma la necesidad de liberar rápidamente superficie para la soja de segunda.

Cada demora en la cosecha del trigo puede trasladarse automáticamente a la siembra siguiente. Y cuando la ventana disponible se achica, los retrasos comienzan a acumularse. Por eso, la recomendación implícita del escenario climático es clara: no postergar tareas que puedan adelantarse y aprovechar cada período de buenas condiciones.

El maíz tardío, frente al momento más difícil
El otro gran protagonista de diciembre será el maíz tardío. Su siembra podría coincidir con el momento de mayor intensidad proyectada del Niño. Y el cultivo presenta una sensibilidad particular frente a los excesos de agua durante la implantación.

A diferencia de la soja, además, el costo de una mala implantación puede ser mayor, ya que cada planta perdida tiene un impacto importante sobre el rendimiento potencial.

Por eso, ante la posibilidad de un diciembre con lluvias muy por encima de lo normal, una alternativa de manejo podría ser anticipar parte de la superficie de maíz hacia fines de agosto o comienzos de septiembre.

La estrategia tiene sus propios riesgos —como una emergencia más lenta ante temperaturas más bajas—, pero permitiría evitar parcialmente la ventana en la que se espera una mayor recurrencia de precipitaciones.

Un Niño que también puede traer calor
El exceso de agua no será la única variable a monitorear. El Niño también está asociado a una mayor probabilidad de temperaturas elevadas y olas de calor. El antecedente más cercano es la campaña 2023/24, cuando enero estuvo marcado por varios episodios de calor extremo.

El fenómeno de este año, además, presenta una evolución particular. La anomalía de la temperatura superficial del Pacífico pasó de 1,25 a 1,8 en apenas un mes, consolidando una tendencia hacia un Niño fuerte.

Los modelos utilizados por GEA/BCR proyectan un pico inferior a 2,5, aunque la incertidumbre actual obliga a trabajar con un rango de entre 2 y 3. Por sus características, el evento podría asemejarse al Niño 2015/16, que alcanzó un máximo de 2,8. Pero existe una diferencia importante: el pico de intensidad se produciría antes.

La pregunta que deja diciembre
El escenario que se perfila para la campaña 2026/27 tiene, así, una paradoja. Después de años en los que el problema fue la falta de agua, ahora el desafío podría ser administrar el exceso.

Octubre podría traer un 30% más de lluvias, noviembre un 70% y diciembre hasta un 90%. Pero más allá de los porcentajes, la variable que puede terminar definiendo el resultado será la recurrencia.

Porque una lluvia abundante entre dos períodos largos de tiempo seco puede ser una bendición para los cultivos. Varias lluvias consecutivas que impidan entrar a los lotes pueden convertirse en un cuello de botella productivo.

Y diciembre estará justamente en el centro de esa ecuación: con trigo esperando ser cosechado, soja de segunda esperando ser sembrada y maíz tardío buscando su lugar en el calendario.

Fuente: Todoagro

Ráfagas de hasta 100 km/h volcaron maíces en Córdoba y agravan un escenario ya complicado por la humedad

Ráfagas de hasta 100 km/h volcaron maíces en Córdoba y agravan un escenario ya complicado por la humedad

Las violentas ráfagas que azotaron el centro de Córdoba durante el jueves provocaron el vuelco total de algunos lotes de maíz que estaban listos para ser cosechados. El temporal se suma al fuerte atraso que arrastra la recolección del cereal en la zona núcleo, donde casi la mitad del maíz tardío continúa en pie por las condiciones climáticas.


La cosecha de maíz tardío sumó un nuevo obstáculo en el centro del país. A las demoras provocadas por un invierno inusualmente húmedo, se agregaron las intensas ráfagas de viento que afectaron a varias provincias durante la jornada del último jueves y que, en algunos sectores de Córdoba, superaron los 100 kilómetros por hora, provocando importantes pérdidas en lotes que estaban próximos a ser levantados.

Uno caso testigo de los más representativos ocurrió en la zona de Capilla de los Remedios, donde un lote de maíz sembrado el 10 de diciembre quedó completamente tendido sobre el suelo luego del temporal (foto principal).

«No sé cómo trillar eso», describió el productor afectado, quien aseguró que el fenómeno hizo «desastres por la zona».

Según relató, no se trata de un caso aislado. «Hay otro lote de unas 100 hectáreas igual que el mío, todo en el suelo», comentó, mientras ahora la principal preocupación pasa por encontrar la forma de cosechar el cultivo sin incrementar las pérdidas.

Entre las alternativas que comenzaron a circular entre productores y contratistas de un grupo de whatsapp que el productor integra, apareció la posibilidad de cosechar en sentido contrario al vuelco del cultivo y adaptar la cosechadora con un molinete provisto de brazos para intentar levantar las plantas. «Me dijeron que lo cosechan en contra y al maicero le ponen un molinete con unos brazos. Voy a tener que probar de esa forma», señaló.

El productor explicó además que el maíz ya estaba prácticamente listo para ingresar con la cosechadora. «Habíamos medido la humedad recientemente y estaba en 16%, no bajaba», indicó.

El fenómeno golpeó fuerte a varias provincias
La magnitud del fenómeno quedó reflejada en los registros de estaciones meteorológicas provinciales, que reportaron ráfagas de hasta 101 kilómetros por hora en el centro de Córdoba apenas pasado el mediodía. El temporal también provocó voladuras de techos y daños en distintas localidades de ésta provincia, pero también Tucumán y Entre Ríos. En la zona de Rafaela, Santa Fe, se registraron lluvias, granizo y ráfagas cercanas a los 75 km/h.

Un problema que se suma al atraso de la cosecha
El temporal llega en un momento especialmente delicado para el maíz tardío de la zona núcleo. De acuerdo con el último informe de la Bolsa de Comercio de Rosario (BCR), todavía resta cosechar el 47% del maíz tardío, equivalente a unas 150.000 hectáreas, debido a que durante todo julio las condiciones climáticas impidieron avanzar con las tareas.

El organismo advirtió que el exceso de humedad comienza a generar preocupación creciente entre los productores. Desde la zona de Alvear, técnicos consultados por la entidad señalaron que «hoy nuestra gran preocupación pasa por la cosecha del maíz tardío. Ya estamos viendo lotes de sorgo brotados. Nadie quiere ir a ver cómo están los maíces. Nos da realmente miedo».

En este contexto, los lotes derribados por el viento representan un nuevo desafío operativo y económico. Además de las pérdidas potenciales por espigas en contacto con el suelo, los productores deberán redefinir la estrategia de cosecha, posiblemente con menores velocidades de trabajo, adaptaciones en los cabezales y mayores costos.

Con el cereal ya en condiciones de ser recolectado y una ventana climática que sigue siendo ajustada, el tiempo seco aparece ahora como un factor clave para evitar que el problema continúe agravándose.

La Red de Estaciones Meteorológicas confirmó un semestre más húmedo

La Red de Estaciones Meteorológicas confirmó un semestre más húmedo

Un informe elaborado por técnicos del Ministerio de Bioagroindustria reveló que Córdoba registró un 42 % más de precipitaciones durante el primer semestre de 2026 respecto del mismo período del año anterior. Los datos refuerzan la importancia de impulsar prácticas de conservación del suelo para mejorar la infiltración del agua, reducir la erosión y fortalecer la resiliencia de los sistemas productivos.

El Gobierno de Córdoba, a través del Ministerio de Bioagroindustria, continúa promoviendo la iniciativa #PintemosDeVerde, un plan estratégico que busca consolidar una cultura de conservación del suelo mediante la incorporación de prácticas sustentables en todo el territorio provincial.

En ese marco, un informe elaborado por ténicos del Ministerio de Bioagroindustria, utilizando los datos de la Red de Estaciones Meteorológicas, comparó las principales variables climáticas registradas entre el 1 de enero y el 30 de junio de 2025 y el mismo período de 2026. El análisis determinó que durante el primer semestre de este año la provincia recibió un 42 % más de precipitaciones acumuladas y registró una temperatura media aproximadamente 1,1 °C menor que en igual período del año anterior.

Si bien la mayor disponibilidad de agua benefició el desarrollo de los cultivos, las pasturas y la recarga de reservas hídricas, también generó excesos hídricos en distintas zonas, con anegamientos temporarios y demoras en las labores agrícolas. Estos escenarios ponen de manifiesto la necesidad de contar con suelos saludables, capaces de infiltrar, almacenar y regular el agua de manera eficiente.

En este contexto, la iniciativa #PintemosDeVerde promueve prácticas como la siembra de cultivos de servicio y coberturas vegetales, la rotación de cultivos, el manejo responsable del agua y la reducción de procesos erosivos, entendiendo que la conservación del suelo es una inversión estratégica para el futuro de la producción agropecuaria y del ambiente.

Asimismo, el informe destaca el valor de la Red de Estaciones Meteorológicas como una herramienta clave para el monitoreo de las condiciones ambientales y la generación de información técnica que permita planificar políticas públicas, gestionar riesgos y acompañar la toma de decisiones de los productores frente a un clima cada vez más dinámico.

“Cada práctica que mejora las condiciones del suelo permite aprovechar mejor el agua, reducir el impacto de los eventos climáticos extremos y construir sistemas productivos más resilientes. Con #PintemosDeVerde, continuamos impulsando acciones concretas para cuidar uno de los recursos más valiosos y garantizar una producción sostenible para las próximas generaciones porque entendemos que conservar el suelo es prepararnos para el futuro”, expresó el secretario de Agricultura y Recursos Naturales, Marcos Blanda.