El Ministerio releva información en tiempo real que permite a los productores tomar decisiones estratégicas para sus sistemas productivos.
El Ministerio de Bioagroindustria posee una nutrida Red de Estaciones Meteorológicas (134) distribuidas en toda la provincia para obtener y brindar información de relevancia al sector productivo.
Durante los primeros días de abril, las precipitaciones registradas en la provincia de Córdoba tuvieron un impacto significativo en el sistema agroproductivo, tanto en la definición de los cultivos estivales como en la planificación de la próxima campaña fina.
De acuerdo con el informe elaborado por técnicos del Ministerio, a partir de los datos de la Red de Estaciones Meteorológicas (REM), se registraron lluvias de gran magnitud en amplias zonas del territorio, con una distribución altamente variable.
El promedio provincial alcanzó los 84,5 milímetros, con un máximo de 264,6 milímetros en la localidad de Brinkmann y un mínimo de 5,6 milímetros en Serrezuela, evidenciando una marcada heterogeneidad espacial y la ocurrencia de eventos intensos concentrados en determinadas regiones.
Entre las zonas con mayores precipitaciones se destacan:
-Brinkmann – 264,6 mm -General Roca – 222 mm -La Cumbrecita – 220,4 mm -Toro Pujio – 195 mm -Río Primero – 193,8 mm
En contraste, los registros más bajos se dieron en el noroeste provincial:
-Serrezuela – 5,6 mm -Villa de Soto – 6 mm -San Marcos Sierras – 11,2 mm -San Carlos Minas – 13 mm -Cruz del Eje – 13,6 mm
La información generada por la REM es de acceso público y gratuito, y constituye una herramienta clave para que los productores puedan monitorear las condiciones climáticas y tomar decisiones basadas en datos concretos: https://rem.cba.gov.ar/
Impacto en los cultivos y la producción
Las lluvias de abril cumplen un rol estratégico en el sistema productivo cordobés. En el caso de los cultivos tardíos como maíz, soja y maní, este período coincide con etapas críticas de llenado de granos, donde la disponibilidad de agua resulta determinante para la definición del rendimiento final.
Asimismo, estas precipitaciones permiten la recarga del perfil del suelo, un factor fundamental para el éxito de la campaña fina, ya que favorece la implantación y el desarrollo inicial de cultivos como trigo y otros invernales, mejorando su potencial productivo.
En paralelo, las lluvias otoñales impulsan la producción forrajera, al favorecer el crecimiento de pasturas y verdeos, lo que se traduce en una mayor disponibilidad de alimento para los sistemas ganaderos y una reducción en los costos de suplementación.
Otro aspecto clave es la recarga de napas y reservas hídricas, ya que en esta época del año las condiciones de menor temperatura y evaporación permiten una mayor infiltración y almacenamiento del agua en el suelo, mejorando el balance hídrico general.
Riesgos asociados a excesos de precipitaciones
Si bien las lluvias son fundamentales para la producción, su exceso puede generar algunos desafíos operativos, especialmente en plena etapa de cosecha.
Entre los principales efectos adversos se encuentran las demoras en la recolección de cultivos por falta de piso, lo que puede dificultar el ingreso de maquinaria a los lotes y requerir una adecuada planificación de las labores.
Además, los ambientes con alta humedad favorecen la aparición de enfermedades, que pueden afectar el área foliar y el proceso de llenado de granos, mientras que las precipitaciones cercanas a la cosecha pueden influir en la calidad comercial, generando la necesidad de mayores tareas de acondicionamiento.
Información para la toma de decisiones
El monitoreo permanente de las condiciones climáticas resulta clave para anticipar escenarios y optimizar el manejo productivo. En este sentido, la Red de Estaciones Meteorológicas del Ministerio de Bioagroindustria permite acceder a datos precisos y actualizados en todo el territorio provincial, constituyéndose como una herramienta estratégica para el sector agropecuario.
Un adecuado seguimiento de las lluvias y su distribución, junto con un manejo oportuno, permite tomar mejores decisiones, optimizar las labores y potenciar los resultados productivos.
Continuando con las acciones tendientes a fortalecer la producción sostenible y la seguridad, se otorgaron beneficios del Programa Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs) a 98 productores y se entregó una patrulla 0km destinada a la policía rural.
El ministro de Bioagroindustria, Sergio Busso, entregó aportes correspondientes al Programa Buenas Prácticas Agropecuarias (BPAs) a 98 productores rurales de Villa Dolores y de otras localidades cercanas.
La finalidad de este programa es incentivar y alentar a los productores agropecuarios a que implementen acciones que fortalezcan la sostenibilidad de todo sistema agroalimentario. Además, busca posicionar a la Provincia de Córdoba como una referencia en la adopción regular y sistémica de estas prácticas en la cadena de producción, contribuyendo al desarrollo sostenible.
El ministro Busso destacó la implementación del programa BPAs: “Este proyecto le da sostenibilidad y sustentabilidad a lo que se hace en el campo. Por eso, este programa reconoce y beneficia a los productores que hacen bien las cosas y que trabajan cuidando los recursos”.
Por otra parte, también entregó un móvil 0km totalmente equipado, destinado a la Patrulla Rural que reforzará la seguridad de los productores y vecinos de la zona. Cuenta con kit de intervención para contener incendios rurales, malacate, luces accesorias, nuevas balizas y enganche para tráiler.
Esta unidad fue adquirida gracias al Fondo de Desarrollo Agropecuario (FDA), una herramienta destinada a mejorar la infraestructura vial, el fortalecimiento de la seguridad y la conservación de los caminos rurales. Consolida la articulación entre el Estado y el sector productivo.
“La Patrulla Rural es hoy un orgullo para Córdoba, por su cercanía con el productor y el reconocimiento que tiene del sector. En un contexto complejo, reafirmamos que la seguridad es un valor que no se negocia y que solo es posible con un Estado presente en cada rincón de la provincia”, cerró el ministro Busso.
Se puso en funcionamiento una nueva base operativa, que contribuirá a mejorar la seguridad y optimizar las condiciones de vigilancia y control para todos los productores y vecinos de la zona del departamento Pocho. Además, se entregó un móvil para la Patrulla Rural.
En la localidad de Las Palmas, el ministro de Bioagroindustria, Sergio Busso, encabezó el acto de inauguración de este nuevo destacamento en el departamento Pocho que permitirá mejorar las condiciones de seguridad de la zona, ampliando la presencia territorial de las fuerzas de seguridad y aumentando la capacidad de respuesta ante situaciones de peligro para los vecinos.
Además, entregó una patrulla totalmente equipada, destinada a la Policía Rural, la cual permitirá reforzar las tareas de prevención y control en el territorio, así como operativos en zonas rurales.
Busso destacó la inauguración de esta nueva base operativa y dijo: “En estos años logramos consolidar una fuerza específica para el sector productivo, con más de 140 móviles, más de 110 destacamentos y una política sostenida de inversión. Esto es posible por la decisión del gobernador de destinar recursos del campo nuevamente al campo, y por el trabajo articulado con las entidades para dar respuesta a las necesidades reales de nuestros productores”.
Estas acciones forman parte del Fondo de Desarrollo Agropecuario (FDA), una herramienta clave para consolidar la articulación entre el Estado y el sector productivo que impulsa inversiones estratégicas destinadas al desarrollo integral del entorno rural, haciendo hincapié en la mejora de la infraestructura vial, el fortalecimiento de la seguridad y la conservación de los caminos rurales.
De esta forma, el Gobierno de la Provincia de Córdoba reafirma su compromiso con el interior productivo, garantizando la seguridad de los productores en su territorio.
Estuvieron presentes el legislador del departamento de Pocho, Jorge Heredia; el presidente comunal de Las Palmas, Diego Tejeda; el director de Patrulla Rural, Comisario General, Jorge Fúnes; el secretario de Coordinación y Desarrollo Productivo, Germán Font, entre otras autoridades.
En un contexto global orientado a la descarbonización, las oleaginosas invernales como colza, carinata y camelina adquieren relevancia como insumos para los biocombustibles de segunda generación. En Argentina, su desarrollo aún es incipiente, pero en expansión, impulsado por una creciente demanda internacional. Su incorporación se posicionaría como una alternativa para diversificar la producción, mejorar el uso del suelo y generar nuevas oportunidades económicas.
Introducción
Las reglas de juego a nivel internacional se redireccionan hacia un escenario más comprometido con la sustentabilidad y la reducción del impacto ambiental que es generado por las emisiones de gases de efecto invernadero (GEI), a través del uso de los combustibles fósiles. En este escenario, las oleaginosas de invierno aparecerían como una oportunidad para afrontar este desafío, a través de los denominados ‘‘biofuels’’ que son los biocombustibles aptos que se pueden elaborar a partir de aceites vegetales. Entre las materias primas que se pueden utilizar se encuentran las crucíferas, pertenecientes a la familia de brasicáceas; camelina, carinata y colza. Las mismas, son cultivos mayormente invernales que se adaptan bien a ambientes templados y de bajas temperaturas, aportando buena cobertura del suelo caracterizados por su rápido desarrollo y su versatilidad productiva. Por lo tanto, pueden constituir a una opción útil en la producción de aceites vegetales para la elaboración de biocombustibles de segunda generación. Estos, se diferencian de los convencionales (biocombustibles de primera generación a base de biodiesel y bioetanol), por utilizar materias primas no destinadas a la alimentación, como residuos agrícolas, aceite de cocina usado (UCO) o cultivos específicos como carinata y camelina, lo que permite reducir la competencia por el uso del suelo y disminuir la huella ambiental, posicionándolos como una alternativa más sustentable frente a los biocombustibles de primera generación. Mientras que, la colza se clasifica tradicionalmente como materia prima de biocombustibles de primera generación, dado que también tiene usos alimentarios. No obstante, bajo esquemas certificados y orientados a la sostenibilidad, puede integrarse en cadenas de valor energéticas con menor impacto ambiental.
Según los datos brindados por el Instituto Interamericano de Cooperación para la Agricultura (IICA) la generación de energía produce alrededor del 75% de las emisiones anuales de GEI. Por lo tanto, las bioenergías son una oportunidad para sustituir combustibles fósiles, principalmente a través de los biocombustibles líquidos que tienen un rol clave en la descarbonización del sector del transporte. Si bien el transporte terrestre concentra la mayor parte de las emisiones del sector, la aviación constituye un objetivo prioritario para la reducción de GEI debido a la alta emisión per cápita y a que no puede electrificarse fácilmente, además de la limitación que implica la asignación de esas intensidades a los distintos países. En este contexto, los combustibles sostenibles de aviación (SAF) se presentan como la principal herramienta disponible en el corto y mediano plazo para reducir la huella de carbono, apostando al 65% del ahorro de emisiones al 2050. Por lo tanto, las crucíferas se presentan como una variable óptima para la producción de SAF.
Panorama nacional
Entre las alternativas productivas del invierno se ubican los cultivos comerciales, de servicios (cobertura), forrajeros y barbechos. En Argentina, entre las opciones mayormente elegidas por los productores se encuentran los cereales como el trigo y la cebada, que juegan un rol principal ya que, combinan un mercado consolidado a nivel local como externo, con un rol estratégico en la rotación. Mientras que, el barbecho continúa siendo una herramienta útil para conservar recursos hídricos y reducir la exposición a escenarios adversos. Sin embargo, las brasicáceas entran en juego como una nueva oportunidad estratégica para mantener ocupados los suelos durante el invierno a cambio de una retribución económica que implique una externalidad positiva en el ambiente.
En la actualidad, a nivel nacional solo se encuentran disponibles datos productivos oficiales de la colza a través de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP). Mientras que, las otras crucíferas, se encuentran en desarrollo por lo que se presenta información brindadas por fuentes privadas.
Tabla N°1: Tabla comparativa entre colza, camelina y carinata.
Fuente: DE-BCCBA en base a SAGyP, LDC y fuentes privadas
En el marco de dichos cultivos, el Programa Argentino de Carbono Neutro (PACN), una iniciativa de las Bolsas de Comercio y Cereales del país, en conjunto con empresas del sector, lanzaron la herramienta de cálculo y gestión de huella de carbono para las crucíferas. Su objetivo es calcular y gestionar el balance de carbono por producto y fortalecer el posicionamiento internacional de la cadena.
Por otro lado, la compañía Louis Dreyfus Company (LDC) inauguró en su complejo agroindustrial de Timbúes una nueva línea de molienda de semillas con alto contenido de aceite, destinada a fortalecer el mercado mundial de combustibles renovables para la aviación (SAF). Cuenta con una capacidad de procesar hasta 3 mil toneladas de las oleaginosas mencionadas, con foco en la producción de aceite de camelina.
A su vez, en el país se encuentran vigentes 3 potenciales proyectos de producción de SAF: ‘‘Santa Fe Bio’’ con una capacidad de 180 mil toneladas, ‘‘Grupo Bahía Energía’’ y ‘‘GreenSinnergy’’, que podría alcanzar las 100 mil toneladas.
Camelina
Se trata de un cultivo oleaginoso de ciclo corto, de entre 120 a 140 días, que puede cultivarse en rotación con soja, maíz y otros cultivos extensivos. Dado que la camelina es la que menos agua requiere de su categoría, y, que puede sembrarse en invierno, permite a los agricultores cultivarla en reemplazo de barbechos, aumentando su rentabilidad al tener el lote ocupado. Entre sus virtudes se puede encontrar el hecho que no es destinado a la industria alimentaria, ni desplaza a ningún cultivo dedicado a la misma, es resistente a las condiciones climáticas adversas, cuenta con beneficios agronómicos (contribuye a la cobertura del suelo, mejora su estructura y favorece la recirculación de nutrientes, además de aportar beneficios para los polinizadores y, para el manejo de malezas y enfermedades de ciclo corto), baja utilización de agua y una rentabilidad económica, con impacto positivo sobre la sustentabilidad.
La camelina es un cultivo emergente en la agricultura del país, que comenzó a sembrarse en 2019 con unas 600 ha. La empresa Louis Dreyfus Company (LDC) se ha propuesto como objetivo la expansión de este cultivo en el territorio nacional, otorgándole a los productores la semilla sin costo, monitorear el desarrollo del cultivo y comprando la cosechado con un contrato fijado respecto a la cotización de la soja, más un premio en dólares por tonelada, que se ubicaría en torno a los USD 450/Tn. Además, según datos de la firma, en 2025 se alcanzaron 32 mil hectáreas sembradas en todo el territorio nacional, con el objetivo de alcanzar las 60 mil para el 2026.
De acuerdo con los datos brindados por LDC, en Córdoba la fecha de siembra va desde mayo hasta junio, con un costo de implantación que ronda los 311 USD/ha considerando labores agrícolas, insumos para el control de malezas y fertilización. Para la última campaña, Córdoba representó el 23% en la superficie sembrada a nivel nacional, alcanzando una superficie de 7.240 hectáreas. A su vez, las labores de cosecha se expanden desde octubre hacia noviembre, logrando la liberación de los lotes para dar lugar a la siembra estival, dando como resultado rendimientos promedios que van desde 8 qq/ha hasta 15 qq/ha.
Carinata
En cuanto a este grano oleaginoso, su ciclo va desde abril hasta mediados de noviembre. Dentro de sus ventajas en cuanto al suelo, favorece la mejora de la estructura, la porosidad y la infiltración, reduciendo la erosión y promoviendo una exploración radicular profunda. Su incorporación en la rotación permite intensificar los sistemas productivos, incrementando la biomasa y favoreciendo la descomposición e incorporación de nutrientes. A nivel del sistema productivo, ofrece ventajas como el control de malezas, y un consumo de agua comparable o inferior a los cereales.
La carinata, al igual que ocurre con la camelina, no cuenta con estadísticas oficiales, así mismo, los primeros lotes sembrados del país comenzaron en 2019 con aproximadamente 1.500 hectáreas según fuentes privadas. A partir de ese momento, comienza a expandirse alcanzando las 9 mil hectáreas el último año, lo que permitió al país posicionarse como el principal país productor del mundo seguido por Uruguay. Actualmente, se desarrolla a través de contratos entre empresas y productores, que proveen la semilla, monitorea el proceso y luego compra el total de la producción destinándolo al mercado internacional. Dicha producción se desarrolla bajo estándares de trazabilidad y control de calidad, incluyendo las etapas de siembra, manejo, cosecha y acopio, además se obtiene como subproductos la harina alta en proteína para la alimentación animal.
En cuanto a su rendimiento, se ubicaría entre los 12 qq/ha y 20 qq/ha con experiencias de hasta 40 qq/ha bajo la utilización de híbridos. Mientras que, su precio promedio, se ubicaría alrededor de USD 450 por tonelada. Por último, el territorio productivo se concentra principalmente en las provincias de Entre Ríos, Santa Fe, norte de Buenos Aires, y en las regiones del NEA y el NOA.
Colza
La colza es la tercer oleaginosa más producida a nivel mundial, por detrás de la soja y de la palma destinada a la producción de aceites y, la que tiene una mayor trayectoria en el país de las crucíferas consideradas.
En este sentido, las primeras estimaciones oficiales por parte de la Secretaría de Agricultura, Ganadería y Pesca (SAGyP) se pueden visualizar a partir de la campaña 1978/79. En las últimas campañas, puede visualizarse un incremento en la producción pasando de 17.000 toneladas en 2020/2021 a 58.000 toneladas en el ciclo 2024/2025. A pesar de ello, se encuentra lejos de las 120.000 toneladas producidas en la campaña 2012/2013. En cuanto a los rendimientos, siguieron la misma línea ubicándose en 16,77 qq/ha en promedio para el último ciclo mencionado, en cuanto al precio, la tonelada se comercializó alrededor de los USD 350/450 por tonelada.
Además, para la campaña 2024/25, la producción de la oleaginosa se concentró principalmente en Entre Ríos con el 41% y en Buenos Aires con el 39%, con una menor participación se ubicaron las provincias de Santa Fe y Córdoba con el 11% y 5%, respectivamente.
Comentarios finales
Las brasicáceas se caracterizan por desarrollar sistemas radiculares pivotantes que permiten explorar en profundidad el perfil del suelo, favoreciendo la descompactación biológica, la infiltración de agua y el reciclaje de nutrientes. Este efecto es más marcado en cultivos como colza y carinata, mientras que, en camelina, su desarrollo es más limitado.
En la Argentina, en los últimos años se ha dado lugar a la aparición relevante de las brasicáceas mencionadas, con un gran potencial para el productor y para el país en materia de productividad y sustentabilidad. Durante el invierno, quedarían alrededor de 20 millones de hectáreas libres que podrían destinarse a la generación de estos aceites oleaginosos para ubicarse como un jugador importante en los mercados de biocombustibles aportando mayores oportunidades al país en materia de ingresos de divisas y diversidad en lo destinos de las exportaciones argentinas. Considerando el liderazgo mundial con el que cuenta Argentina en la producción de aceites, haciendo uso de esta ventaja, el país podría ser un jugador importante en este mercado en auge con una demanda mundial que se encuentra en crecimiento.
La información técnica y el acompañamiento a los productores junto a un mercado más desarrollado es fundamental para consolidar estos cultivos como una opción viable y rentable dentro del sistema productivo. Estas opciones expanden la frontera de los cultivos invernales con la mejora de los suelos y una tasa de retorno económico como alternativa a los cereales invernales.