Trigo: las expectativas se desinflan cada vez más en la zona núcleo

Trigo: las expectativas se desinflan cada vez más en la zona núcleo

Un informe de la Bolsa de Comercio de Rosario alerta que es el inicio de campaña más seco en 15 años. Se sembrarían solo 650.000 hectáreas, la cifra más baja desde 2016, cuando con agua suficiente se hubieran implantado cerca de 2 millones.

 

Ante un panorama de poca lluvia y suelos muy secos, y con la siembra de trigo a la vuelta de la esquina, en la nona núcleo los productores empiezan a hacer los números para lo que viene. Y aunque quisieran que el escenario fuera otro, lo que viene, en muchos casos, es definitivamente sin el trigo como protagonista.

La Bolsa de Comercio de Rosario informó que el escenario actual es el más seco de los últimos 15 años. ¿Hasta dónde hay que retroceder para ver un cuadro así? Los técnicos de la entidad rosarina aseguran que en 2009 fue la última vez que se advirtió un nivel de sequía semejante en el suelo.

“La falta de agua en la región es una gran preocupación ya que no están dadas las condiciones para sembrar. De concretarse la proyección de 650.000 hectáreas trigueras, la siembra estaría en los niveles anteriores al 2016”, plantearon.

ABRIL, CON ESCASO APORTE DE AGUA

Los autores del informe son contundentes con el aporte de lluvias que dejó el mes pasado. “Si abril hubiese cumplido con la media (120 mm) de lluvias y mayo estuviese acompañando con pronósticos de tormentas, se estaría ante la proyección de una siembra récord, con casi 2 millones de hectáreas como intención para el ciclo 2023/24”, sostuvieron.

“Lamentablemente, con solo el 30% de las lluvias de abril y pronósticos muy desfavorables hasta el 10, e inclusive al 15 de mayo, el escenario para la siembra de trigo se presenta como el más seco de los últimos 15 años. Por lo tanto, la intención de siembra en la región núcleo va disminuyendo acorde con la probabilidad de lluvias, por lo que, por el momento, se proyecta un área de 650.000 ha”, estimaron.

La superficie es un 50% menor que la de hace un año atrás.

“Así, se estaría en un nivel de siembra que caería a los años previos del 2016, años en que con un margen ajustado se apuntaba a un trigo de 25 a 30 qq/ha”, calcularon.

Se entiende que a partir del 2016, con la mejora de los márgenes, el trigo se transformó en un cultivo de gran valor para la región núcleo. “Cambió el manejo y se aplicó mayor tecnología, para alcanzar rindes de 50 a 55 qq/ha. El 2016 ha sido una gran bisagra para el trigo”, sostuvieron.

“Antes de ese año, rara vez logró superar las 700.000 ha y era impensable obtener promedios de casi 50 qq/ha como obtuvo la región en la campaña 2021/22”, recordaron.

LA INTENCIÓN ESTÁ, EL AGUA NO

Según manifestaron, en la región núcleo, el productor necesita sembrar, pero no hay agua suficiente en los perfiles. “En San Gregorio, en el sur santafesino, los técnicos explican que los productores “buscan una revancha financiera rápida con el trigo”. Sin embargo consideran que es muy arriesgada, porque “la campaña está muy complicada desde el inicio, no hay agua suficiente en los perfiles”.

“En esta semana comenzaron la toma de muestra de agua útil. Estiman que puede estar entre el 20 y el 30%, cuando, en un año normal, lo mínimo requerido para sembrar es un 60%. Recomendamos seguir el nivel de agua útil, porque ahí está la clave del riesgo que se quiera asumir. Nuestro límite va a estar en el 50% de agua útil”, expresaron.

Podría incrementarse incluso la práctica del trigo como cobertura, sin fertilizar.

“Se hará en algunos casos puntuales. Y hacia fin de agosto, según como llueva y esté el cultivo, se podría fertilizar y dejar a cosecha o cortarle el ciclo”, definieron.

Por último, aclaran que si bien la fecha límite de siembra que manejan es el 10 de julio, saben que durante junio y julio el aporte pluvial es escaso, por lo que el límite real es fin de mayo.

A partir de una salida anticipada de la hacienda por efectos de la seca, los feedlots elevaron sus niveles de encierre. En paralelo, se percibe una mejora en sus números de rentabilidad en los dos últimos meses, de acuerdo a un trabajo elaborado por Juan Manuel Garzón, de la Fundación Ieral. 

Como base, el análisis midió la cantidad de maíz que se puede comprar con la venta de un novillito,, una vez descontado el costo de la invernada. En enero de 2023, la ecuación arrojaba unos 1.443 kilos de maíz, un poder de compra que era un 40% menor al promedio de los últimos 13 años.

Por su parte, entre febrero y comienzos de abril, la venta de un novillito permitió comprar 2.165 kilos de maíz. Este volumen fue un 50% superior en comparación al primer mes del año.

“La situación mejoró considerablemente, pero debe advertirse que queda una brecha todavía del 10% respecto al poder de compra promedio del período 2010/2022, la brecha que era del 40% se redujo al 10%”, explicó Garzón. 

En este caso, consideró que la mejora se explica más por el cambio de precios relativos de categoría de animales, que por el mayor poder de compra de la hacienda en términos de maíz.  

 

SUBA EN EL PRECIO DE LA HACIENDA

Por su parte, con la suba de precios de hacienda de febrero y marzo y cierta estabilización en el precio del maíz, el poder de compra de la hacienda en términos del cereal mostró una mejoría. 

En enero, se compraban 7,4 kilos del cereal por cada kilo de novillito vendido, relación que pasó a ser de 9,3 en el mes de marzo, un 26% más. “Esta suba también ha contribuido a la mejora de la situación económica del engordador”, sostuvo. 

Más allá de este panorama, advirtió que el nivel actual de este indicador está todavía bastante por debajo de su media reciente, unos 12,3 kilos de promedio en el período 2010-2022.  “Y mucho más lejos aún de los que fuesen sus mejores años, 14,9 kilos en 2014 y 19,4 kilos en 2015”, agregó. 

Para que este efecto favorable se extienda, Garzón remarcó que será fundamental que los precios de la hacienda, en particular de sus categorías de mayor edad y kilaje, se mantengan firmes a futuro. “Para que esta condición se cumpla, es clave la evolución que muestre la demanda, tanto interna como externa”, sostuvo.

Y agregó: “Un riesgo macroeconómico muy latente con potencial de daño sobre la actividad del engorde y la ganadería en general es un salto en el tipo de cambio oficial, que incremente los costos de producción, en particular los de sanidad y alimentación”. 

Confirman resistencia a glifosato en una nueva especie del género Echinochloa

Confirman resistencia a glifosato en una nueva especie del género Echinochloa

En nuestro país ya estaba declarada la resistencia a este herbicida en E. colona y E. crus-galli, ahora se confirma también en E. oryzoides y se establece una sospecha en E. chacoensis, ambos casos en poblaciones del centro-este de Santa Fe.

 

En Argentina, se han identificado siete especies pertenecientes al género Echinochloa, siendo E. colona (capín) y E. crus-galli (capín arroz) las más extendidas a nivel local e internacional. Asimismo, E. chacoensis y E. oryzoides también pueden encontrarse en nuestro territorio considerándose malezas, afirmaron desde Aapresid.

Los relevamientos llevados a cabo en los mapas de REM indican que el género Echinochloa ha experimentado un aumento sostenido en su área de ocupación en Argentina desde 2010 hasta la fecha, llegando a cubrir el 35% de las zonas agrícolas en 2021 y posicionando a E. colona como la cuarta maleza más significativa.

El género Echinochloa se compone de especies anuales C4 que emergen en la primavera-verano y se reproducen a través de semillas. Estas plantas presentan una gran diversidad y su clasificación taxonómica suele ser compleja. Además, presentan diversas características que las hacen un desafío persistente en los agroecosistemas, tales como la existencia de varios ecotipos, alta producción de semillas, dormancia corta, rápido crecimiento, potencial competitivo elevado, interacción alelopática y resistencia a varios herbicidas.

Según señala Aapresid, a nivel mundial se han registrado fallas en el control químico de diferentes poblaciones del género Echinochloa, con la confirmación de la primera población resistente de E. colona a este herbicida en Australia en 2007. En total, se han reportado 89 casos de ocho especies y cultivares del género en todo el mundo con resistencia a varios sitios de acción herbicidas (ALS, ACCasa, FSII, Auxinas y VLCF).

En Argentina, el primer reporte de resistencia en este género se produjo en 2009 con E. colona resistente a glifosato, seguido en 2018 por E. crus-galli con resistencia a glifosato y glifosato + ALS. Sin embargo, aún no se ha llevado a cabo un estudio comparativo de la susceptibilidad de las diferentes especies de Echinochloa presentes en el país.

Por esta razón los investigadores; Eduardo Cortés (FCA UNL) , Ana Schneider, Elisa Panigo, Mariel Perreta, Ignacio Dellaferrera (ICiAgro Litoral, UNL-CONICET) y Rafael De Prado (Universidad de Córdoba, España),  llevaron adelante un trabajo cuyo objetivo fue determinar si las poblaciones de E. colona, E. crus-galli, E. oryzoides y E. chacoensis que actualmente se comportan como malezas en Argentina, son resistentes o menos susceptibles al glifosato.

¿Cómo se realizó la investigación?
Aapresid detalló parte de la investigación realizada, informando que entre el 2015 y 2017, se recolectaron semillas de 25 poblaciones del género en lotes de las provincias de Córdoba, Santa Fe, Buenos Aires y Entre Ríos, todas de campos cultivados con al menos 10 años consecutivos de uso de glifosato y con reportes de fallas de control.

En primera instancia se realizó un screening de supervivencia.  Aplicando una dosis discriminante de glifosato (600 g a.i./ha al 36%), se determinó el % de supervivencia. Trece poblaciones fueron consideradas resistentes (>20% de supervivencia), dos en desarrollo de resistencia y diez poblaciones fueron susceptibles al herbicida (< al 5% de supervivencia).

Luego, se realizaron ensayos de dosis respuesta en las poblaciones aplicando 7 dosis crecientes de glifosato 0 X, ¼ X, ½ X, X, 2 X, 4 X y 8 X, siendo X igual a 1080 g a.i./ha.  Se evaluó el peso fresco por maceta a los 21 días y se determinó la GR50 (la dosis de herbicida que inhibe el crecimiento en un 50%) y el FR -factor de resistencia- (GR50 (resistente)/GR50 (susceptible). 

Se observó una disminución en la biomasa de la parte aérea de las poblaciones al aumentar la dosis de herbicida, pero el GR50 difiere significativamente entre las poblaciones de cada especie.

Por último, realizaron pruebas para determinar la acumulación de ácido shikímico en las últimas hojas expandidas después de la exposición al glifosato. El ácido shikímico se acumuló en todas las poblaciones susceptibles, lo que sugiere que el glifosato está llegando al cloroplasto, y que la vía metabólica no está inhibida, indicando que al menos una parte de la enzima EPSPS presente es sensible al herbicida.

Se encontraron diferencias entre las cuatro especies analizadas en cuanto a la acumulación de este compuesto a lo largo del tiempo, permitiendo discriminar entre los diferentes niveles de susceptibilidad al glifosato en las diferentes poblaciones En E. colona y E. chacoensis, el 66% de las poblaciones tenían sus vías metabólicas inhibidas. En E. crus-galli, este porcentaje fue del 40% y en E. oryzoides fue solo del 17%.

Los resultados muestran que la falta de acumulación de shikimato en las plantas tratadas con glifosato puede considerarse como indicativo de resistencia

¿Qué resultados se obtuvieron?
Teniendo en cuenta la clasificación entre malezas resistentes y susceptibles de los diferentes experimentos, se consideró que un biotipo es resistente a un herbicida cuando tiene más del 20% de supervivencia, un factor de resistencia (FR) mayor de 2, y no tiene una acumulación de ácido shikímico superior a 0,5 mg/g de hoja.

En conclusión, la investigación realizada revela como resistentes al glifosato a las poblaciones: Ec04, Ec07 y Ec14 de E. colona, Ecg06, Ecg07, Ecg14 y Ecg15 de E. crus-galli, Eo02, Eo03, Eo04, Eo07 y Eo08 de E. oryzoides y Ech02 de E. chacoensis (ver tabla).

Los resultados obtenidos por este grupo de trabajo permiten informar el primer caso a nivel mundial de resistencia al glifosato en poblaciones de E. oryzoides. Al tiempo que se amplía la información sobre E. colona y E. crus-galli. Además se caracteriza la sensibilidad de E. chacoensis, la cual deberá ser evaluado su impacto a campo para determinar si puede reportarse como maleza problemática y resistente.

La presencia de poblaciones del género Echinochloa resistentes al glifosato en Argentina es un problema importante, alcanzando una posición destacada entre las malezas más comunes del país. Para manejar adecuadamente estas especies, retrasando la aparición de resistencias a otros modos de acción y resistencias múltiples, será necesario un cambio en la estrategia de control utilizada.

A partir de una salida anticipada de la hacienda por efectos de la seca, los feedlots elevaron sus niveles de encierre. En paralelo, se percibe una mejora en sus números de rentabilidad en los dos últimos meses, de acuerdo a un trabajo elaborado por Juan Manuel Garzón, de la Fundación Ieral. 

Como base, el análisis midió la cantidad de maíz que se puede comprar con la venta de un novillito,, una vez descontado el costo de la invernada. En enero de 2023, la ecuación arrojaba unos 1.443 kilos de maíz, un poder de compra que era un 40% menor al promedio de los últimos 13 años.

Por su parte, entre febrero y comienzos de abril, la venta de un novillito permitió comprar 2.165 kilos de maíz. Este volumen fue un 50% superior en comparación al primer mes del año.

“La situación mejoró considerablemente, pero debe advertirse que queda una brecha todavía del 10% respecto al poder de compra promedio del período 2010/2022, la brecha que era del 40% se redujo al 10%”, explicó Garzón. 

En este caso, consideró que la mejora se explica más por el cambio de precios relativos de categoría de animales, que por el mayor poder de compra de la hacienda en términos de maíz.  

 

SUBA EN EL PRECIO DE LA HACIENDA

Por su parte, con la suba de precios de hacienda de febrero y marzo y cierta estabilización en el precio del maíz, el poder de compra de la hacienda en términos del cereal mostró una mejoría. 

En enero, se compraban 7,4 kilos del cereal por cada kilo de novillito vendido, relación que pasó a ser de 9,3 en el mes de marzo, un 26% más. “Esta suba también ha contribuido a la mejora de la situación económica del engordador”, sostuvo. 

Más allá de este panorama, advirtió que el nivel actual de este indicador está todavía bastante por debajo de su media reciente, unos 12,3 kilos de promedio en el período 2010-2022.  “Y mucho más lejos aún de los que fuesen sus mejores años, 14,9 kilos en 2014 y 19,4 kilos en 2015”, agregó. 

Para que este efecto favorable se extienda, Garzón remarcó que será fundamental que los precios de la hacienda, en particular de sus categorías de mayor edad y kilaje, se mantengan firmes a futuro. “Para que esta condición se cumpla, es clave la evolución que muestre la demanda, tanto interna como externa”, sostuvo.

Y agregó: “Un riesgo macroeconómico muy latente con potencial de daño sobre la actividad del engorde y la ganadería en general es un salto en el tipo de cambio oficial, que incremente los costos de producción, en particular los de sanidad y alimentación”. 

Argentina tiene su mapa de Carbono de suelos y apuesta a identificar estrategias que maximicen la captura

Argentina tiene su mapa de Carbono de suelos y apuesta a identificar estrategias que maximicen la captura

La Red de Brechas de Carbono de Aapresid se unió a INTA para conocer los niveles actuales de carbono orgánico de los suelos agrícolas. El norte: la búsqueda de manejos que maximicen la captura para posicionar al Agro nacional como aliado en la lucha contra el cambio climático.

Los sistemas agropecuarios son responsables de más del 20% de las emisiones totales de gases de efecto invernadero (GEI) globales. En la otra vereda, los suelos son el reservorio de carbono terrestre más grande del planeta. Ese carbono se alberga bajo la forma de carbono orgánico del suelo (COS), y no solo mejora la fertilidad de los mismos, sino que tiene un gran potencial para mitigar el cambio climático. 

Según la iniciativa de la UE 4×1000: “aumentos anuales del 0.4% en el stock de C superficial de los suelos permitiría casi compensar el incremento anual de CO2 en la atmósfera”.

Pero: ¿cuánto carbono puede albergar un suelo agrícola?¿ de qué factores depende?¿Qué prácticas ayudarían a mejorar este secuestro de carbono?¿Qué potencialidades ofrece al sector el hecho de mejorar los niveles de captura?

Estas son algunas de las preguntas que pretende responder el proyecto Red de Brechas de Carbono de Aapresid. Su objetivo es conocer las brechas entre los niveles actuales, alcanzables y potenciales de COS en distintas zonas de Argentina, e identificar prácticas que ayuden a los productores cerrarlas.

Conociendo el potencial de secuestro de C de los suelos argentinos

Lo primero a entender es que el COS del suelo tiene distintos niveles, que a su vez dependen de diversos factores. El ‘potencial de COS’ es el nivel máximo de COS que puede almacenar un suelo determinado. Este valor está dado por el tipo de suelo, arcilla, textura, profundidad y es invariable. En otras palabras: mide la capacidad del tanque y viene de fábrica. 

El nivel de COS alcanzable, es justamente ese valor de captura que es factible de lograrse con la implementación de ciertas prácticas agrícolas: rotaciones, nutrición balanceada, siembra directa, manejo de residuos de cosecha, manejo integrado de plagas, control de la erosión, etc. Este nivel también tiene un “techo”, que en este caso está condicionado por el clima reinante donde se ubica el suelo: radiación, temperatura, agua, etc. 

Por último, el nivel actual de COS es el valor real que hoy tiene un suelo, según el ambiente donde se encuentra y la historia de manejo. 

¿Dónde estamos parados y hacia dónde vamos?

“Hoy el proyecto logró su primer gran objetivo: generar un mapa para conocer justamente esos niveles actuales de COS en Argentina. Es decir, saber cual es la situación de partida”, explica la Ing. Agr. Florencia Accame, Coordinadora de la Red.

“El rol de INTA es muy importante ya que contribuyó con muchos sitios de medición, lo que hoy nos permite llegar a 5377 puntos a nivel nacional y dar robustez a los resultados”, explica Accame.  El mapeo muestra que, “en la gran mayoría de los sitios, los valores actuales se encuentran por debajo de los alcanzables”.

Figura: Mapa de INTA de COS actual (t/ha, 0-30 cm) en Argentina.
Este mapa es el fruto de un trabajo colaborativo entre INTA, Aapresid y CREA. 

Con la mirada hacia el futuro

Este mapa es el primer mojón de un ambicioso proyecto. “Hoy sabemos donde estamos parados en cuanto a stock de carbono. A lo largo de 2023 la Red de Brechas de C de Aapresid se propone conocer los otros dos niveles de COS: el alcanzable y el potencial, a partir de la superposición de capas de información georeferenciada y modelos de simulación”. 

“Luego de definir las brechas entre lo real y alcanzable, el gran objetivo es identificar, dentro del universo de productores relevados por la Red, cuales son los manejos que permiten acercarse a ese potencial.  Identificarlos, es clave para ayudar a otros productores a cerrar sus brechas de carbono”, concluye Accame.

Imagen: algunas de las capas de información georeferenciada (izq a der.: precipitaciones, tipo y uso de suelos) que la Red de Brechas de C de Aapresid utilizará para calcular los distintos niveles y brechas de COS.

A partir de una salida anticipada de la hacienda por efectos de la seca, los feedlots elevaron sus niveles de encierre. En paralelo, se percibe una mejora en sus números de rentabilidad en los dos últimos meses, de acuerdo a un trabajo elaborado por Juan Manuel Garzón, de la Fundación Ieral. 

Como base, el análisis midió la cantidad de maíz que se puede comprar con la venta de un novillito,, una vez descontado el costo de la invernada. En enero de 2023, la ecuación arrojaba unos 1.443 kilos de maíz, un poder de compra que era un 40% menor al promedio de los últimos 13 años.

Por su parte, entre febrero y comienzos de abril, la venta de un novillito permitió comprar 2.165 kilos de maíz. Este volumen fue un 50% superior en comparación al primer mes del año.

“La situación mejoró considerablemente, pero debe advertirse que queda una brecha todavía del 10% respecto al poder de compra promedio del período 2010/2022, la brecha que era del 40% se redujo al 10%”, explicó Garzón. 

En este caso, consideró que la mejora se explica más por el cambio de precios relativos de categoría de animales, que por el mayor poder de compra de la hacienda en términos de maíz.  

 

SUBA EN EL PRECIO DE LA HACIENDA

Por su parte, con la suba de precios de hacienda de febrero y marzo y cierta estabilización en el precio del maíz, el poder de compra de la hacienda en términos del cereal mostró una mejoría. 

En enero, se compraban 7,4 kilos del cereal por cada kilo de novillito vendido, relación que pasó a ser de 9,3 en el mes de marzo, un 26% más. “Esta suba también ha contribuido a la mejora de la situación económica del engordador”, sostuvo. 

Más allá de este panorama, advirtió que el nivel actual de este indicador está todavía bastante por debajo de su media reciente, unos 12,3 kilos de promedio en el período 2010-2022.  “Y mucho más lejos aún de los que fuesen sus mejores años, 14,9 kilos en 2014 y 19,4 kilos en 2015”, agregó. 

Para que este efecto favorable se extienda, Garzón remarcó que será fundamental que los precios de la hacienda, en particular de sus categorías de mayor edad y kilaje, se mantengan firmes a futuro. “Para que esta condición se cumpla, es clave la evolución que muestre la demanda, tanto interna como externa”, sostuvo.

Y agregó: “Un riesgo macroeconómico muy latente con potencial de daño sobre la actividad del engorde y la ganadería en general es un salto en el tipo de cambio oficial, que incremente los costos de producción, en particular los de sanidad y alimentación”. 

Un tesoro a 30 centímetros de profundidad: los suelos argentinos guardan el 2% del carbono mundial

Un tesoro a 30 centímetros de profundidad: los suelos argentinos guardan el 2% del carbono mundial

Un equipo de investigación relevó 5.400 muestras en todo el país. La Estepa Patagónica, la Pampa y el Chaco Seco son las que contienen las mayores reservas

Un equipo de investigación compuesto por el INTA, la Secretaría de AgriculturaAapresid y CREA  presentaron un mapa actualizado sobre la reserva de carbono orgánico que poseen los suelos argentinos en los primeros 30 centímetros de profundidad. El mapa se encuentra disponible en una plataforma online, de acceso libre y es gratuito.

A partir del trabajo, se pudo estimar que los suelos argentinos almacenan 13.300 millones de toneladas de carbono orgánico en los primeros 30 centímetros de profundidad.

Esto representa aproximadamente el 2 % de la reserva mundial de carbono orgánico estimada por la FAO”, confirmó Juan Gaitán, de INTA. A nivel global, existe un interés creciente por estimar y mapear las reservas de carbono orgánico disponibles en el suelo. 

COMO SE ARTICULÓ EL PROYECTO

Un equipo de investigadores recopiló información de alrededor de 5.400 muestras de suelo, hasta una profundidad de 30 centímetros. Las mismas fueron recolectadas en todo el país y procesadas por diferentes proyectos de investigación, entre 2015 y 2022.

Para la elaboración del mapa, utilizaron técnicas de cartografía digital de suelos para estudiar la relación entre los datos medidos en 5.400 sitios y 40 variables climáticas, topográficas, edáficas y de la vegetación. De este modo, se generó un modelo de predicción, que permite estimar la reserva de carbono en los lugares no medidos y obtener un mapa de escala nacional.

De las 16 ecorregiones del país, la Estepa Patagónica, la Pampa y el Chaco Seco son las que contienen las mayores reservas. En total, estas tres ecorregiones representan aproximadamente el 55% del total nacional.

Mientras que los campos y malezales, Esteros del Iberá e Islas del Atlántico Sur son las ecorregiones con menor disponibilidad, con 1,1 % del total.

Por unidad de superficie, la ecorregión Bosque Patagónicos es la de mayor contenido con 130 toneladas por hectárea; mientras que el monte de Llanuras y mesetas es la de menor contenido con 32,5 toneladas por hectárea.

“De acuerdo con los principales tipos de suelo, el almacenamiento por unidad de superficie fue mayor en los suelos de Orden Histosoles, con 108 toneladas por hectárea. Mientras que los suelos Entisoles y Aridisoles son los que almacenan menos COS con 38 y 41 toneladas por hectárea, respectivamente”, detalló Gaitán.

UN TRABAJO EN EQUIPO

“La coordinación interinstitucional fue clave para lograr este trabajo”, señaló Agustín Perez Andrich, director nacional de Agricultura en la cartera agropecuaria nacional. El funcionario destacó que la labor de muestreo de suelos realizada por los delegados de las diferentes provincias, quienes contribuyeron a la elaboración del mapa de almacenamiento de carbono.

“La implementación de buenas prácticas de manejo de los cultivos extensivos en los suelos pampeanos puede maximizar la capacidad de estos suelos para secuestrar carbono, lo que representa una estrategia importante para su conservación, como así también de mitigación del cambio climático”, agregó. 

Carolina Sasal, coordinadora del Programa Nacional de Recursos Naturales del INTA, puntualizó que resulta fundamental sostener redes de sitios de monitoreo permanentes y a largo plazo que permitan la actualización periódica del mapa.

“Los muestreos y análisis de suelos que dan origen a este mapa surgen del esfuerzo conjunto entre instituciones del ámbito público y privado, fortaleciendo vínculos y abriendo paso a nuevas líneas de investigación y desarrollo para Argentina y con relevancia a nivel global”, concluyó.

A partir de una salida anticipada de la hacienda por efectos de la seca, los feedlots elevaron sus niveles de encierre. En paralelo, se percibe una mejora en sus números de rentabilidad en los dos últimos meses, de acuerdo a un trabajo elaborado por Juan Manuel Garzón, de la Fundación Ieral. 

Como base, el análisis midió la cantidad de maíz que se puede comprar con la venta de un novillito,, una vez descontado el costo de la invernada. En enero de 2023, la ecuación arrojaba unos 1.443 kilos de maíz, un poder de compra que era un 40% menor al promedio de los últimos 13 años.

Por su parte, entre febrero y comienzos de abril, la venta de un novillito permitió comprar 2.165 kilos de maíz. Este volumen fue un 50% superior en comparación al primer mes del año.

“La situación mejoró considerablemente, pero debe advertirse que queda una brecha todavía del 10% respecto al poder de compra promedio del período 2010/2022, la brecha que era del 40% se redujo al 10%”, explicó Garzón. 

En este caso, consideró que la mejora se explica más por el cambio de precios relativos de categoría de animales, que por el mayor poder de compra de la hacienda en términos de maíz.  

 

SUBA EN EL PRECIO DE LA HACIENDA

Por su parte, con la suba de precios de hacienda de febrero y marzo y cierta estabilización en el precio del maíz, el poder de compra de la hacienda en términos del cereal mostró una mejoría. 

En enero, se compraban 7,4 kilos del cereal por cada kilo de novillito vendido, relación que pasó a ser de 9,3 en el mes de marzo, un 26% más. “Esta suba también ha contribuido a la mejora de la situación económica del engordador”, sostuvo. 

Más allá de este panorama, advirtió que el nivel actual de este indicador está todavía bastante por debajo de su media reciente, unos 12,3 kilos de promedio en el período 2010-2022.  “Y mucho más lejos aún de los que fuesen sus mejores años, 14,9 kilos en 2014 y 19,4 kilos en 2015”, agregó. 

Para que este efecto favorable se extienda, Garzón remarcó que será fundamental que los precios de la hacienda, en particular de sus categorías de mayor edad y kilaje, se mantengan firmes a futuro. “Para que esta condición se cumpla, es clave la evolución que muestre la demanda, tanto interna como externa”, sostuvo.

Y agregó: “Un riesgo macroeconómico muy latente con potencial de daño sobre la actividad del engorde y la ganadería en general es un salto en el tipo de cambio oficial, que incremente los costos de producción, en particular los de sanidad y alimentación”. 

Una encuesta calificó con 6 sobre 10 en sustentabilidad a los productores argentinos

Una encuesta calificó con 6 sobre 10 en sustentabilidad a los productores argentinos

Un trabajo de FAUBA, AAPRESID, AACREA e INTA evaluó cuán sustentables son los establecimientos de todo el país. La encuesta indagó en rotaciones, fitosanitarios y salud del suelo, entre otros aspectos. El valor más bajo se registró en el eje social.

A partir de la revolución verde, la producción agropecuaria argentina aumentó su superficie y se intensificó, y como resultado, la productividad se elevó. Sin embargo, también crecieron los problemas ambientales asociados a la actividad. En este marco, una encuesta de la Red de Estudio de Sistemas (RedES), un espacio integrado por Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA), AAPRESID, AACREA e INTA, evaluó las prácticas de agroecosistemas extensivos del país. Las más de 170 respuestas indicaron un nivel de sustentabilidad del 60% y los mejores resultados provinieron de Buenos Aires y de Córdoba. Entre otros aspectos, la información muestra que muchos productores rotan cultivos y pocos controlan el trabajo de los contratistas.

“En las últimas décadas, la agricultura argentina se intensificó de la mano de variedades modificadas genéticamente para resistir plagas y herbicidas, entre otras variables. Si bien permitieron expandir la frontera agropecuaria e incrementar la productividad, también acarrearon diversos síntomas de deterioro ambiental como la degradación de suelos y la reducción de la biodiversidad. En este sentido, surge la necesidad de monitorear los impactos y el nivel de sustentabilidad de las producciones del país”, señaló Karen Kazlauskas, ingeniera agrónoma de la FAUBA e integrante del equipo técnico de RedES.

A partir de 57 preguntas, Kazlauskas y el resto del equipo evaluaron cuán sustentables son las prácticas que usan los establecimientos agrícolas de la Argentina y sumaron puntos aquellas que, por ejemplo, aportan a incorporar procesos biológicos y ecológicos —como la regeneración de suelos y la fijación de nitrógeno—. Entre otros puntos, preguntaron por la rotación de cultivos, el tipo de fitosanitarios que usan y si monitorean el estado del suelo. Además, recabaron información sobre la ubicación, la superficie y otras características de los establecimientos agropecuarios.

Entre 2020 y 2022, recibieron 170 respuestas desde todo el país. El 70% vino de Buenos Aires y Córdoba, y el resto, de Santa Fe, Entre Ríos, Corrientes, San Luis, La Pampa, Chaco y Santiago del Estero. “En promedio, el nivel de sustentabilidad fue de 6 sobre 10 considerando las tres dimensiones —la productiva, la social y la global, una combinación entre anteriores —, con una variabilidad alta”, destacó Kazlauskas.

“Si analizamos por regiones, encontramos que Buenos Aires y Córdoba presentaron los mayores niveles de sustentabilidad, y Santa Fe, los valores más bajos en las 3 escalas. Las otras provincias se ubicaron en un punto intermedio”, agregó.

Por un lado, hay un grupo grande productores que rota cultivos, los fertilizan e inoculan, rota fitosanitarios y ya no usa los de banda roja —los más tóxicos—, y tiene una dirección técnica-profesional de los campos. Por otro lado, hay pocos establecimientos que eligen pasturas para sus rotaciones, que controlan las decisiones productivas cuando las toma un contratista y que cuentan con un programa de actividades recreativas con sus empleados. Respecto a este último ítem, Karen aclaró que la dimensión social tuvo un desempeño algo menor al promedio.

Los anteojos de la sustentabilidad
Es frecuente que la palabra sustentabilidad aparezca asociada a diversas actividades, prácticas y productos, por lo cual Karen clarificó desde qué marco la definen. “Es una propiedad de los agroecosistemas que resulta de su resiliencia —la capacidad de adaptarse a las perturbaciones externas— y su resistencia —la capacidad de perdurar en el largo plazo— para los ejes ambiental, social y económico. Definimos a las prácticas sustentables como aquellas que sirven para mejorar esos ejes”.

Diego Ferraro, docente de Cerealicultura de la FAUBA y director del trabajo de Kazlauskas, resaltó que la encuesta nacional como herramienta de diagnóstico de la sustentabilidad fue clave por dos razones. “Primero, por considerar directamente las acciones de los productores, y segundo, por involucrar a quienes toman las decisiones en los campos. Así, aumentamos las chances de transferir el conocimiento que generamos en la investigación”.

Además, señaló que desde RedES van a estudiar los grupos más contrastantes, los que mayor y que menor sustentabilidad obtuvieron en la encuesta, para monitorear su performance productiva. “Vamos a visitar los establecimientos para conocer su estado real. Queremos medir la sustentabilidad asociada al eje ambiental —como el grado de captura de carbono— y al social —como la capacidad de generar puestos de trabajo—. La idea final es unir ambas actividades y chequear si los productores que adoptan prácticas sustentables también tienen a sus empresas con una salud adecuada”.

Para finalizar, Ferraro contó que también están desarrollando una plataforma para que los propios productores puedan evaluar el nivel de sustentabilidad de sus prácticas y ajustarlas cuando sea necesario.

Nuevos recortes proyectan la peor campaña en 15 años para soja y maíz

Nuevos recortes proyectan la peor campaña en 15 años para soja y maíz

Hay nuevos ajustes de proyección para la cosecha de soja y maíz. La BCR actualizó y redujo 7 millones más de toneladas las mermas para ambos cultivos sobre lo que se proyectaba a fines de marzo.

El recorte de marzo a abril en soja pasó de 27 a 23 Mt y en maíz de 35 a 32 Mt y es así que la ola de calor de marzo sobre el escenario de sequía deja los peores rindes nacionales de los últimos 15 ciclos agrícolas.

En soja, la pérdida de área pasó de estimarse en 2,68 a principios de marzo a 3,58 M de hectáreas. Los rindes se han desplomado al limitarse aún más el número de granos por metro cuadrado y al afectarse drásticamente el peso de granos. De esta manera se estima en abril un rinde nacional de soja de 18,6 qq/ha (vs 20,3 en marzo). Este es el más bajo de los últimos 15 ciclos productivos de Argentina, quedando incluso por debajo de los 19 qq/ha de la 2008/09.

Con 16 M de ha sembradas, se estima la producción Argentina en 23 Mt (4Mt menos que en marzo). No solo que es la peor producción de los últimos 15 ciclos sino que está muy por debajo de la 2008/09 que terminó en 31,8 Mt.

Sin rebote: los resultados de cosecha son peores a los esperados
Tras la ola de calor, hay importantes ajustes en Santa Fe, Córdoba y Buenos Aires. El reporte de la Bolsa de cereales de Rosario dice que en términos de rindes, el mayor descuento es en Córdoba, con 4,1 qq/ha menos que hace un mes, y un recorte de casi 2 Mt. Buenos Aires cae 2,3 qq/ha, descontando 1,6 Mt. En Santa Fe, muy lejos de los 27,5 qq/ha del año pasado, el rinde provincial se actualiza a 14,6 qq/ha (2,1 qq/ha menos que hace 30 días atrás). El descuento en la soja santafesina es de 890.000 tn.

Maíz: el desplome del tardío descuenta 3 Mt a la cosecha argentina
La región núcleo, centro de Buenos Aires y buena parte de Córdoba confirman una severa caída en las expectativas de los rindes de los maíces tardíos. En cambio, sureste de Buenos Aires, algunos sectores del SO cordobés junto a las provincias de San Luis y Santiago del estero aún tienen buenas chances productivas y compensan parte de las fuertes caídas de rindes estimadas. De todas formas, respecto a marzo, Córdoba pierde 1,75 Mt, Buenos Aires 1Mt, y  Santa Fe 380.000 Tn.

El recorte de marzo a abril es de 3 Mt. Se estima un volumen de 32 Mt, un 40% menos de lo que se esperaba producir a principios de la campaña. El rinde estimado de marzo es de 53,6 qq/ha (57,8 qq/ha en marzo) y es el peor rinde nacional registrado desde el 2008/09.