Estudios del INTA Manfredi muestran que, con la incorporación de paneles solares, se logra aumentar las láminas de riego aplicadas, lo que puede redundar en mayores rindes y la siembra de más hectáreas con la misma cantidad de agua
Un equipo de especialistas del INTA Manfredidesarrolló una línea de investigación sobre riegoenterrado por goteo, para cultivos extensivos alimentado con paneles solares y sin conexión a la red eléctrica (sistema off grid).
El trabajo apunta a generar una alternativa para establecimientos que no disponen de ese servicio o para lugares donde extender el tendido resulta demasiado costoso.
El estudio permitió avanzar en la definición de parámetros para implementar estos sistemas, desde el caudal necesario por hectárea hasta la potencia de la bomba y del parque fotovoltaico, como las horas de riego disponibles a lo largo del año.
El tema forma parte de la 9.ª Reunión Internacional de Riego y 3.ª Exporiego, que se realiza este miércoles y jueves en el INTA Manfredi (Córdoba). El encuentro incluirá actualizaciones técnicas e intercambio de experiencias en innovaciones de sistemas de riego, energía, automatización y agricultura de precisión.
Ignacio Severina, investigador del INTA Manfredi, explicó que el esquema off grid está pensado para campos sin acceso a la red.
“Muchas veces llevar la electricidad hasta el establecimiento tiene un costo muy alto”, señaló. En los sistemas on grid (conectados a la red), en cambio, los paneles complementan el suministro convencional y permiten reducir entre un 20 y un 30 % el costo de la energía.
RIEGO PARA FORTALECER DEL SISTEMA
El equipo del INTA Manfredi investiga el riego por goteo enterrado desde 2012. En una primera etapa utilizó equipos eléctricos. En 2022, mediante un convenio de vinculación tecnológica con Tonka Solar y Rivulis-Conci, reemplazó una de las dos bombas de la perforación por una bomba solar Lorentz, de origen alemán, e instalaron los paneles necesarios para abastecerla.
El equipo instalado tiene una bomba que eroga un caudal de 24 metros cúbicos por hora (m³/hs) y una potencia de 10 kilovatios (kW) para regar 6 hectáreas, mientras que el parque fotovoltaico alcanza una potencia máxima de 18 kW.
“Esa diferencia permite prolongar el período de uso ante una caída de la radiación; sobredimensionamos el parque solar para tener más horas de riego y poder trabajar también en días nublados”, indicó Severina.
La fuente de energía también cambió la lógica de manejo. Con electricidad, el riego se activaba de acuerdo con el balance hídrico y la demanda del cultivo.
“La bomba solar, en cambio, comienza a trabajar a partir de un nivel suficiente de radiación y se detiene al oscurecer, regando todos los días del año para aprovechar la luz solar y, de no ser necesario, aplicar al cultivo. En este caso se realizan riegos de recargas del perfil en momentos de baja demanda de los cultivos”, explicó el investigador.
Las seis hectáreas iniciales se dividieron entre dos planteos: tres con rotación trigo y soja de segunda, y otras tres con maíz.
Durante los primeros dos años, el objetivo fue determinar la cantidad de lámina posible de aplicar a los cultivos con este sistema, tratando de regar todos los días, y obtener parámetros de diseño como horas de riego mensuales y diarias.
En trigo, la lámina aplicada durante los 10 años previos con el sistema eléctrico fue de unos 300 mililitros, frente a 520 mililitros con el sistema solar. En ese período, el rendimiento pasó de 55 a cerca de 70 quintales por hectárea (qq/ha).
“Estamos comparando 10 años contra dos, por lo que hay que tomar el dato con cautela. El agua aumentó mucho más que el rendimiento”, advirtió Severina.
En soja de segunda, la lámina pasó de 100 mililitros con el sistema eléctrico a 300 mililitros con el solar, mientras que en maíz aumentó de 250 a 500 mililitros.
Sin embargo, los rendimientos tuvieron poca variación: la soja se mantuvo en torno de 35 qq/ha y el maíz pasó de 15 a 16 toneladas por hectárea. Se aplicaba mucha más agua, pero la respuesta productiva era muy baja.
“La gran conclusión fue que estábamos aplicando casi el doble de agua y los rendimientos aumentaban poco. Con el sistema eléctrico ya habíamos logrado regar con el agua justa y alcanzar rendimientos altos. Eso indica que nuestra metodología de balance hídrico está bien calibrada y validada para la región”, señaló el investigador.
SUPERFICIE DUPLICADA
A partir de esa evidencia, durante los dos años siguientes se cambió la estrategia. “Duplicamos la superficie: pasamos de 6 a 12 hectáreas, es decir que ahora tenemos dos metros cúbicos para regar una hectárea con la misma bomba, y obtuvimos niveles de riego más parecidos a los que usábamos con el sistema eléctrico”, detalló Severina.
En trigo aplicaron alrededor de 350 mililitros y obtuvieron 65 qq/ha, unos cinco quintales más que la referencia del sistema eléctrico. En maíz utilizaron cerca de 250 mililitros y alcanzaron 15 toneladas por hectárea. En soja de segunda, la lámina se ubicó en unos 200 mililitros y el rendimiento permaneció alrededor de 35 qq/ha.
El segundo período mostró que la misma infraestructura podía abastecer el doble de superficie sin una caída relevante de los rendimientos. El aprendizaje fue ajustar el agua a los requerimientos de los cultivos y aprovechar la capacidad disponible para ampliar el área bajo riego, en lugar de aplicar toda el agua que permitían las horas de energía solar.
PARÁMETROS DE DISEÑO
A partir de los cuatro años de ensayos, el equipo pudo generar información para pasar de la experiencia experimental al diseño de instalaciones a campo. Uno de los principales resultados fue establecer como referencia un caudal de 2 metros cúbicos por hectárea a regar.
“Es un gran dato, porque lo primero que necesita saber un productor que quiere instalar este sistema es qué caudal requiere para la superficie que va a regar”, destacó Severina.
Así, para un planteo de 50 hectáreas habría que considerar un caudal cercano a 100 metros cúbicos y, a partir de ese valor, seleccionar la bomba. En el ejemplo planteado por el especialista, un equipo para ese requerimiento podría demandar unos 100 kW y un parque fotovoltaico cercano a 200 kW.
Además, los ensayos mostraron que los paneles deben tener una potencia superior a la demanda de la bomba para ampliar la ventana diaria de trabajo. Como referencia, el parque fotovoltaico se proyecta con cerca del doble de la potencia requerida por el equipo de bombeo. Esa diferencia permite sostener el riego ante niveles de radiación inferiores al máximo.
Otro dato generado por el trabajo es la disponibilidad energética a lo largo del año. En la zona de influencia del INTA Manfredi, el sistema acumula unas 1.950 horas anuales de riego, con un promedio cercano a siete horas diarias durante el período de uso. La cantidad de horas es menor en invierno y aumenta en verano. Es como disponer de unos 80 días de riego eléctrico.
Con ese esquema, las láminas que surgieron como referencia son de alrededor de 300 mililitros para trigo, 250 mililitros para maíz y 200 mililitros para soja. El caudal por hectárea, la potencia necesaria, las horas de uso y los requerimientos de cada cultivo conforman así una base técnica para definir cuánta superficie puede abastecer un sistema off grid antes de realizar la inversión.
El cruzamiento con razas carniceras en tambos aumenta el valor de los animales excedentes y reordena la gestión del rodeo. La experiencia iniciada en el INTA Rafaela, en Santa Fe, aportará datos para optimizar las decisiones técnicas y comerciales en la lechería a partir del seguimiento de las primeras 30 cruzas terminales que nacerán en marzo de 2027.
El sistema conocido como beef on dairy o producción de carne derivada del tambo, toma fuerza en la lechería argentina como una alternativa técnica y de gestión. En el establecimiento experimental del INTA Rafaela —Santa Fe— ya comenzó el trabajo con cruzamientos terminales.
Mediante la inseminación de vacas realizada durante este año, el equipo técnico espera contar con las primeras 30 cruzas terminales nacidas en marzo de 2027. La propuesta busca transformar animales considerados históricamente un subproducto en un bien de mayor valor, en un momento donde la carne muestra una mayor tracción comercial que la leche.
La oportunidad surge a partir de la mejora en los índices de crianza y recría de hembras. Es que, de acuerdo con Nicolás Welschen, médico veterinario del INTA Rafaela, “la mortalidad de hembras anualizada se encuentra por debajo del 1 %, mientras que la eficiencia de preñez y el uso de semen sexado en algunas categorías de vacas han permitido garantizar el número de vaquillonas necesarias para reponer el descarte voluntario y no voluntario de vacas en producción en los tambos del INTA Rafaela”.
Sin embargo, en un contexto —agregó— en el que el mercado de vaquillonas atraviesa una menor demanda, esos animales pueden tener un valor inferior. Al mismo tiempo, la carne presenta actualmente una mayor tracción comercial que la actividad lechera.
Frente a esta disponibilidad, el cruzamiento terminal propone inseminar una parte del rodeo con razas carniceras, principalmente Aberdeen Angus. La estrategia reserva el semen sexado para las vacas de mayor mérito productivo, sanitario y reproductivo, mientras destina los vientres restantes a genética carnicera para lograr una cruza con mejor aptitud que el Holstein puro.
Y, en este punto, Welschen subrayó: “El beef on dairy actúa como una herramienta de ordenamiento del rodeo porque al implementar este sistema de cruzas terminales, es necesario conocer la dinámica del rodeo lechero para determinar qué cantidad de vaquillonas necesita el establecimiento para sostener su reposición y su crecimiento y a partir de allí, definir qué animales pueden ser destinados a cruzamientos con razas carniceras”.
El sistema destaca también por su flexibilidad para adaptar decisiones al mercado sin alterar la estructura del tambo. En este punto, Welschen reconoció que “en la Argentina no hay mucha información local respecto a esta estrategia y este será uno de los primeros trabajos con un seguimiento técnico y con datos fehacientes respecto de la eficiencia de conversión, consumo de alimento y calidad de canal”.
Así, la generación de conocimiento local resulta clave para definir cuándo y en qué condiciones conviene adoptar esta alternativa en los tambos argentinos. Es que, una de las principales características del beef on dairy es su flexibilidad. “El productor puede modificar el destino reproductivo de las vacas de acuerdo con las condiciones del negocio, sin necesidad de transformar estructuralmente el sistema”, destacó Welschen.
La evolución de los sistemas productivos está ampliando el rol de los cultivos de servicio. Además de aportar cobertura y beneficios agronómicos cuantificables, comienzan a integrarse cada vez más con la producción ganadera y a ocupar nuevas ventanas dentro de la rotación.
Desde Pemán Semillas, el Ingeniero Agrónomo Francisco Soria Raimondetto analiza esta transformación y plantea la necesidad de adaptar cada decisión al ambiente y a los objetivos del productor.
Una herramienta que suma funciones Los cultivos de servicio han ganado protagonismo en las últimas campañas y, desde nuestra experiencia en Pemán Semillas, observamos que cada vez más productores buscan incorporar esta herramienta a sus sistemas.
Durante mucho tiempo, la mayor parte de los planteos se pensaron principalmente para generar volumen de materia seca y cobertura, contribuir al manejo de malezas, mejorar condiciones físicas del suelo, reciclar nutrientes y, en el caso de las leguminosas, incorporar nitrógeno mediante fijación biológica. Todos esos objetivos siguen siendo fundamentales. Lo que hoy está ganando relevancia es la posibilidad de sumarles un aprovechamiento ganadero y obtener así, un ingreso concreto durante el ciclo del cultivo.
Esta integración representa un cambio en la manera de analizar los cultivos de servicio. Si la producción ganadera forma parte de los objetivos, debe tenerse en cuenta desde el momento de definir qué especies utilizar, en qué fecha sembrarlas y cómo manejarlas. El cultivo deja de pensarse únicamente por la cobertura que va a generar y pasa a formar parte de una estrategia productiva más amplia.
Cuando la agricultura y la ganadería se integran Los sistemas mixtos, que ya cuentan con ganadería dentro del establecimiento, han sido naturalmente los primeros en incorporar este doble propósito. La posibilidad de aprovechar una parte del crecimiento del cultivo mediante pastoreo permite sumar producción adicional y, posteriormente, continuar con la generación de biomasa para cumplir el objetivo de cobertura.
“La clave está en planificar ese aprovechamiento. Elegir el momento adecuado, definir la intensidad de uso y considerar la capacidad de recuperación del cultivo, permite integrar ambas funciones dentro de una misma estrategia. No se trata de reemplazar el objetivo agronómico por el ganadero, sino de encontrar una forma de que ambos se complementen”, comenta Soria.
Este enfoque también aporta una dimensión económica interesante. Los beneficios de los cultivos de servicio sobre el sistema están cada vez más estudiados y cuantificados, especialmente cuando se analizan a lo largo de varios años. La incorporación del pastoreo permite sumar a esos beneficios una producción ganadera que puede generar un retorno más inmediato.
Diversas instituciones, como INTA, Aapresid y CREA, vienen trabajando desde hace años en la evaluación del aprovechamiento ganadero de los cultivos de servicio. Los resultados publicados muestran producciones de entre 100 y 300 kg de carne por hectárea, e incluso superiores en determinados ensayos, lo que pone de manifiesto el potencial de esta herramienta para incorporar producción ganadera a los sistemas agrícolas, sin perder de vista sus beneficios agronómicos.
Nuevas ventanas para cultivos de servicio estivales Otra transformación que estamos observando desde Pemán Semillas es la incorporación de cultivos de servicio estivales, particularmente en regiones del NEA y NOA. En estos ambientes comienzan a aprovecharse ventanas dentro de la rotación que permiten incorporar especies de rápido crecimiento y sumar una nueva función productiva entre dos cultivos.
Un ejemplo es el período posterior a la cosecha de girasol y previo a la implantación de un verdeo de invierno o trigo. También aparecen oportunidades antes de la siembra de poroto en el NOA, donde el objetivo es aprovechar ese período relativamente corto para producir biomasa/cobertura y mejorar así las condiciones del cultivo de Poroto.
“En estas situaciones, la velocidad de crecimiento es un atributo especialmente importante. Se buscan especies capaces de establecerse rápidamente y producir una cantidad elevada de biomasa en el tiempo disponible. Cuando además se incorpora una leguminosa, aparece la posibilidad incorporar nitrógeno en el sistema mediante la fijación biológica”, destaca el Ing. Soria.
Entre las alternativas que estamos trabajando se encuentran Crotalaria y Mancebo®. Esta ultima es una leguminosa anual de propia de la empresa que presenta una alta producción de biomasa. Otro caso puntual como ejemplo es el uso de Mancebo®, como cultivo de servicio entre dos verdeos de invierno en el centro del país, en sistemas lecheros.
La incorporación de estas especies permite pensar el cultivo de servicio más allá de las ventanas tradicionales. En lugar de limitarse a un único momento del año, el productor puede identificar oportunidades dentro de su propia rotación y elegir materiales que se adapten al tiempo disponible y a las condiciones de esa campaña.
Del costo de implantación a una mirada integral “La forma de evaluar económicamente los cultivos de servicio también ha evolucionado. Hoy existe una cantidad creciente de información que permite comprender y cuantificar sus efectos sobre el sistema productivo a largo plazo. Por eso, limitar el análisis a cuánto costó implantar el cultivo y qué resultado se observa únicamente en la campaña siguiente ofrece una visión incompleta de su valor”, sostiene Soria.
Los cultivos de servicio forman parte de una estrategia de manejo cuyos beneficios pueden expresarse a través de distintas campañas: cobertura, dinámica de nutrientes, condiciones físicas del suelo, manejo de malezas y efectos sobre los cultivos posteriores. La evaluación económica debe contemplar esa construcción en el tiempo y no solamente el resultado inmediato de una intervención.
Cuando además existe integración ganadera, se incorpora otra dimensión al análisis. El aprovechamiento del forraje permite generar producción animal durante el ciclo del cultivo y sumar un retorno más cercano en el tiempo, mientras se continúa trabajando sobre los objetivos agronómicos de largo plazo.
Esto amplía las posibilidades de la herramienta y permite analizarla desde una perspectiva más completa: no solamente cuánto cuesta implantarla, sino qué aporta al sistema y qué producción adicional puede generar.
Una estrategia para cada ambiente Desde Pemán Semillas buscamos evitar las recetas estandarizadas. No creemos que la mejor recomendación sea utilizar siempre la misma especie, en la misma fecha y de la misma manera. Lo que buscamos es comprender qué objetivo tiene el productor y, a partir de ese objetivo, construir una estrategia adaptada a su establecimiento.
Para eso es necesario analizar el ambiente, los tiempos disponibles dentro de la rotación, las posibilidades de siembra, el agua acumulada al momento de implantar, las perspectivas de precipitaciones y el contexto productivo y económico de la campaña. También es importante definir desde el comienzo si el aprovechamiento ganadero forma parte de los objetivos.
Bajaría la mayoría de los aranceles y las retenciones en la próxima década. El pacto abre posibilidades para la Argentina, con la carne, la soja, la pesca, las frutas y los vinos como protagonistas.
En el comercio internacional, negociar en bloque puede destrabar puertas. Desde el 1° de mayo de 2026, el Mercosur y la Unión Europea tienen un nuevo acuerdo comercial que busca eliminar los aranceles y las retenciones, y que abriría oportunidades para el agro argentino. Un especialista de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) analizó el pacto y destacó que el agro sería el sector más favorecido. El tramo político del acuerdo —el marco de valores compartidos detrás de esta asociación— aún espera la aprobación de un Parlamento Europeo dividido.
“En el comercio internacional, muchos países se asocian para mejorar su poder negociador frente a grandes economías. Así nació el Mercosur, el bloque que reúne a la Argentina, Brasil, Paraguay y Uruguay”, afirmó Eduardo Polcan, docente de Economía General en la FAUBA.
“Esta integración facilitó el comercio entre ellos. Pero negociar con otros bloques tiene frenos como los aranceles, que son impuestos a las importaciones”, explicó el docente.
Para disolver estas trabas, y tras 25 años de negociaciones, el Mercosur firmó un acuerdo de libre comercio con la Unión Europea. Gracias al Acuerdo Comercial Interino —ITA, vigente desde el 1° de mayo—, los dos mercados integran el área de libre comercio más grande del mundo.
“Ambos bloques se complementan, ya que la Unión Europea aportará un amplio abanico de productos industriales como medicamentos, máquinas y fertilizantes. En cambio, en el Mercosur somos todos productores importantes de agroalimentos”, señaló Polcan.
El protagonismo del sector En ese sentido, Eduardo Polcan resaltó ventajas para nuestra agroindustria. “Será el sector más beneficiado por el acuerdo: el 85% de las exportaciones a la Unión Europea son productos del campo. Podemos aumentar el volumen de materias primas que enviamos y también de productos con valor agregado como pélets de soja, biodiesel, vino o harina. En este rubro somos muy competitivos y la producción está creciendo”.
Para el docente, ese crecimiento encuentra su cauce con las nuevas condiciones: además de la rebaja de aranceles, a partir de mayo de 2029, la Argentina eliminará de manera gradual las retenciones a las exportaciones hacia la UE. La medida abarca a la carne, la pesca, las frutas, los vinos y otras economías regionales. La soja y sus derivados tendrán un esquema especial.
“La soja, estrella de esas exportaciones, tendrá un ritmo más lento. El cronograma del acuerdo dice que al quinto año —en mayo de 2031—, el máximo de retenciones va a ser 18%. Desde ahí empezará a caer hasta el décimo año —en mayo de 2036—, cuando los derechos de exportación de la soja deberán ser 14% como máximo”, precisó Polcan.
¿Y qué retención aplicará el Estado argentino a los envíos que van a otros destinos? “Este esquema está acordado para las exportaciones a la Unión Europea. Cambiar las alícuotas para otros destinos requeriría otras negociaciones”, sostuvo Eduardo.
La baja de retenciones podría tener un efecto aun mayor si alcanzara a todos los destinos. Según un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario, en ese escenario las exportaciones de los principales granos y sus derivados —con la soja y el maíz a la cabeza— sumarían USD10.529 millones extra en la próxima década.
Más oportunidades, nuevas condiciones Polcan advirtió que más allá de los beneficios, el camino no va a ser sencillo. “Para el país, esa oportunidad depende tanto de que bajen los aranceles como de responder a las exigencias sanitarias, ambientales y de trazabilidad que impone el mercado europeo”.
“Son requisitos que debemos cumplir. Abarcan desde la genética de la soja que queremos vender hasta los residuos de agroquímicos en los productos de origen vegetal o el tipo de envasado de la miel. Estos son ejemplos recientes y concretos que pueden terminar funcionando como filtros: algunos aprovecharán las oportunidades y otros se quedarán fuera”, subrayó.
A mitad de camino Eduardo Polcan afirmó que del lado europeo todavía resta la aprobación del capítulo político del acuerdo. “La mayor resistencia al avance, al diálogo y a la cooperación entre los bloques es por el proteccionismo europeo. Un grupo de países, con Francia y Polonia a la cabeza, está poniendo frenos con el argumento de que los productos sudamericanos pueden afectar a sus agricultores”.
“Tampoco está todo resuelto puertas adentro del Mercosur. Un caso concreto es el de la nueva cuota para exportar carne bovina a la Unión Europea. Paraguay, que está aumentando su producción, pide repartir el cupo en partes iguales, mientras que la Argentina y Brasil defienden un criterio que contemple el desempeño histórico de cada uno”, reconoció el docente.
“Más allá de cómo nos repartamos la cuota puertas adentro, las condiciones para venderle carne vacuna a la Unión Europea son mejores. En especial para la Argentina, ya que gracias al acuerdo, el arancel de la cuota Hilton —que era del 20%— bajó a cero”, observó.
Para concluir, Polcan hizo hincapié en que las oportunidades ya se abrieron, pero aprovecharlas no será automático. “Hace falta un trabajo de inteligencia comercial detrás: definir qué productos pueden ganar más lugar en Europa y qué destinos conviene priorizar”.
Aunque la producción y las exportaciones del sector lácteo crecieron en el último año, el precio que recibe el productor quedó muy por debajo de la inflación. Además, su participación en el valor final de la leche continúa por debajo del promedio histórico.
La lechería volvió a quedar en rojo en el Semáforo de Economías Regionales de Coninagro correspondiente a agosto de 2026. El informe advierte que, pese al crecimiento de la producción y el buen desempeño del comercio exterior, el negocio de producir leche continúa condicionado por el atraso de los precios al productor frente a la inflación.
En agosto, el precio pagado al tambero se ubicó en $523,5 por litro, con una suba mensual del 1,5%. Sin embargo, en la comparación interanual, el incremento fue de apenas el 13%, muy por debajo de la inflación del 33,5% registrada en el mismo período. Esta diferencia refleja el deterioro del poder de compra de los ingresos que recibe el productor.
El indicador de participación en el precio final también muestra una situación desfavorable para el eslabón primario. Según Coninagro, en agosto el productor lechero recibió el 23% del valor final pagado por el consumidor, cinco puntos porcentuales por debajo del promedio histórico para ese mes, que se ubica en el 28%.
Más producción y exportaciones En el plano productivo, los indicadores mostraron una evolución positiva. El stock bovino en los tambos alcanzó los 3 millones de cabezas, un 5% más que un año atrás. A su vez, la producción acumulada de los últimos doce meses llegó a los 11.940 millones de litros, con un crecimiento interanual del 5%.
El mercado también presentó señales favorables. El consumo interno se ubicó en 193 litros por habitante al año, un 4% más que en el período anterior. En tanto, las exportaciones lácteas totalizaron US$ 1.993 millones en los últimos doce meses, lo que representó un aumento del 15% interanual. Las importaciones, por su parte, sumaron US$ 30 millones, con una suba del 14%.
Una dificultad que se sostiene en el tiempo La persistencia de la lechería en rojo no es un fenómeno aislado. De acuerdo con la perspectiva histórica del Semáforo, la actividad registró indicadores críticos durante el 65% de los meses relevados en más de ocho años de mediciones. Se trata de uno de los sectores con mayor permanencia en esa situación, solo por detrás de la vitivinicultura.
El panorama refleja una brecha entre el desempeño productivo y comercial de la cadena y la rentabilidad del tambo. Aunque crecen el volumen de leche producido y las ventas externas, el precio recibido por el productor pierde terreno frente a la inflación y su participación en el valor final se reduce.
Así, el principal desafío para la lechería continúa siendo que la evolución favorable de la actividad se traduzca en mejores condiciones económicas para quienes producen la materia prima.