El cierre de importaciones, los fertilizantes y los riesgos para la próxima siembra.

El cierre de importaciones, los fertilizantes y los riesgos para la próxima siembra.

La Comunicación A 7532 del Banco Central modificó el sistema de financiación de importaciones, y hasta el 30 de septiembre las empresas importadoras deberán buscar financiamiento para poder importar bienes cuando superen hasta un 105% del total importado durante el año anterior, medido en dólares. Según el gobierno, se restringe temporariamente el acceso a divisas del BCRA para «cuidar las reservas». No queda claro si la medida se renovará, o no, el 1 de octubre, si siguen faltando dólares, en medio de la actual crisis macroeconómica.

Para el agro, el tema de los fertilizantes es decisivo. Según Fertilizar, en 2021, el consumo total de fertilizantes en Argentina fue de 5.6 M de toneladas. El porcentaje de fertilizantes importado alcanzó en los últimos cuatro años un promedio de 65% del total de fertilizantes aplicado en el país. Los fertilizantes nitrogenados y los fosfatados son los de mayor utilización, totalizando el 92% del total.

Según el responsable del Departamento Económico de CRA, Ernesto O’Connor, entre los 15 primeros productos de importación en 2021 (INDEC), se destacan la urea con contenido de nitrógeno por USD 726 M y el fosfato monoamónico por USD 590 M. Es decir, un total de 1.316 M de importaciones. Este valor se aproxima bastante al total de importaciones del sector agropecuario y agroindustrial, al que se debe sumar alguna maquinaria agrícola, piezas y accesorios, y otras importaciones menores. Frente a esta cifra, las exportaciones agroindustriales totales fueron en 2021 de USD 52.382 M, las de granos USD 17.544 M y las de aceites, pellets y harinas, USD 22.293 M. El aporte neto del agro en divisas es más que elocuente.

 

El evidente menor acceso a fertilizantes frente a las próximas decisiones de siembra para la campaña gruesa 2022/23, y el encarecimiento del precio interno, a partir de cierto desabastecimiento, no augura buenas noticias. La siembra de maíz podría ser menor, redundando nuevamente en un esquema de rotación ineficiente, derivado de los efectos de las decisiones de política económica, que no permiten la mejor asignación de la producción agropecuaria, y afectarán el transporte, el empleo y la generación de divisas negativamente.

 

Fuente: http://www.cra.org.ar

El Maíz siempre está:  Las desconocidas formas en que agregan valor al maíz tres de las mayores empresas del país: Arcor, AGD y Adecoagro

El Maíz siempre está: Las desconocidas formas en que agregan valor al maíz tres de las mayores empresas del país: Arcor, AGD y Adecoagro

Ejecutivos de tres de las principales compañías de la Argentina detallaron la importancia fundamental que le asignan al maíz respecto de su capacidad de generar valor y empleo, la mejora del suelo que genera, como por permitir que la industria oleoquímica desplace a la petroquímica, y las oportunidades que brinda para elaborar múltiples productos. Ellos fueron Roberto Urquía, CEO de Aceitera General Deheza; Modesto Magadán, gerente general de Agronegocios de Arcor, y Mariano Bosch, CEO de Adecoagro, que disertaron en el panel “El maíz siempre está” del Congreso Maizar 2022, moderado por Héctor Huergo, prosecretario de Redacción de Clarín.

 

En el panel “El maíz siempre está”, el moderador Héctor Huergo comenzó recordando que, a quienes duermen con sábanas almidonadas, los sigue acompañando en el sueño el maíz que los acompañó en la leche, las galletitas y la mermelada del desayuno.

Esa omnipresencia es también una potencial palanca para el desarrollo argentino: “Siempre pensé que el maíz era una de las pocas alternativas del país para desarrollarse ordenadamente”, dijo Roberto Urquía, CEO de Aceitera General Deheza. Agregar valor al maíz significa que la gente tenga oportunidades y pueda quedarse a vivir en sus lugares, sin emigrar a la gran ciudad, señaló. 

El empresario destacó la importancia del maíz en la industria alimenticia y la oleoquímica. Por eso, dijo, “hay que convencer a la gente que toma decisiones de que pasó el tiempo de exportar tan alta proporción de maíz en grano, y agregarle más valor”. 

El maíz y otros cereales perdieron participación a manos de la soja, recordó Urquía, pero eso se revirtió hace unos diez años, cuando el área sojera se estancó o disminuyó y el maíz recuperó centralidad. Una buena noticia, porque “es difícil ser sustentable sin una participación importante del maíz”, dijo Urquía. “Los beneficios del maíz son ecológicos: fija materia orgánica al suelo y a los rastrojos, le da arquitectura al suelo, hace que se necesiten menos agroquímicos y permite diferenciar fechas de siembra”, enumeró. En Córdoba, recordó, el 80% del maíz es del tipo tardío, lo que permitió mejorar el rendimiento. 

El maíz también contribuye socialmente, advirtió el empresario, mediante la agregación de valor: moliendas seca y húmeda, producción de etanol, cría de porcinos y vacunos y generación de empleo rural en vastos espacios del territorio. Además, el desarrollo de la oleoquímica empezó a desplazar a la petroquímica, y brinda impulso adicional a la agregación de valor y a las posibilidades de la gente en sus lugares. 

Pese a todo esto, dijo Urquía, la Argentina exporta más del 70% del maíz en forma de grano, e industrializa solo 13%, a diferencia de Brasil y Estados Unidos, donde domina claramente la agregación de valor: Brasil exporta 44 millones de toneladas de maíz como grano, pero procesa 73 millones para consumo interno y para exportación, y Estados Unidos exporta 62 millones de toneladas como grano, pero agrega valor a 315 millones. 

El desafío argentino, para el empresario, es priorizar el valor agregado y más que duplicar el valor en dólares por tonelada. “Tenemos que convencer a la gente de que el maíz es un elemento para desarrollar el país y generar empleo”, señaló. Para eso, prosiguió, es necesaria una activa diplomacia internacional que, por ejemplo, diga a sus interlocutores: “Yo te doy 25 millones de toneladas de maíz, pero comprame valor agregado para tener una balanza comercial más o menos compensada”. 

Al respecto, Urquía señaló que la relación de la Argentina en el intercambio con China es de 1 a 10 en términos de valor agregado. “Que los muchachos de Cancillería empiecen a escuchar, miren el largo plazo y trabajen los términos del intercambio”, sugirió. De otra forma, “no podemos generar mano de obra”. 

Modesto Magadán, gerente general de Agronegocios de Arcor, señaló que, si bien los caramelos son su producto más conocido, la empresa tiene divisiones de Packaging y Agronegocios que nacieron debido a un concepto de integración vertical, y hoy son unidades de negocio que van más allá del abastecimiento del grupo.

Arcor, precisó, procesa cerca de 1,35 millones de toneladas anuales de maíz, que es choclo, pero también parte de sus caramelos, chocolates, mermeladas, endulzantes, galletitas, salsas, premezclas, productos libres de gluten, aceites, polentas y, además, en la línea de Packaging, parte de adhesivos, cartón corrugado, papeles y bolsas. 

Gracias a su política de inversiones, explicó, la unidad de Agronegocios pasó en 7 años de exportar unos 15 a 20 millones de dólares, a exportar 100 millones de dólares, y la empresa pasó de procesar 1.000 toneladas de maíz por día, a 4.000 toneladas. El maíz, dijo, también está en alcoholes para perfumería, sémolas y productos extrusados. La empresa tiene cinco plantas dedicadas al maíz (dos en Arroyito, una en Tucumán, una en Baradero y otra en Chacabuco) y dos centros de desarrollo orientados a generar soluciones para clientes de un amplio abanico de industrias: alimentos, lácteos, bebidas, cosmética, construcción en seco y farmacéutica.  

La cercanía con el productor es clave en cada eslabón, dijo Magadán, para generar volumen de negocios y nuevas especialidades, como, por ejemplo, maíz libre de organismos genéticamente modificados para vender caramelos y cereales para desayuno en Bélgica. Lo cual, a la vez, exige trabajar intensamente en el concepto de sustentabilidad, agricultura regenerativa, balance de carbono y agricultura digital.

La cadena del maíz, insistió Magadán, es muy importante para la Argentina y tiene un potencial increíble a condición de trabajar en su competitividad y en crear condiciones “para que se exprese en el grano y en todos los productos”. 

Mariano Bosch, CEO de Adecoagro, contó que la empresa en que trabaja produce maíz en 200.000 hectáreas y señaló que, así como en Brasil la caña de azúcar es el cultivo que mejor fija el carbono y la materia orgánica en el suelo, en la Argentina esa tarea la hace mejor el maíz. 

Como ejemplo de agregación de valor, Bosch señaló que Adecoagro destina la mitad del maíz a la producción láctea, porque pretende pasar de los cerca de 200 dólares por tonelada que da el maíz a los 4.000 dólares que da la producción láctea, incluida la leche en polvo y la producción de quesos. La Argentina, enfatizó, tiene grandes condiciones para aumentar el valor agregado, gracias a los miles de emprendedores, técnicos e ingenieros “espectaculares” que hay en todo el país. 

Al respecto, Urquía destacó la cantidad de emprendedores de su provincia, Córdoba, y las iniciativas agtech. Magadán señaló como ejemplo de desarrollo el de la leche kosher, y Bosch subrayó la impronta de sustentabilidad de la producción láctea de Adecoagro, con su esquema circular de biodigestores que convierten bosta en electricidad que se vende a la red y en fertilizante orgánico que abona la producción agrícola del entorno. 

El maíz está en todos lados y estará en muchos más, concluyó Huergo en el cierre del panel. 

Presentan una tecnología que permite acumular agua en el suelo de los campos.

Presentan una tecnología que permite acumular agua en el suelo de los campos.

Un novedoso desarrollo, elaborado en base a almidón de maíz y que posibilita mejorar el aprovechamiento del agua y de nutrientes por parte de los cultivos, se lanzará este año en Argentina. Fue anunciado en el marco del Congreso Maizar.

Este producto, derivado del maíz, ayuda a reducir la huella hídrica ya que permite incrementar el rendimiento, incluso, con menos agua. También cuida el medio ambiente al posibilitar una mayor retención de agua en el suelo, mejora la productividad porque hace más eficiente el uso de los nutrientes y le aporta salud al suelo por su efecto positivo en el microbioma.

“Es sustentable por donde se lo miren”, afirman desde la compañía UPL, creadora de esta nueva tecnología denominada Zeba, que fue anunciada en el marco de la apertura del Congreso Maizar 2022.

Daniel Germinara, Gerente de Biosoluciones de UPL Argentina, se encargó en el marco del evento de dar a conocer detalles de este nuevo producto, que será lanzado este año en Argentina. En principio, informaron, estará disponible para los cultivos de papa, tomate y maní. A los que se sumará en breve ajo, forestales, frutales, y cultivos extensivos.

Zeba es micro-granulado y biodegradable. Se incorpora al suelo junto con la semilla, a la siembra. Son gránulos superabsorbentes con una enorme capacidad de retención de agua: absorbe hasta 400 veces su peso y puede cumplir su ciclo de rehidratación completa hasta 4 veces durante el desarrollo del cultivo. Es capaz de reducir la percolación de agua de riego o de lluvia contribuyendo al suministro de agua a las plantas durante toda su etapa de crecimiento (perdura en el suelo de 4 a 6 meses) al aumentar la capacidad de almacenaje en la zona radicular.

Esta reserva de agua extra que aporta Zeba es aprovechada por el cultivo entre riegos o entre lluvias. De esta manera, se logra que el cultivo tenga más cantidad de agua fácilmente disponible. Esto hace que se retengan nutrientes que se encuentran en la solución del suelo (por ej. nitrógeno), reduciendo la lixiviación de nutrientes móviles que, por el contrario, no podrían ser absorbidos por las plantas.

Además, la mayor humedad captada por Zeba contribuye a la actividad microbiana y al hincharse airea el suelo. Como si fuera poco, no deja ningún tipo de residuo ya que es degradado por los microorganismos del suelo y, por tanto, es amigable con el medio ambiente.

Esta tecnología, única en el mercado, desarrollada y patentada por UPL, ya se comercializa en Brasil, Chile, España, Colombia, y próximamente, también en Argentina. En principio, estará disponible para los cultivos de papa, tomate y maní. A los que se sumará en breve ajo, forestales, frutales, y cultivos extensivos.

Ensayos en papa realizados en Tafí del Valle, Tucumán, dan cuenta de incrementos de rendimiento que van del 87% al 171%, con mayor proporción de papa mediana y grande. Los datos provienen de lotes sembrados con variedad Spunta e irrigados con riego cañón viajero. En Balcarce, Buenos Aires, con variedades Daisy y sistema de riego side roll, con una reducción del 25% de agua aplicada se pudo comprobar un incremento del rendimiento del 38%.

Lo que dejó la apertura del Congreso Maizar 2022
La multiplicidad de productos alimenticios y no alimenticios que contienen maíz, la sustentabilidad de los cultivos de maíz y sorgo, la oportunidad y el papel en la seguridad alimentaria mundial de los países de América, particularmente Estados Unidos, Brasil y la Argentina, y la necesidad de industrializar más fueron los temas centrales del XVI Congreso MAIZAR, donde disertaron el presidente del Congreso y subgerente general de ACA, Víctor Accastello; el presidente de MAIZAR, Pedro Vigneau, y el ministro de Agricultura, Ganadería y Pesca de la Nación, Julián Domínguez.

Víctor Acastello, Pedro Vigneau y Julián Domínguez, en la apertura de Maizar 2022

Tras celebrar el retorno al formato presencial del Congreso luego de tres años, Accastello explicó el porqué del lema de este año, El maíz siempre está: “El maíz está en el desayuno, el almuerzo, la cena: en la leche, los copos de cereales, el huevo, la carne vacuna, de cerdos y de aves. Del maíz provienen los espesantes para sopas, yogures y helados. Y también los endulzantes para golosinas y bebidas. Las burbujas de las gaseosas son hoy gas de maíz. El alcohol sanitizante es un derivado del maíz. Cada auto naftero de la Argentina tiene en su tanque bioetanol de maíz”, indicó. Y detalló otros usos de este cereal: “El dióxido de carbono que se recupera de la producción de bioetanol, se utiliza en el proceso de extracción del litio, que terminará en la batería de todos nuestros celulares; nuevos usos del maíz están sustituyendo derivados de la industria petroquímica: los bioplásticos para envases de gaseosas, las fibras de poliéster para la industria textil, el ácido poliláctico que se utiliza por ejemplo para inyección de autopartes, son derivados del maíz”.  Incluso, dijo que el futuro de “la electromovilidad sustentable tiene al bioetanol de maíz como una opción muy válida”, así como el combustible para aviones, “en pos de la reducción de las emisiones de dióxido de carbono de este tipo de transportes. El maíz siempre está y será cada vez más protagonista en materia de alimentos, bioenergías y biomateriales”.

Por otra parte, Con un traje hecho en base a maíz, Pedro Vigneau hizo un repaso de los problemas que afectan a la cadena, como los derechos de exportación; la brecha cambiaria; la demora en actualizar la Ley de Semillas de 1973; las alícuotas de importación a fertilizantes; la falta de dólares para los insumos que deben traerse del exterior; los saldos técnicos de IVA; la escasez y aumento de precios del gasoil. Y se refirió, como antes Accastello, al problema de que el 75% del maíz argentino se exporte en grano, sin procesar, cuando en Estados Unidos y Brasil, los otros dos grandes exportadores mundiales, la proporción es casi inversa.

Destacó además el papel del sorgo, que, gracias a la gran demanda china, hoy tiene un muy buen precio internacional que empuja su recuperación, “con un potencial enorme para crecer y expandirse, sobre todo en las dos terceras partes de nuestro territorio que son áridas y semiáridas. Y, probablemente, esto estimule el desarrollo de variedad de proyectos, como los valiosos alimentos sin gluten”.

Por último, el ministro Domínguez dijo que comparte con Accastello y Vigneau que es un desafío de las políticas públicas avanzar en el valor agregado mediante una mayor industrialización, y llevó tranquilidad acerca de la falta de insumos, como el gasoil y los fertilizantes: “Creo que ni la siembra ni la cosecha del segundo semestre están comprometidas”, indicó, y auguró que esta campaña, pese a la sequía, “vamos a tener mejores resultados que los previstos”. Por otro lado, celebró el trabajo de la cadena en materia ambiental: “Cuando la guerra termine, nos va a demandar la trazabilidad de nuestra producción”. Y destacó que “la agenda del Congreso nos mete de lleno en lo que se viene”.

 

Fuente: https://www.todoagro.com.ar/

De la carne cultivada al campo sin tractores: cómo se prepara la cadena del maíz para los desafíos que se avecinan.

De la carne cultivada al campo sin tractores: cómo se prepara la cadena del maíz para los desafíos que se avecinan.

La necesidad de agregar valor en la bioeconomía del maíz, una de las mayores fuentes de “emisión de dólares” de la Argentina; los desafíos de los sistemas alimentarios; la revolución tecnológica y organizacional que sufrirá el sector de aquí a diez años; la perspectiva de la mayor avícola del país y una de las mayores generadoras de empleo, y hasta el papel del maíz en la carne artificial, fueron algunos de los enormes temas que abordó el panel “Instituciones, empresas y tecnologías para el desarrollo de la cadena”, moderado por Fernando Vilella, director del Programa de Bioeconomía de la FAUBA, en el que expusieron Gabriel Delgado, representante del Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA); Gustavo Grobocopatel, presidente de Los Grobo, y Joaquín De Grazia, presidente de Granja Tres Arroyos.

Gabriel Delgado puso el foco en el protagonismo del maíz como fuente de generación de divisas y de desarrollo. “Desde 1970, la Argentina es el país con más períodos de recesión luego del Congo, y entre otras razones es por la falta de dólares. No tenemos muchos sectores de donde nutrirnos de dólares; la forma de emitir dólares es exportando. El caso del maíz es emblemático, por los efectos que podría tener sobre la economía”, sostuvo el ex secretario de Agricultura de la Nación.

Para ello, Delgado aseguró que el paso previo es generar un proyecto que elimine las grietas actuales y que le permita a la cadena de valor dar un salto mayor en el comercio exterior. Hay que mejorar el valor absoluto de la exportación del maíz para generar más ingresos y empleo, dijo, y comparó el desempeño del grano argentino con el de sus competidores en el mercado mundial: “Estados Unidos exporta sólo 15 puntos de lo que produce, ya que el 85% lo consume de manera interna; Brasil procesa el 65% del maíz que produce; la Argentina, el 35%”, comparó.

Una de las cadenas en las cuales se podría apoyar el maíz para generar más ingresos y desarrollo doméstico es la de las carnes, dijo Delgado, lo que le daría mucha mayor robustez a la economía y al tejido social. “Hay conocimiento, profesionales y gente que sabe qué hacer. Nos falta ponernos de acuerdo en cuestiones básicas, como es mejorar el procesamiento del maíz y poder exportar más carne, recalcó.

A partir de su función en el IICA, Delgado indicó que está trabajando sobre la acción colectiva de los países de la región para que abracen la agenda de los sistemas alimentarios sostenibles. “Hay enormes desafíos en los sistemas alimentarios, pero no son sistemas fallidos, como se quiso implantar. Son acciones colectivas que van por lo ambiental. Ojala que los países de la región tomen dimensión de lo que tienen entre manos a partir de la generación de proteínas y la posibilidad de ofrecerlas al mundo en cantidad y calidad”, indicó.

Referente y transformador de la realidad productiva, Gustavo Grobocopatel puso a la innovación como bandera de desarrollo. “La innovación rompe la línea y genera nuevos pisos y escenarios que hasta ese momento no se había imaginado”, señaló.

El empresario agroindustrial aseguró que percibe cada vez más claramente que el campo de los próximos años será muy diferente del actual como lugar de producción, por la convergencia de la innovación en los procesos. “Habrá más robotización, campos sin tractores, máquinas que no van a funcionar por tracción y equipos para inyectar semillas e insumos al suelo”, describió, además de la irrupción cada vez mayor de un modelo que utilizará productos biológicos para controlar malezas e insectos. Para dentro de diez años, Grobocopatel proyecta una agricultura “más agroecológica”.

Esa convergencia tecnológica se combina, además, con una logística más eficiente, con una “uberización” del transporte y la consolidación de las fintech como proveedoras de servicios financieros para el sector. “La inteligencia artificial va a cambiar la forma de vinculación en la cadena de valor, con las particularidades de cada eslabón, ayudados por la digitalización”, aseguró.

Los productos también serán centro de la innovación, dijo. La carne artificial será uno de ellos, y pronosticó que el maíz ahí también tiene su lugar.

En ese nuevo escenario, hablar de cadenas de valor será insuficiente. Para Grobocopatel, se subirá a la dimensión de los ecosistemas, con proveedores de servicios de toda clase.

Más allá de su mirada positiva sobre lo que se viene para el sector agropecuario, el empresario admitió que esta revolución tecnológica puede no hacernos felices y causar dolor. “La sociedad no está preparada para esa transformación, y menos el Estado, que está pensando más en lo político y en las elecciones que en transformar la vida de las personas”, advirtió.

En esa línea, convocó a una mayor participación del sector privado y de las instituciones. “Dejar en manos de los políticos esta transformación será dificultoso; los emprendedores vamos a tener que involucrarnos”, anticipó. Opinó que las organizaciones de cadenas productivas van a tener que liderar este cambio desde lo institucional: “La esperanza es la clave que nos mueve y el rol de Maizar es trascendental, no solo como difusor de las tecnologías, sino también desde su lugar en la sociedad para acompañar los desafíos que se vienen”, ejemplificó.

Por su parte, el empresario avícola Joaquín De Gracia destacó el rol que tuvo, tiene y tendrá el maíz en la generación de proteína animal, y próximamente también artificial. “Mi papá llegó en 1935 desde Italia y comenzó con su hermano, que ya estaba en Buenos Aires, a vender pollos con un carro. Así comenzamos”, describió el presidente de Granja Tres Arroyos, una compañía que da trabajo a 6.500 personas (una de las 50 que mayor mano de obra generan en el país) y faena 750.000 pollos por día.

“La generosidad del país y el rol que tuvieron en mi formación las escuelas públicas hicieron que pudiera recibirme de contador público y desarrollar la empresa”, sostuvo De Gracia. Y destacó el efecto multiplicador que tiene el pollo como fuente de desarrollo: “Un ave de pedigree, a lo largo de tres años y tres meses, hace que se produzcan 11 millones de kilos de pollo. El pollo brinda la oportunidad de tener resultados en plazos cortos”, remarcó.

De Gracia destacó el protagonismo del maíz y la soja en la escala de la evolución de la cadena avícola: “En la actualidad, con 1,6 kilos de alimentos se puede hacer un kilo de pollo, y sin maíz no se puede lograrlo. En 1981, si suministrábamos más de 5% de soja en la dieta, el pollo no rendía, pero tampoco le podíamos dar más de 43% de maíz, ya que era fuente de energía, pero le faltaban grasa”, explicó. Ahora, la tecnología hizo que la soja y el maíz ocupen el 94% de la dieta balanceada en la producción avícola.

De Gracia recordó que en 1974 Granja Tres Arroyos, junto con otro grupo de empresas nacionales, comenzó a exportar, al mismo tiempo que Brasil. Desde entonces, el país vecino ha desarrollado un comercio exterior que le permite exportar 5 millones de toneladas de pollo, mientras que la Argentina coloca en el exterior 250.000 toneladas.

“Necesitamos mucha inyección de capital, ya que no hay financiamiento para crecer en tecnología. También necesitamos que el bienestar animal esté garantizado, que haya trazabilidad y sanidad controlada con menos antibióticos, para asegurarnos presencia en el mercado internacional”, enumeró.

De cara al futuro, De Gracia adelantó que están desarrollando un proyecto de carne cultivada: “Estamos con las primeras células, con la idea de saber que, como empresa, a futuro vamos a seguir estando y pudiendo generar trabajo”, destacó.

Gas carbónico, carne y energía en base a maíz: tres emprendimientos inspiradores.

Gas carbónico, carne y energía en base a maíz: tres emprendimientos inspiradores.

Tres casos de emprendimientos que agregan valor al maíz en Córdoba y Buenos Aires, para producir carne, dióxido de carbono y energía, aportando sustentabilidad a los sistemas, y generando empleo y arraigo, conformaron el panel “El maíz: cultivo estratégico para la bioeconomía argentina”. Allí contaron los casos de sus empresas Mario Aguilar Benítez, director de Las Chilcas; Antonio Riccilo, titular del Grupo Riccilo, y Laura Chiantore, presidenta de Chiantore SA, moderados por Mayco Mansilla, gerente técnico de la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID).

 

Con la idea de “invitar a pensar la bioeconomía, y al maíz como cultivo estratégico, superador de la producción de materias primas”, Mayco Mansilla, gerente técnico de la Asociación Argentina de Productores de Siembra Directa (AAPRESID), presentó tres casos de un ecosistema que tiene al maíz como fuente de agregado de valor y emprendedurismo: Laura Chiantore, presidenta de Gas Carbónico Chiantore SA, en Villa María, Córdoba; Mario Aguilar Benítez, director de Las Chilcas, en Río Seco, en la misma provincia, y Antonio Riccilo, titular del grupo Riccilo, radicado en la provincia de Buenos Aires,

Laura Chiantore contó que la empresa nació en 1958, por iniciativa de su abuelo, que necesitaba el insumo para su embotelladora: “Nos dedicamos a la producción gas carbónico (CO2), que se utiliza para la producción de bebidas gaseosas, pero también tiene usos en la industria metalmecánica”, explicó. “En sus inicios, la planta de producción de CO2 funcionaba a carbón, luego a fueloil y, a comienzos de 1970, lo hizo con gas natural”, contó.

En la búsqueda de alternativas para crecer en producción, y a partir de la instalación en Villa María de ACA Bio, la planta de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA) que se dedica a la producción de bioetanol de maíz, “surgió la posibilidad de utilizar como combustible los gases de fermentación del maíz que genera el bioetanol”, destacó la empresaria.

En la actualidad, la empresa cordobesa tiene dos plantas en funcionamiento: una que produce 35 toneladas diarias de CO2, y que funciona con gas natural, y otra con capacidad para 100 toneladas diarias a partir de los gases de fermentación del maíz. El establecimiento de mayor dimensión está ubicado dentro del predio de ACA Bio. “Nuestra idea es seguir avanzando, con la profesionalización de los recursos y con el desarrollo de nuevos mercados. Hoy abastecemos desde Córdoba a 18 provincias y a países del exterior”, explicó Chiantore.

En Río Seco, departamento del norte de Córdoba, Mario Aguilar Benítez lidera junto a sus cinco hermanos la empresa agropecuaria que fundó su padre: Las Chilcas. “Desde hace más de 30 años nos dedicamos a la producción agrícola y a la cría y engorde de ganado, a darle valor agregado al maíz a través del engorde de ganado bovino y porcino, como así también a la industrialización de nuestra materia prima en la producción de alcohol, aplicando tecnología e innovación con una mirada sustentable en nuestras acciones”, destacó.

Como parte de un modelo de economía circular que se perfecciona, en los últimos años la empresa asumió el desafío de mitigar el impacto ambiental. Además de alimento a partir del maíz, por medio de la instalación de una planta de bioetanol en 2016, el establecimiento produce también energía. Su sistema es un circuito cerrado de economía circular que también aporta nitrógeno, fósforo, potasio, manganeso y materia orgánica al modelo de producción agrícola.

Con un esquema similar, que tiene al maíz como foco, Antonio Riccilo conduce una empresa ubicada entre Saladillo y General Alvear, en la provincia de Buenos Aires, que expresa desde su génesis el esquema de economía circular. “Hacemos en forma intensiva las tres carnes, con producción avícola; de cerdos, a través de tres granjas porcinas; un feedlot; una planta de molienda de soja para la provisión de alimentos y, desde hace dos años, una empresa bioeléctrica que produce un megavatio de energía y que se alimenta de efluentes”, describió empresario.

El caso de Riccilo es el de un emprendedor que vio en el modelo agropecuario y de agregado de valor una oportunidad. “Venía del sector de la electrónica, y un desarrollo que logré vender muy bien me permitió comprar el campo y, desde ahí, comenzar a darle valor agregado a la producción. Soy primera generación, desde hace 45 años no paramos. Hoy conformamos un conglomerado que está integrado por 200 familias en el área rural”, destacó.

Espíritu emprendedor

Los tres casos del panel son claros exponentes del emprendedurismo en el sector agropecuario. “Vengo de una familia de emprendedores. Nuestra empresa nació de la necesidad que había en ese momento de la falta de gas carbónico en el mercado. Mi abuelo, mi padre y mi tío tenían una embotelladora y comenzaron a desarrollar ese nicho”, contó Laura Chiantore.

En el caso de Mario Aguilar Benítez, también la necesidad los llevó a emprender, debido a la zona donde está ubicado el campo, lejos de los puertos. “Quizá en otro lugar con más productividad no habríamos pensado en hacer tanto valor agregado”, justificó.

El empresario destacó el fuego emprendedor que heredó de su padre y que trasmitió a la familia. “Somos cinco hermanos, tres de los cuales estamos en el día a día. Tenemos la responsabilidad de seguir haciendo. Nuestro modelo es de economía circular, desde lo ambiental, social y económico, con 125 empleados que llenan de responsabilidad, pero también de la satisfacción de seguir soñando juntos”, remarcó.

Riccilo destacó la impronta que tiene cualquier productor de emprender. “Cualquiera puede hacerlo y está en condiciones para ello. El camino está abierto para todos. En nuestro caso, tenemos dos empresas propias y el resto en distintas sociedades, algunos socios son del exterior desde hace más de 20 años. Y eso lo logramos al contagiarles la idea”, indicó.

A la hora de dimensionar el éxito del emprendimiento, el empresario aseguró que eso depende de las posibilidades que ofrezca el negocio. “Nosotros fuimos desarrollando, a partir de modelos existentes, nuevos esquemas. Tenemos feedlots totalmente estabulados, con limpieza automática, de 10.000 metros cuadrados cada uno. Y hoy ya somos referencia porque muchos han adoptado ese modelo”, expresó.

Mansilla concluyó que los tres casos de valor agregado de maíz, en carne, gas carbónico y energía, son un aporte de sustentabilidad a los sistemas, que generan empleo y arraigo, y que también deben de servir como fuente de inspiración.

En lo ambiental, el agro también subsidia a los demás sectores: es el único sector que redujo sus emisiones.

En lo ambiental, el agro también subsidia a los demás sectores: es el único sector que redujo sus emisiones.

La incorporación de tecnología y procesos que llevó a cabo la producción agropecuaria en los últimos años hizo que la Argentina se convirtiera en una potencia ambiental. Lograr ese reconocimiento con una certificación permitiría dar un salto cualitativo. Ese fue el tema central del panel “La Argentina, potencia ambiental: el rol y la visión de la cadena agrobioindustrial”, integrado por Juan Farinati, CEO de Bayer Cono Sur; Alejo Dantur, jefe de Sustentabilidad de ACA; Andrés Costamagna, coordinador de Sostenibilidad de la Sociedad Rural Argentina (SRA), y Jorge Hilbert, asesor internacional del Inta, moderado por Pedro Vigneau, presidente de Maizar.

“Como productor, me siento orgulloso de los cambios tecnológicos producidos. Decirle a mi abuelo que íbamos a pasar del arado a la siembra directa fue todo un desafío que tuvimos las generaciones disruptivas que hoy formamos parte de esa transformación”, aseguró Pedro Vigneau, presidente de Maizar y moderador del panel del que formaron parte Juan Farinati, CEO de Bayer Cono Sur; Alejo Dantur, jefe de Sustentabilidad de ACA; Andrés Costamagna, coordinador de Sostenibilidad de la Sociedad Rural Argentina (SRA), y Jorge Hilbert, asesor internacional del INTA.

Recién llegado de Europa, donde recorrió con un grupo de productores argentinos instalaciones para la generación de energía y de biofertilizantes a partir de efluentes, Hilbert destacó las ventajas que tiene la Argentina en este camino. “Somos productores de biomasa, que tiene dos características: poca densidad energética y alta dispersión geográfica, lo que la convierte en un negocio de logística de transporte. La bioenergía se constituye en la iniciadora y facilitadora de una transición a la economía circular ligada a la bioeconomía”, sostuvo el asesor del INTA.

En un mundo que demanda cada vez más mitigar el impacto ambiental, la Argentina se enfrenta, dijo Hilbert, a una reducción de las emisiones que puede hacerse muy rápido o más lentamente, a la espera de que nuevas tecnologías contribuyan al proceso. “Diferentes velocidades de descarbonización conducirían a diferentes emisiones acumulativas y, por lo tanto, a diferente cantidad de calentamiento, incluso si se alcanza el cero neto al mismo tiempo”, señaló.

El especialista se mostró convencido de que la Argentina puede producir, con el agro, combustible de emisión negativa, además de contribuir de manera más eficiente a la producción de alimentos. “El alimento que genera con el maíz una fábrica de bioetanol nos permite tener el doble de proteína que en su versión original en grano, además de más barato”, comparó.

Para Hilbert, en los últimos años el país no ha tomado buenas decisiones en cuanto a su matriz energética, con una apuesta a los combustibles fósiles que incluye subsidiarlos: “Este año podemos llegar a importar 11.000 millones de dólares, cuidando la mesa de Estados Unidos y de Qatar”, ironizó.

Con la producción de alimentos como uno de sus dos negocios principales (el otro es la salud), Bayer tiene su estrategia de sustentabilidad bien definida. “Contribuimos con la provisión de semillas, protección de cultivos y herramientas digitales para que los productores puedan generar alimentos de la manera más eficiente”, sostuvo Farinati.

Un dato contundente sobre la contribución de la tecnología a la sustentabilidad es que, veinte años atrás, el 100% del breeding era mediante ensayos a campo; hoy, es solo el 2%, el resto es por vía digital. “Estamos en un sector que está en plena transformación”, destacó el ejecutivo de la firma alemana.

Farinati dijo que el gran desafío es producir más y mejor, y que la potencialidad ambiental de la Argentina está en el camino correcto. “El agricultor es innovador por naturaleza y adopta tecnología de manera rápida, el desafío es trabajar como cadena integrada”.

La decisión de los productores de ir hacia un modelo más sustentable tiene su correlato en las entidades que integran. Ese es el caso de la Sociedad Rural Argentina (SRA), que ya cuenta con una Comisión de Sostenibilidad. “El sector agropecuario, a diferencia de otras actividades productivas, es el único que no solo reduce las emisiones, sino que puede remediar; el resto solo puede reducir”, diferenció Andrés Costamagna, coordinador de Sostenibilidad de la SRA. De hecho, indicó, el agro es el único sector en el país que redujo sus emisiones de efecto invernadero desde 1990. “Lo hacemos gratis y no lo queremos hacer más gratis. La industria, la energía y los residuos aumentaron sus emisiones de gases. Aquí también subsidiamos al resto de la economía”, planteó.

A la hora de medir y comparar, Costamagna ponderó la tarea de la Asociación Argentina de Productores en Siembra Directa (Aapresid) y de Maizar. “Se logró bajar la emisión del maíz, y ahora se está midiendo en fertilizantes y en la ganadería”, señaló.

“La Argentina tiene gran potencia ambiental. El inventario de bosques registra 53,6 millones de hectáreas, 36,9 millones de hectáreas de reservas, de las cuales 39% son privadas, y 126 millones de hectáreas de pastizales, la mitad para ganadería”. Un total de 216 millones de hectáreas generando servicios ecosistémicos, frente a unos 33 millones de hectáreas agrícolas. «Estos números nos dan una relación de 5 hectáreas por cada hectárea productiva como potencia ambiental”, razonó Costamagna.

Las empresas privadas también trabajan en el eje de la sustentabilidad. Uno de los casos es el de la Asociación de Cooperativas Argentinas (ACA), que tiene el concepto de lo ambiental arraigado en toda su estructura productiva: recupera el plástico, produce bioetanol y energía, tiene acopios con certificación ambiental, además de esquemas de producción primaria sustentables. “La nueva área de sustentabilidad ambiental tiene como objetivo aportar nuevos conceptos a la organización. Un compromiso con el medio ambiente, con la producción primaria sustentable, donde buscamos fortalecer el uso de herramientas tecnológicas, seguir creciendo en la adaptabilidad al cambio climático y generar las condiciones de transformación, además de medir y mitigar la huella de carbono, desde el campo hasta la puerta del cliente”, resumió Alejo Dantur, jefe de Sustentabilidad de ACA. Todo en línea con las políticas corporativas y el Acuerdo de París de 2015.

Una de las naves insignia de la cooperativa es su planta elaboradora de bioetanol en base de maíz: ACA Bio, instalada en Villa María. “Estamos con un programa para procesar 250.000 toneladas de maíz sustentable, que para el productor tiene un plus adicional de precio de entre 3 y 5 dólares por tonelada”, indicó Dantur. Para ingresar como proveedor, el maíz tiene que cumplir algunos requisitos ambientales: no haber salido de un lote deforestado después de 2008; compartir con la empresa los registros para medir la huella de carbono del lote, y la documentación para poder certificar ese lote. Ese maíz tiene una huella de carbono que es la mitad de la exigida por Europa.

“Hay mucho por hacer, pero tenemos todas las herramientas. Debemos ser parte de la acción, no solo por escrito. Las organizaciones son parte de ese compromiso y tienen la obligación de hacerlo desde hoy, no a futuro”, sostuvo Dantur.