El 22 de octubre, en la Bolsa de Cereales de Buenos Aires, se realizará el Congreso de Nutrición Animal. Los desafíos de eficiencia, calidad y competitividad de las distintas cadenas, y una ronda de negocios con compradores del exterior.
¿Por qué el año de la proteína animal? “Porque es el momento bisagra de la Argentina. El mundo demanda proteínas y tenemos la oportunidad de transformar una mayor parte de nuestros granos en carne, leche y huevos, agregando valor a su producción”, planteó Alejandro Bravo, presidente de CAENA.
Con ese horizonte, el Congreso pondrá en el centro una pregunta que atraviesa a todas las producciones: cómo convertir mejor los nutrientes en alimentos de origen animal.
La agenda vinculará los avances en nutrición con la eficiencia productiva, la calidad del producto final y la capacidad de responder a las demandas de los mercados.
“La nutrición es un componente fundamental para lograr competitividad a través de la conversión de proteína vegetal en proteína animal”, afirmó Bravo.
En ese sentido, explicó que el Congreso presentará “las últimas tendencias para cada especie, con foco en cómo aprovechar mejor los nutrientes y mejorar la eficiencia productiva”.
LA AGENDA DEL CONGRESO DE NUTRICIÓN ANIMAL
El programa comenzará con una mirada sobre el escenario económico y los mercados de carnes, a cargo de Gustavo Lazzari y del exsubsecretario de Ganadería, Rodrigo Troncoso. Por su parte, Sabine Papendieck analizará el impacto de la nutrición animal sobre la huella de carbono.
Luego, especialistas de distintas actividades profundizarán en los desafíos de cada producción. La nutrición aviar tendrá entre sus referentes a Roselina Angel, quien abordará el aprovechamiento de nutrientes, y a Emilio Scappaticcio, que expondrá sobre nutrición y tamaño del huevo.
Claus Kettermann tratará la bioseguridad, mientras que Josep Gasa se enfocará en la eficiencia y competitividad de la producción porcina.
En bovinos, Nicolás Di Lorenzo y Matías Stangaferro abordarán la nutrición para carne y leche, respectivamente. El Congreso también abrirá espacio a otras actividades y mercados: Lucas Maglio hablará sobre el desarrollo de la acuicultura en Sudamérica; Aulus Cavalieri, sobre innovaciones en alimentos extrusados para perros y gatos; y Ariovaldo Zani, sobre el mercado y la regulación de la nutrición animal en Brasil.
La jornada contará además con un panel de innovación, orientado a mostrar experiencias de incorporación de nuevas tecnologías en la industria, y una Ronda de Negocios con compradores internacionales. Este espacio buscará acercar a las empresas argentinas con potenciales clientes del exterior y generar oportunidades comerciales dentro de la propia cadena.
Así, el Congreso reunirá en una misma jornada conocimiento técnico, una mirada sobre el futuro de la producción y vínculos comerciales para que la industria de la nutrición animal pueda contribuir al crecimiento de las distintas cadenas de proteína animal.
Una campaña que supone mayor nivel de precipitaciones puede acelerar la adopción de drones para realizar aplicaciones, cuando las máquinas terrestres no pueden ingresar. Cuáles son las claves ineludibles para incorporar esta tecnología.
Frente a un potencial panorama de excesos hídricos que puede provocar un año bajo el fenómeno El Niño, los drones agrícolas asoman como aliados para resolver la problemática que se genera cuando entrar al lote se vuelve inaccesible.
Sin embargo, especialistas en aplicaciones aero agrícolas y miembros del CONICET han encendido pequeñas alertas respecto a la discusión que viene aparejada con esta tecnología agrícola y que sobrepasa la mera adquisición. Y es que, no basta con comprar un equipo, cargarlo con producto y hacerlo despegar.
EL BOOM DE LOS DRONES
En ese sentido, el ingeniero agrónomo Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro, opinó desde el punto de vista de la compañía que “volar es relativamente sencillo” cuando se habla de un robot autónomo.
“Uno le indica cuál es el lote, genera el plan de vuelo, arranca y vuelve solo. Sin embargo, es muy importante capacitarse en la configuración de los parámetros de aplicación”, indicó.
Así, ante un escenario potencialmente más húmedo, el desafío no será solamente poder entrar al lote, sino hacerlo en el momento agronómico indicado. Porque muchas veces el principal costo de esperar a que seque el piso está en lo que sucede mientras tanto dentro del cultivo.
Y ahí es cuando incide una de las consideraciones a tener en cuenta: el llegar a tiempo, porque una maleza no deja de crecer porque la pulverizadora no pueda entrar. En un barbecho, esperar puede significar encontrarse con plantas de mayor tamaño y más difíciles de controlar.
Matías Fernández Koller, jefe de Investigación y Desarrollo de Bidcom Agro
“Si no puedo entrar y no aplico, las malezas siguen creciendo. Una maleza adulta es mucho más resistente y tolerante que una joven. Por eso, entrar y aplicar en el momento justo, representa también un ahorro, ya que impacta directamente en la eficacia del control y en la eficiencia de la aplicación”, sostuvo Fernández Koller.
El mismo concepto se extiende a los preemergentes, donde una demora puede terminar retrasando la siembra, y a los postemergentes. Con fungicidas e insecticidas, la oportunidad puede ser todavía más crítica.
“Al tener una ventana de aplicación acotada, si una enfermedad o una plaga avanza mientras no podemos entrar, el control pierde eficacia y el daño puede llegar a comprometer la formación y el llenado de los granos, y por ende, el rendimiento final del cultivo”, agregó.
El valor del dron reside así en la posibilidad de aplicar cuando el cultivo lo necesita, independientemente de las condiciones de transitabilidad y de suelo.
Asimismo, el no circular sobre el lote evita el pisoteo, que puede generar pérdidas de rendimiento de entre 2% y 4% en aplicaciones terrestres, dependiendo de las condiciones de trabajo. Y en un año húmedo también evita ingresar con maquinaria pesada sobre suelos con exceso de agua, con el consecuente riesgo de huellas y compactación.
LOS DRONES Y LOS ERRORES QUE HAY QUE EVITAR
Ahora bien, poder entrar al lote no garantiza por sí solo una buena aplicación. Y allí aparecen dos cuestiones agronómicas que, según Fernández Koller, son fundamentales para quienes se inician en el uso de drones: la preparación de la mezcla y la calidad de aplicación.
“Con el dron trabajamos con muchos menos litros por hectárea y una solución mucho más concentrada. Por eso, lo primero y más importante es que la mezcla sea correcta y prestar mucha atención a la dilución de los principios activos”, explicó.
La segunda diferencia está en el recorrido que realiza la gota. Mientras una pulverizadora terrestre trabaja a poca distancia del objetivo, el dron puede hacerlo a tres o cuatro metros de altura.
“Ahí la física del viento y las condiciones ambientales tienen un impacto enorme sobre la gota. La calidad de aplicación con un dron es más desafiante y por eso hay que trabajar correctamente la calibración y los coadyuvantes que ayudan a darle estabilidad”, señaló.
A esto se suma otro riesgo: trasladar automáticamente al dron la misma receta utilizada en una pulverizadora.
Al trabajar con gotas más concentradas, Fernández Koller advierte que una sobredosificación puede aumentar los casos de fitotoxicidad sobre el propio cultivo. Por eso, más que aplicar recetas generales, el especialista pone el foco en ajustar cada tratamiento y capacitar al operador.
Desde Bidcom Agro instan a pensar el dron como parte de un sistema de aplicación.
Por último, si hay un punto que es común a la discusión, es que el dron debe pensarse como parte de un sistema de aplicación: la eficiencia viene de la mano con la previsión de abastecimiento de agua, la preparación y agitación del caldo, la carga de baterías y la logística.
DRONES: LA CAPACITACIÓN ES CLAVE
Para lograr un buen comienzo con esta nueva tecnología, Bidcom Agro ofrece DJI Academy, un programa de capacitación con contenidos teóricos y prácticos que abarca desde las especificaciones del equipo y la configuración del plan de vuelo hasta la manipulación de productos, la seguridad operacional, la calidad de aplicación y las destrezas de vuelo a campo.
Los cursos son dictados por distribuidores de la red certificados por Bidcom Agro y DJI, y se brindan a cada cliente que recibe su primera entrega técnica. Además, la compañía organiza jornadas de capacitación DJI Academy en distintos puntos del país para interesados que no poseen drones.
Antes de adquirir un equipo, otra alternativa es recurrir a los contratistas especializados que comenzaron a expandirse junto con esta tecnología.
“Se puede averiguar qué contratistas están trabajando en la zona, conocer cómo vienen operando y probar la tecnología”, sugirió.
Según la compañía, actualmente sus ventas se reparten en proporciones similares entre productores y prestadores de servicios.
Después de la decisión estratégica del negocio respecto a la compra del equipo, el primer interrogante es quién lo operará; puede ser el productor o alguien del establecimiento. Empresas como Bidcom Agro instigan a considerar la capacitación al recurso humano como parte de la inversión.
En este caso particular, la empresa realiza una entrega técnica que incluye mantenimiento, recomendaciones agronómicas y las primeras prácticas de vuelo a campo, con el acceso a DJI Academy. Además, aconseja revisar las exigencias regulatorias de cada provincia antes de operar.
Cabe recordar que Bidcom Agro comercializa distintos modelos de DJI Agras según escala y tipo de usuario:
El T55, orientado a quienes comienzan
El T70, de mayor capacidad de trabajo, para productores de mayor escala y contratistas
El T100, que se diferencia por su robustez y sistemas de seguridad.
La compañía ofrece financiación propia, acuerdos bancarios y operaciones mediante canje de granos.
El furor por estas herramientas viene creciendo en los últimos años, y el INTA —a través de la Red de Drones y del Programa Nacional AgTech— ha impulsado iniciativas como encuestas nacionales para recabar información sobre el uso y la adopción de drones en la producción agropecuaria de Argentina.
Según Bidcom Agro, el parque de drones agrícolas habría pasado de unos 100 equipos en 2023 a alrededor de 3.000 en 2026.
El paso fundamental “es entender cómo utilizarlo correctamente, para aprovechar la tecnología, para llegar al cultivo en el momento indicado, sin resignar calidad de aplicación”, concluyó Fernández Koller.
Estudios del INTA Manfredi muestran que, con la incorporación de paneles solares, se logra aumentar las láminas de riego aplicadas, lo que puede redundar en mayores rindes y la siembra de más hectáreas con la misma cantidad de agua
Un equipo de especialistas del INTA Manfredidesarrolló una línea de investigación sobre riegoenterrado por goteo, para cultivos extensivos alimentado con paneles solares y sin conexión a la red eléctrica (sistema off grid).
El trabajo apunta a generar una alternativa para establecimientos que no disponen de ese servicio o para lugares donde extender el tendido resulta demasiado costoso.
El estudio permitió avanzar en la definición de parámetros para implementar estos sistemas, desde el caudal necesario por hectárea hasta la potencia de la bomba y del parque fotovoltaico, como las horas de riego disponibles a lo largo del año.
El tema forma parte de la 9.ª Reunión Internacional de Riego y 3.ª Exporiego, que se realiza este miércoles y jueves en el INTA Manfredi (Córdoba). El encuentro incluirá actualizaciones técnicas e intercambio de experiencias en innovaciones de sistemas de riego, energía, automatización y agricultura de precisión.
Ignacio Severina, investigador del INTA Manfredi, explicó que el esquema off grid está pensado para campos sin acceso a la red.
“Muchas veces llevar la electricidad hasta el establecimiento tiene un costo muy alto”, señaló. En los sistemas on grid (conectados a la red), en cambio, los paneles complementan el suministro convencional y permiten reducir entre un 20 y un 30 % el costo de la energía.
RIEGO PARA FORTALECER DEL SISTEMA
El equipo del INTA Manfredi investiga el riego por goteo enterrado desde 2012. En una primera etapa utilizó equipos eléctricos. En 2022, mediante un convenio de vinculación tecnológica con Tonka Solar y Rivulis-Conci, reemplazó una de las dos bombas de la perforación por una bomba solar Lorentz, de origen alemán, e instalaron los paneles necesarios para abastecerla.
El equipo instalado tiene una bomba que eroga un caudal de 24 metros cúbicos por hora (m³/hs) y una potencia de 10 kilovatios (kW) para regar 6 hectáreas, mientras que el parque fotovoltaico alcanza una potencia máxima de 18 kW.
“Esa diferencia permite prolongar el período de uso ante una caída de la radiación; sobredimensionamos el parque solar para tener más horas de riego y poder trabajar también en días nublados”, indicó Severina.
La fuente de energía también cambió la lógica de manejo. Con electricidad, el riego se activaba de acuerdo con el balance hídrico y la demanda del cultivo.
“La bomba solar, en cambio, comienza a trabajar a partir de un nivel suficiente de radiación y se detiene al oscurecer, regando todos los días del año para aprovechar la luz solar y, de no ser necesario, aplicar al cultivo. En este caso se realizan riegos de recargas del perfil en momentos de baja demanda de los cultivos”, explicó el investigador.
Las seis hectáreas iniciales se dividieron entre dos planteos: tres con rotación trigo y soja de segunda, y otras tres con maíz.
Durante los primeros dos años, el objetivo fue determinar la cantidad de lámina posible de aplicar a los cultivos con este sistema, tratando de regar todos los días, y obtener parámetros de diseño como horas de riego mensuales y diarias.
En trigo, la lámina aplicada durante los 10 años previos con el sistema eléctrico fue de unos 300 mililitros, frente a 520 mililitros con el sistema solar. En ese período, el rendimiento pasó de 55 a cerca de 70 quintales por hectárea (qq/ha).
“Estamos comparando 10 años contra dos, por lo que hay que tomar el dato con cautela. El agua aumentó mucho más que el rendimiento”, advirtió Severina.
En soja de segunda, la lámina pasó de 100 mililitros con el sistema eléctrico a 300 mililitros con el solar, mientras que en maíz aumentó de 250 a 500 mililitros.
Sin embargo, los rendimientos tuvieron poca variación: la soja se mantuvo en torno de 35 qq/ha y el maíz pasó de 15 a 16 toneladas por hectárea. Se aplicaba mucha más agua, pero la respuesta productiva era muy baja.
“La gran conclusión fue que estábamos aplicando casi el doble de agua y los rendimientos aumentaban poco. Con el sistema eléctrico ya habíamos logrado regar con el agua justa y alcanzar rendimientos altos. Eso indica que nuestra metodología de balance hídrico está bien calibrada y validada para la región”, señaló el investigador.
SUPERFICIE DUPLICADA
A partir de esa evidencia, durante los dos años siguientes se cambió la estrategia. “Duplicamos la superficie: pasamos de 6 a 12 hectáreas, es decir que ahora tenemos dos metros cúbicos para regar una hectárea con la misma bomba, y obtuvimos niveles de riego más parecidos a los que usábamos con el sistema eléctrico”, detalló Severina.
En trigo aplicaron alrededor de 350 mililitros y obtuvieron 65 qq/ha, unos cinco quintales más que la referencia del sistema eléctrico. En maíz utilizaron cerca de 250 mililitros y alcanzaron 15 toneladas por hectárea. En soja de segunda, la lámina se ubicó en unos 200 mililitros y el rendimiento permaneció alrededor de 35 qq/ha.
El segundo período mostró que la misma infraestructura podía abastecer el doble de superficie sin una caída relevante de los rendimientos. El aprendizaje fue ajustar el agua a los requerimientos de los cultivos y aprovechar la capacidad disponible para ampliar el área bajo riego, en lugar de aplicar toda el agua que permitían las horas de energía solar.
PARÁMETROS DE DISEÑO
A partir de los cuatro años de ensayos, el equipo pudo generar información para pasar de la experiencia experimental al diseño de instalaciones a campo. Uno de los principales resultados fue establecer como referencia un caudal de 2 metros cúbicos por hectárea a regar.
“Es un gran dato, porque lo primero que necesita saber un productor que quiere instalar este sistema es qué caudal requiere para la superficie que va a regar”, destacó Severina.
Así, para un planteo de 50 hectáreas habría que considerar un caudal cercano a 100 metros cúbicos y, a partir de ese valor, seleccionar la bomba. En el ejemplo planteado por el especialista, un equipo para ese requerimiento podría demandar unos 100 kW y un parque fotovoltaico cercano a 200 kW.
Además, los ensayos mostraron que los paneles deben tener una potencia superior a la demanda de la bomba para ampliar la ventana diaria de trabajo. Como referencia, el parque fotovoltaico se proyecta con cerca del doble de la potencia requerida por el equipo de bombeo. Esa diferencia permite sostener el riego ante niveles de radiación inferiores al máximo.
Otro dato generado por el trabajo es la disponibilidad energética a lo largo del año. En la zona de influencia del INTA Manfredi, el sistema acumula unas 1.950 horas anuales de riego, con un promedio cercano a siete horas diarias durante el período de uso. La cantidad de horas es menor en invierno y aumenta en verano. Es como disponer de unos 80 días de riego eléctrico.
Con ese esquema, las láminas que surgieron como referencia son de alrededor de 300 mililitros para trigo, 250 mililitros para maíz y 200 mililitros para soja. El caudal por hectárea, la potencia necesaria, las horas de uso y los requerimientos de cada cultivo conforman así una base técnica para definir cuánta superficie puede abastecer un sistema off grid antes de realizar la inversión.
El cruzamiento con razas carniceras en tambos aumenta el valor de los animales excedentes y reordena la gestión del rodeo. La experiencia iniciada en el INTA Rafaela, en Santa Fe, aportará datos para optimizar las decisiones técnicas y comerciales en la lechería a partir del seguimiento de las primeras 30 cruzas terminales que nacerán en marzo de 2027.
El sistema conocido como beef on dairy o producción de carne derivada del tambo, toma fuerza en la lechería argentina como una alternativa técnica y de gestión. En el establecimiento experimental del INTA Rafaela —Santa Fe— ya comenzó el trabajo con cruzamientos terminales.
Mediante la inseminación de vacas realizada durante este año, el equipo técnico espera contar con las primeras 30 cruzas terminales nacidas en marzo de 2027. La propuesta busca transformar animales considerados históricamente un subproducto en un bien de mayor valor, en un momento donde la carne muestra una mayor tracción comercial que la leche.
La oportunidad surge a partir de la mejora en los índices de crianza y recría de hembras. Es que, de acuerdo con Nicolás Welschen, médico veterinario del INTA Rafaela, “la mortalidad de hembras anualizada se encuentra por debajo del 1 %, mientras que la eficiencia de preñez y el uso de semen sexado en algunas categorías de vacas han permitido garantizar el número de vaquillonas necesarias para reponer el descarte voluntario y no voluntario de vacas en producción en los tambos del INTA Rafaela”.
Sin embargo, en un contexto —agregó— en el que el mercado de vaquillonas atraviesa una menor demanda, esos animales pueden tener un valor inferior. Al mismo tiempo, la carne presenta actualmente una mayor tracción comercial que la actividad lechera.
Frente a esta disponibilidad, el cruzamiento terminal propone inseminar una parte del rodeo con razas carniceras, principalmente Aberdeen Angus. La estrategia reserva el semen sexado para las vacas de mayor mérito productivo, sanitario y reproductivo, mientras destina los vientres restantes a genética carnicera para lograr una cruza con mejor aptitud que el Holstein puro.
Y, en este punto, Welschen subrayó: “El beef on dairy actúa como una herramienta de ordenamiento del rodeo porque al implementar este sistema de cruzas terminales, es necesario conocer la dinámica del rodeo lechero para determinar qué cantidad de vaquillonas necesita el establecimiento para sostener su reposición y su crecimiento y a partir de allí, definir qué animales pueden ser destinados a cruzamientos con razas carniceras”.
El sistema destaca también por su flexibilidad para adaptar decisiones al mercado sin alterar la estructura del tambo. En este punto, Welschen reconoció que “en la Argentina no hay mucha información local respecto a esta estrategia y este será uno de los primeros trabajos con un seguimiento técnico y con datos fehacientes respecto de la eficiencia de conversión, consumo de alimento y calidad de canal”.
Así, la generación de conocimiento local resulta clave para definir cuándo y en qué condiciones conviene adoptar esta alternativa en los tambos argentinos. Es que, una de las principales características del beef on dairy es su flexibilidad. “El productor puede modificar el destino reproductivo de las vacas de acuerdo con las condiciones del negocio, sin necesidad de transformar estructuralmente el sistema”, destacó Welschen.
La evolución de los sistemas productivos está ampliando el rol de los cultivos de servicio. Además de aportar cobertura y beneficios agronómicos cuantificables, comienzan a integrarse cada vez más con la producción ganadera y a ocupar nuevas ventanas dentro de la rotación.
Desde Pemán Semillas, el Ingeniero Agrónomo Francisco Soria Raimondetto analiza esta transformación y plantea la necesidad de adaptar cada decisión al ambiente y a los objetivos del productor.
Una herramienta que suma funciones Los cultivos de servicio han ganado protagonismo en las últimas campañas y, desde nuestra experiencia en Pemán Semillas, observamos que cada vez más productores buscan incorporar esta herramienta a sus sistemas.
Durante mucho tiempo, la mayor parte de los planteos se pensaron principalmente para generar volumen de materia seca y cobertura, contribuir al manejo de malezas, mejorar condiciones físicas del suelo, reciclar nutrientes y, en el caso de las leguminosas, incorporar nitrógeno mediante fijación biológica. Todos esos objetivos siguen siendo fundamentales. Lo que hoy está ganando relevancia es la posibilidad de sumarles un aprovechamiento ganadero y obtener así, un ingreso concreto durante el ciclo del cultivo.
Esta integración representa un cambio en la manera de analizar los cultivos de servicio. Si la producción ganadera forma parte de los objetivos, debe tenerse en cuenta desde el momento de definir qué especies utilizar, en qué fecha sembrarlas y cómo manejarlas. El cultivo deja de pensarse únicamente por la cobertura que va a generar y pasa a formar parte de una estrategia productiva más amplia.
Cuando la agricultura y la ganadería se integran Los sistemas mixtos, que ya cuentan con ganadería dentro del establecimiento, han sido naturalmente los primeros en incorporar este doble propósito. La posibilidad de aprovechar una parte del crecimiento del cultivo mediante pastoreo permite sumar producción adicional y, posteriormente, continuar con la generación de biomasa para cumplir el objetivo de cobertura.
“La clave está en planificar ese aprovechamiento. Elegir el momento adecuado, definir la intensidad de uso y considerar la capacidad de recuperación del cultivo, permite integrar ambas funciones dentro de una misma estrategia. No se trata de reemplazar el objetivo agronómico por el ganadero, sino de encontrar una forma de que ambos se complementen”, comenta Soria.
Este enfoque también aporta una dimensión económica interesante. Los beneficios de los cultivos de servicio sobre el sistema están cada vez más estudiados y cuantificados, especialmente cuando se analizan a lo largo de varios años. La incorporación del pastoreo permite sumar a esos beneficios una producción ganadera que puede generar un retorno más inmediato.
Diversas instituciones, como INTA, Aapresid y CREA, vienen trabajando desde hace años en la evaluación del aprovechamiento ganadero de los cultivos de servicio. Los resultados publicados muestran producciones de entre 100 y 300 kg de carne por hectárea, e incluso superiores en determinados ensayos, lo que pone de manifiesto el potencial de esta herramienta para incorporar producción ganadera a los sistemas agrícolas, sin perder de vista sus beneficios agronómicos.
Nuevas ventanas para cultivos de servicio estivales Otra transformación que estamos observando desde Pemán Semillas es la incorporación de cultivos de servicio estivales, particularmente en regiones del NEA y NOA. En estos ambientes comienzan a aprovecharse ventanas dentro de la rotación que permiten incorporar especies de rápido crecimiento y sumar una nueva función productiva entre dos cultivos.
Un ejemplo es el período posterior a la cosecha de girasol y previo a la implantación de un verdeo de invierno o trigo. También aparecen oportunidades antes de la siembra de poroto en el NOA, donde el objetivo es aprovechar ese período relativamente corto para producir biomasa/cobertura y mejorar así las condiciones del cultivo de Poroto.
“En estas situaciones, la velocidad de crecimiento es un atributo especialmente importante. Se buscan especies capaces de establecerse rápidamente y producir una cantidad elevada de biomasa en el tiempo disponible. Cuando además se incorpora una leguminosa, aparece la posibilidad incorporar nitrógeno en el sistema mediante la fijación biológica”, destaca el Ing. Soria.
Entre las alternativas que estamos trabajando se encuentran Crotalaria y Mancebo®. Esta ultima es una leguminosa anual de propia de la empresa que presenta una alta producción de biomasa. Otro caso puntual como ejemplo es el uso de Mancebo®, como cultivo de servicio entre dos verdeos de invierno en el centro del país, en sistemas lecheros.
La incorporación de estas especies permite pensar el cultivo de servicio más allá de las ventanas tradicionales. En lugar de limitarse a un único momento del año, el productor puede identificar oportunidades dentro de su propia rotación y elegir materiales que se adapten al tiempo disponible y a las condiciones de esa campaña.
Del costo de implantación a una mirada integral “La forma de evaluar económicamente los cultivos de servicio también ha evolucionado. Hoy existe una cantidad creciente de información que permite comprender y cuantificar sus efectos sobre el sistema productivo a largo plazo. Por eso, limitar el análisis a cuánto costó implantar el cultivo y qué resultado se observa únicamente en la campaña siguiente ofrece una visión incompleta de su valor”, sostiene Soria.
Los cultivos de servicio forman parte de una estrategia de manejo cuyos beneficios pueden expresarse a través de distintas campañas: cobertura, dinámica de nutrientes, condiciones físicas del suelo, manejo de malezas y efectos sobre los cultivos posteriores. La evaluación económica debe contemplar esa construcción en el tiempo y no solamente el resultado inmediato de una intervención.
Cuando además existe integración ganadera, se incorpora otra dimensión al análisis. El aprovechamiento del forraje permite generar producción animal durante el ciclo del cultivo y sumar un retorno más cercano en el tiempo, mientras se continúa trabajando sobre los objetivos agronómicos de largo plazo.
Esto amplía las posibilidades de la herramienta y permite analizarla desde una perspectiva más completa: no solamente cuánto cuesta implantarla, sino qué aporta al sistema y qué producción adicional puede generar.
Una estrategia para cada ambiente Desde Pemán Semillas buscamos evitar las recetas estandarizadas. No creemos que la mejor recomendación sea utilizar siempre la misma especie, en la misma fecha y de la misma manera. Lo que buscamos es comprender qué objetivo tiene el productor y, a partir de ese objetivo, construir una estrategia adaptada a su establecimiento.
Para eso es necesario analizar el ambiente, los tiempos disponibles dentro de la rotación, las posibilidades de siembra, el agua acumulada al momento de implantar, las perspectivas de precipitaciones y el contexto productivo y económico de la campaña. También es importante definir desde el comienzo si el aprovechamiento ganadero forma parte de los objetivos.